En tu Mirada

Capítulo 5

La mañana del lunes en CASAFER House comenzó con un murmullo que recorría los pasillos como una corriente eléctrica. En el escritorio de Alinne, un jarrón de cristal tallado sostenía tres docenas de rosas rojas de tallo largo, tan frescas que las gotas de rocío aún brillaban sobre los pétalos. No había una nota extensa, solo una tarjeta de papel opulento con una caligrafía firme y elegante: *“Para la mente que no descansa. M.”*

Alinne sintió que la sangre le subía a las mejillas. Por un lado, una chispa de pasión, una calidez desconocida, se encendió en su pecho; el gesto de Mauricio era una declaración de guerra contra su intento de mantener la distancia. Pero, por otro lado, el peso de las miradas de sus compañeros era asfixiante. Mientras caminaba hacia la cafetera, las conversaciones se detenían abruptamente. Las risitas de las otras pasantes y las miradas gélidas de los analistas senior le recordaron que, en el mundo corporativo, el éxito de una mujer joven suele ser cuestionado si viene acompañado de flores del jefe.

—Parece que el "caso de prueba" incluye servicios adicionales —susurró una voz a sus espaldas.

Alinne apretó los puños y siguió adelante, pero el nudo en su estómago no hizo más que crecer. La pasión que sentía por Mauricio era real, un fuego que la consumía cada vez que recordaba su cercanía en el coche, pero el precio de esa pasión empezaba a ser su reputación.

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Mientras tanto, en la planta baja, Cristina no estaba dispuesta a quedarse de brazos cruzados. Usando su antigua amistad con Briseida, logró entrar al edificio y, con una determinación que solo una madre posee, esquivó a la seguridad hasta llegar a la antesala de la oficina de la presidencia.

—Señor Casafer, tiene una visita... no programada —dijo la secretaria por el intercomunicador, con voz temblorosa.

Mauricio, que estaba revisando unos informes, levantó la vista cuando Cristina entró en su oficina sin esperar permiso. Él se puso de pie lentamente, reconociendo de inmediato la fuerza en los ojos de aquella mujer que, a pesar de su ropa sencilla, lo miraba sin un ápice de miedo.

—Señora Vaca —dijo Mauricio con respeto—. No esperaba verla aquí.

—Sé perfectamente lo que está haciendo, Mauricio —soltó Cristina, cerrando la puerta tras de sí—. Esas flores, las cenas, el asedio. Alinne es una mujer brillante, pero no conoce a los hombres de su clase. Usted solo está jugando, y no voy a permitir que destruya su futuro por un capricho. Aléjese de ella. Ahora mismo.

Mauricio rodeó su escritorio y se acercó a ella. No había arrogancia en su rostro, sino una sombra de tormento que descolocó a Cristina.

—Ojalá fuera tan sencillo como usted cree, Cristina —respondió él en voz baja—. He pasado años controlando cada aspecto de mi vida, cada emoción, cada negocio. Pero desde que su hija entró en esta empresa, ese control ha desaparecido. Lo que siento por Alinne no es un juego, ni un capricho. Son sentimientos reales, tan reales que me asustan. No sé cómo detenerme... y, para serle sincero, no estoy seguro de querer hacerlo.

Cristina retrocedió un paso, sorprendida por la honestidad brutal del hombre.

—Usted la va a destruir —advirtió ella con la voz quebrada—. Porque al final, su mundo y el nuestro no se mezclan sin que alguien salga herido.

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De vuelta en el área de análisis, Alinne intentaba concentrarse en una hoja de cálculo cuando Octavio se acercó a su cubículo. Él se apoyó en la pared, mirando las rosas con una sonrisa cínica que no llegaba a sus ojos.

—Vaya, Mauricio no pierde el tiempo —comentó Octavio, bajando la voz—. Es un gesto clásico de él. Las rosas, la atención personalizada...

Alinne lo miró con fastidio. —Si tienes algo que decir sobre el trabajo, Octavio, adelante. Si no, tengo mucho que hacer.

—Solo es un consejo de colega, Alinne. Eres nueva y quizás no conozcas la "historia" de nuestro querido CEO. Mauricio tiene una debilidad por las mentes brillantes, especialmente si vienen de contextos... digamos, vulnerables. No serías la primera "protegida" que termina desapareciendo de la nómina cuando la realidad de su vida personal se vuelve demasiado complicada.

Alinne frunció el ceño. —¿De qué estás hablando?

Octavio se inclinó un poco más, sembrando la duda con precisión quirúrgica.

—Pregúntale por qué nunca se habla de su última "asistente especial". O mejor aún, pregúntale por la mujer que todavía vive en la sombra de su mansión de campo, esa de la que nadie tiene permitido hablar. Mauricio es un hombre de muchos secretos, Alinne. Las rosas son hermosas, pero sirven para ocultar el olor a podrido de lo que hay debajo.

Octavio se retiró con una palmada condescendiente en el hombro de Alinne, dejándola con el corazón helado. El deseo que sentía por Mauricio ahora se mezclaba con una sospecha punzante. ¿Era ella realmente especial, o solo el eslabón de una cadena de conquistas ocultas?

Esa tarde, Alinne miró las rosas rojas. Ya no le parecían un gesto romántico, sino un recordatorio de que estaba caminando sobre un campo minado donde cada paso podía ser el último...



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En el texto hay: obsesion, pasion, poder

Editado: 23.08.2026

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