En tu Mirada

Capítulo 9

La noche había caído sobre la ciudad, pero en las oficinas de la Holding, las luces del área de análisis seguían encendidas. Alinne estaba absorta en una hoja de cálculo, usando los números como un escudo contra sus propios pensamientos. Escuchó unos pasos pesados, distintos a los de seguridad. No necesitó levantar la vista para saber quién era. El aroma de su perfume, una mezcla de madera y cítricos caros, la envolvió antes que su voz.

—Alinne, tenemos que hablar. Y esta vez no voy a dejar que te escapes —dijo Mauricio, parado al borde de su cubículo. Se veía desaliñado, con la corbata floja y la mirada cargada de una fatiga que el dinero no podía curar.

—Señor Casafer, son las nueve de la noche. Mi jornada terminó hace dos horas. Si es un asunto de trabajo, envíe un correo —respondió ella, manteniendo sus ojos fijos en la pantalla, aunque sus dedos temblaban levemente sobre el teclado.

Mauricio rodeó el escritorio y, con un movimiento rápido pero suave, cerró la tapa de la computadora portátil de Alinne. Ella finalmente lo miró, con los ojos encendidos de furia.

—Te mentí, Alinne. Y no hay excusa que valga para eso —comenzó él, bajando el tono de voz hasta que fue casi un susurro—. No te conté de Catalina porque, por primera vez en mi vida, sentí que tenía algo puro, algo que no estaba manchado por acuerdos legales o intereses corporativos. Tuve miedo. Miedo de que, si sabías la verdad, me mirarías como lo haces ahora: con desprecio.

—Me miraste a la cara y me dejaste creer en un futuro que no existía, Mauricio —dijo ella, con la voz quebrada—. Me hiciste sentir especial mientras tenías un anillo guardado en el cajón.

—¡Ese matrimonio es una tumba! —exclamó él, dando un paso hacia ella—. Lo que siento por ti es lo único real que he sentido en años. No fue un juego, Alinne. Te amo. Y sé que suena egoísta, pero no puedo permitir que esto termine por un error que cometí por cobardía.

Alinne sintió un vuelco en el corazón. Sus palabras eran como un bálsamo que ella deseaba desesperadamente aceptar. La "debilidad" de la que siempre hablaba su madre estaba ahí, pulsando en su pecho, instándola a lanzarse a sus brazos y perdonarlo todo. Pero entonces, la imagen de Catalina en el ático volvió a su mente.

—Tus sentimientos pueden ser reales, Mauricio, pero tu realidad es otra —dijo Alinne, recobrando su firmeza y poniéndose de pie—. No voy a ser la "distracción" de un hombre casado. No voy a ser la chica de la barriada que se conforma con las migajas de un millonario. Mi posición no ha cambiado: entre nosotros solo habrá informes, balances y reuniones de junta. Aléjate de mí, Mauricio. Por tu bien y, sobre todo, por el mío.

Ella recogió sus cosas y salió de la oficina sin mirar atrás, dejando a Mauricio destrozado en medio del silencio de la gran torre.

🍒

Mientras Alinne luchaba sus batallas de clase alta, en la barriada la realidad golpeaba con una cara mucho más amarga.

Cristina regresaba de una larga jornada de limpieza cuando encontró un sobre blanco pegado a la puerta despintada de su apartamento. Sus manos, ásperas por el trabajo, abrieron el papel con presentimiento. Era una citación legal.

*"...se le informa que, debido al retraso de tres meses en el pago de la renta y los intereses acumulados, dispone de 72 horas para liquidar la deuda total de $4,500 o proceder al desalojo inmediato de la propiedad."*

Cristina se dejó caer en la vieja silla de madera de la cocina, sintiendo que el aire se le escapaba. Había intentado ocultarle a Alinne que el dinero de la beca no alcanzaba para todo, que los medicamentos para su espalda eran cada vez más caros. Ahora, el único techo que tenían estaba a punto de desaparecer. Lo que Cristina no sabía era que el dueño del edificio había vendido recientemente la propiedad a una empresa fantasma cuyo rastro llegaba, indirectamente, a las oficinas de Catalina Casafer.

🍒

Al día siguiente, la oficina recibió una notificación oficial: la Holding celebraría su "Gala Anual de Inversionistas" en el Palacio de Mármol, el lugar más exclusivo de la ciudad. La asistencia era obligatoria para todo el equipo estratégico.

Catalina entró en la oficina de Alinne horas después, dejando una invitación bañada en oro sobre su mesa.

—Espero que asistas, Alinne —dijo Catalina con una sonrisa venenosa—. Es una cena de etiqueta. Vendrán los hombres más poderosos del país y sus esposas. Me tomé la libertad de incluirte en la lista de honor como "la revelación académica" del año.

Alinne miró la invitación. Sabía que era una emboscada. Catalina quería verla desentonar, quería que se sintiera pequeña frente a los diamantes y los apellidos de alcurnia. Quería exponer su "baja clase" frente a todos para que Mauricio se diera cuenta, de una vez por todas, de que Alinne no pertenecía a su mundo.

—Estaré allí, señora Casafer —respondió Alinne, sosteniendo la mirada—. No se preocupe por mi asistencia. Me aseguro de terminar siempre lo que empiezo.

Catalina soltó una risita burlona.

—Eso espero, querida. Por cierto, escuché que hay problemas con algunos inmuebles en tu barrio... sería una pena que además de no tener clase, te quedaras sin dirección donde enviar tu correspondencia.

Alinne sintió un frío glacial recorrerle la espalda. Catalina lo sabía. Estaba usando la pobreza de su familia como un arma de asedio.

Alinne apretó la invitación hasta que el papel se dobló. Ya no se trataba solo de amor o de trabajo. Ahora se trataba de supervivencia. Si Catalina quería un espectáculo, Alinne le daría una actuación que nunca olvidaría, pero no sería la de la víctima...



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En el texto hay: obsesion, pasion, poder

Editado: 23.08.2026

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