En tu Mirada

Capítulo 7

El trayecto de regreso a la barriada fue un borrón de luces distorsionadas por las lágrimas. Alinne no pidió un taxi de lujo; se subió al primer autobús que pasaba, necesitando sentir la dureza del asiento de plástico y el olor a cansancio de la gente trabajadora para recordarse a sí misma quién era y de dónde venía. El lujo del ático de Mauricio ahora le parecía una jaula de cristal diseñada para cegarla.

Cuando llegó a la pequeña casa, la luz de la cocina estaba encendida. Cristina estaba sentada a la mesa, como si hubiera estado esperando el impacto del choque que sabía que ocurriría. Al ver entrar a su hija con el rímel corrido y los hombros hundidos, no hizo preguntas. Solo se puso de pie y la envolvió en un abrazo que olía a detergente y a hogar.

—Me mintió, mamá... —sollozó Alinne, rompiendo finalmente en un llanto desgarrador—. Tiene una esposa. Una mujer que parece sacada de una revista, fría como el hielo. Me hizo sentir como una... como un juguete.

Cristina la llevó hacia la mesa y le sirvió una taza de té de manzanilla, sus manos firmes eran el único ancla de Alinne en ese momento.

—No llores por un hombre que no tuvo el valor de ser honesto desde el primer día, hija —dijo Cristina con una dureza protectora—. Te lo advertí, no porque no te creyera capaz de enamorar a cualquiera, sino porque esos hombres no ven personas, ven trofeos o distracciones. Para él, tú eras aire fresco; para su esposa, eres una amenaza a su inventario.

—Lo peor es que me siento estúpida —dijo Alinne, limpiándose la cara con rabia—. Creí que mi intelecto era lo que lo atraía, pero ahora me doy cuenta de que quizás solo soy el "experimento social" de un millonario aburrido. No quiero volver a esa empresa, mamá. No puedo verlo a la cara.

Cristina tomó las manos de su hija y la obligó a mirarla.

—Vas a volver. Pero no por él. Vas a volver porque esa beca y ese puesto te pertenecen por tu cerebro, no por tu cara. Si renuncias ahora, ella gana. Catalina Casafer quiere que te escondas en este callejón. No le des el gusto.

🍒

Mientras tanto, en el ático, el silencio que siguió a la partida de Alinne era aterrador. Mauricio permanecía inmóvil, mirando la puerta por la que ella había escapado, sintiendo que algo vital se le había escapado entre los dedos.

—Fue una entrada magistral, ¿no crees? —dijo Catalina con calma, mientras se servía una copa del vino que estaba destinado para Alinne—. Deberías haber visto tu cara, Mauricio. Parecías un niño al que han atrapado robando dulces.

Mauricio se giró lentamente. Sus ojos, siempre calculadores, ardían con una furia contenida que habría hecho temblar a cualquiera de sus socios.

—¿Cómo te atreves? —su voz era un susurro peligroso—. ¿Cómo te atreves a entrar en mi espacio privado y emboscarme de esa manera? Teníamos un acuerdo, Catalina. Vidas separadas, discreción absoluta.

Catalina soltó una risa seca y dejó la copa sobre la mesa de cristal con un golpe seco.

—El acuerdo era mientras mantuvieras tus "asuntos" fuera del radar. Pero esta vez es diferente. Te has vuelto descuidado, Mauricio. Flores en la oficina, cenas en este ático... Estás dejando que una muerta de hambre de los suburbios nuble tu juicio. Estás poniendo en juego el apellido Casafer por una cara bonita con un coeficiente intelectual alto.

—Ella no es una "muerta de hambre" —rugió Mauricio, acercándose a ella—. Alinne es más brillante que cualquier estratega que hayamos contratado en una década. Y lo que yo haga con mi vida personal no es de tu incumbencia. Nuestro matrimonio es un contrato legal y social, nada más.

Catalina se acercó a él, quedando a escasos centímetros. Su perfume, caro y sofocante, llenó el espacio entre ambos.

—Ese "contrato" es lo que mantiene tu imperio en pie, no lo olvides. Los inversores creen en la estabilidad de la familia Casafer. No voy a permitir que una cualquiera, una pasante que probablemente busca un ascenso fácil, ocupe el lugar que yo he construido durante quince años.

Mauricio la miró con asco. —¿Tu lugar? ¿Cuál lugar, Catalina? ¿El de la esposa perfecta que vive en clínicas de lujo en Suiza mientras yo cargo con el peso de la holding? No tienes lugar en mi corazón desde hace años.

—No me importa tu corazón, Mauricio —respondió ella con una sonrisa gélida—. Me importa mi patrimonio, mi estatus y mi apellido. Puedes acostarte con quien quieras, pero nunca volverás a traer a una mujer a este nivel. Si esa chica vuelve a acercarse a ti de forma personal, me encargaré de que no encuentre trabajo ni lavando platos en este país. Ella es un peón, y yo soy la reina. Aprende la diferencia antes de que destruya lo que queda de tu "analista estrella".

Catalina se dio la vuelta y salió del salón con la misma elegancia con la que había llegado, dejando a Mauricio solo con sus demonios. Él sabía que Catalina no bromeaba. Era una mujer capaz de quemar el mundo entero con tal de no perder su corona.

Mauricio tomó su teléfono y marcó el número de Alinne. "El número que usted marcó se encuentra fuera de servicio". Ella lo había bloqueado...



#7140 en Novela romántica
#1811 en Novela contemporánea

En el texto hay: obsesion, pasion, poder

Editado: 23.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.