En tu Mirada

Capítulo 4

El restaurante *L’Éclat* era una oda al exceso refinado: luces tenues, música de piano en vivo y paredes revestidas de terciopelo que absorbían cualquier ruido exterior. Alinne, vistiendo un vestido negro sencillo que había comprado en rebajas pero que en ella lucía como alta costura, se sentía fuera de lugar y, al mismo tiempo, extrañamente poderosa.

Frente a ella, Mauricio Casafer parecía el dueño del mundo. La cena había comenzado bajo el pretexto de los negocios. Discutieron la logística de la holding, la visión de expansión en mercados emergentes y los riesgos de la propuesta que ella había redactado. Pero, a medida que el vino tinto llenaba sus copas, la máscara profesional empezó a agrietarse.

—Tienes una forma de analizar los problemas que no se enseña en la universidad, Alinne —dijo Mauricio, dejando su copa sobre el mantel—. Es una mezcla de pragmatismo y... algo más. Una intuición casi salvaje.

—He tenido que aprender a ver las oportunidades donde otros solo ven problemas —respondió ella, sosteniéndole la mirada—. En mi mundo, si no eres rápida, te quedas atrás.

Mauricio se inclinó hacia adelante, la luz de la vela en el centro de la mesa se reflejaba en sus pupilas.

—Cuéntame de ese mundo. Cuéntame qué es lo que realmente desea Alinne Vaca, más allá de un puesto en mi empresa.

En ese momento, la atmósfera cambió. El aire se volvió espeso, cargado de una electricidad que Alinne reconoció con temor. Por un instante, vio en los ojos de Mauricio algo más que admiración profesional; vio vulnerabilidad, un anhelo de conexión que él ocultaba tras su fachada de CEO implacable. Sus propios sentimientos, guardados bajo llave, amenazaron con salir: la admiración por su intelecto, la atracción física que la golpeaba cada vez que él hablaba, y esa chispa de esperanza de ser vista por quién era ella realmente.

Mauricio extendió su mano sobre la mesa, buscando la de Alinne. Sus dedos estaban a punto de rozarse, el calor del otro era casi palpable.

—Alinne... —murmuró él, su voz era una caricia grave.

Ella reaccionó justo a tiempo. Retiró la mano rápidamente, fingiendo que tomaba su servilleta para limpiarse los labios. El muro profesional se levantó de golpe.

—Señor Casafer, creo que nos estamos desviando del propósito de esta cena —dijo ella con una voz gélida que le dolió imponer—. Aprecio sus comentarios sobre mi trabajo, y estoy aquí para demostrar que soy la mejor opción para la holding. Mantengamos el enfoque en lo que importa: los resultados.

Mauricio se quedó con la mano suspendida en el aire por un segundo antes de cerrarla en un puño y retirarla. Una sonrisa amarga curvó sus labios.

—Tienes razón. Los resultados son lo único que cuenta en los negocios.

🍒

El viaje de regreso fue un ejercicio de silencio tenso. El coche de lujo de Mauricio navegaba por las calles de la ciudad hasta adentrarse en el barrio humilde de Alinne. El contraste era casi violento: el vehículo blindado de miles de dólares estacionado frente a un edificio de apartamentos con la pintura desconchada y cables colgando de los postes.

—No es necesario que baje —dijo Alinne cuando el coche se detuvo—. Puedo entrar sola.

—La cortesía no es opcional para mí, Alinne —respondió él, bajando del coche y rodeándolo para abrirle la puerta.

Caminaron hasta el portal. El silencio entre ellos ya no era profesional, era una lucha de voluntades. Al llegar a la puerta, Mauricio se detuvo. Estaba tan cerca que ella podía oler el tabaco caro y el vino en su aliento. Él buscó su mirada, esperando quizás una grieta en su armadura, pero ella mantuvo la vista firme.

—Buenas noches, Mauricio —dijo ella, usando su nombre por primera vez, pero con una distancia que marcaba un límite claro.

—Buenas noches... analista Vaca —respondió él con ironía antes de dar media vuelta.

Alinne entró y subió las escaleras a toda prisa, con el corazón martilleando en sus oídos. Al abrir la puerta de su casa, la luz de la cocina estaba encendida. Cristina estaba sentada en la mesa, con una taza de té frío y una expresión que heló la sangre de Alinne.

—¿Son horas de llegar, Alinne? —preguntó su madre sin levantarse.

—Fue una cena de trabajo, mamá. Te lo dije. El caso de prueba es muy exigente y...

—Lo vi desde la ventana —la interrumpió Cristina, su voz cargada de una mezcla de decepción y miedo—. Vi el coche. Vi cómo te miraba. Briseida tenía razón, ese hombre te está cazando como si fueras un trofeo.

—No exageres, mamá. Mauricio Casafer es mi jefe, o lo será pronto. No tiene nada de malo que quiera discutir estrategias en un ambiente más tranquilo. No tienes de qué preocuparte, sé cuidarme sola.

Cristina se puso de pie, su pequeña figura emanando una autoridad ancestral.

—¡No sabes nada! —exclamó—. Crees que porque tienes un título y hablas con propiedad, eres igual a ellos. Pero para hombres como él, tú eres un experimento, una novedad. El día que se canse de jugar a la "cenicienta ejecutiva", te desechará y te dejará rota. No quiero que ese hombre vuelva a acercarse a esta casa. No quiero que destruyas tu vida por un espejismo de lujo.

—¡Es mi carrera, mamá! ¡Es mi oportunidad de sacarnos de aquí! —gritó Alinne, sintiendo las lágrimas de frustración asomando a sus ojos.

—Si el precio de salir de aquí es tu dignidad, prefiero que nos quedemos en la miseria —sentenció Cristina antes de retirarse a su habitación, cerrando la puerta con un golpe seco.

Alinne se quedó sola en la sala pequeña, rodeada por el olor a estofado y la humedad de las paredes, sintiendo por primera vez que estaba atrapada entre dos mundos que se odiaban, y que su corazón empezaba a pertenecer al que más daño podía hacerle...



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En el texto hay: obsesion, pasion, poder

Editado: 04.08.2026

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