En tu Mirada

Capítulo 12

La luz del amanecer se filtraba tímidamente por las rendijas de la cabaña, iluminando la habitación con un tono dorado. Para Alinne, ese breve refugio junto a Mauricio había sido como un sueño, pero el despertar fue una caída libre hacia el asfalto. Al encender su teléfono, el aparato vibró violentamente, saturado por una cascada de mensajes y llamadas perdidas de su madre y de Soraya.

Sus ojos recorrieron la pantalla y su rostro palideció.

*"Hija, ya vinieron. Se llevaron las cosas... No me dejaron ni entrar por mis medicinas."*

*"Alinne, estamos en casa de Soraya. No te preocupes por mí, pero dime que estás bien."

Un sollozo ahogado escapó de sus labios. La culpa la golpeó como un mazo: mientras ella se entregaba a Mauricio en un paraíso de madera y fuego, su madre era arrojada a la calle como basura.

—¿Qué pasa? —preguntó Mauricio, alarmado, acercándose a ella.

—Mi madre... —Alinne lo miró con los ojos llenos de lágrimas y una amargura punzante—. Mientras nosotros estábamos aquí, ella fue desalojada. Está en casa de una vecina. Mauricio, tengo que irme ahora mismo. No puedo quedarme ni un segundo más en esta burbuja mientras mi vida real se cae a pedazos.

Mauricio sintió una punzada de vergüenza. Aunque él no había firmado la orden directa, sabía que su silencio y la burocracia de su propia empresa habían permitido esa crueldad.

—Vámonos —dijo él, vistiéndose rápidamente—. No te voy a dejar sola en esto. Te llevaré con ella y moveré cielo y tierra para recuperar sus cosas.

🍒

El regreso a la ciudad fue tenso y silencioso. El contraste entre el lujo del coche de Mauricio y las calles deterioradas del barrio de Soraya nunca había sido tan evidente. Cuando llegaron, Alinne bajó antes de que el coche se detuviera por completo.

El reencuentro con Cristina fue desgarrador. Su madre, sentada en un sofá raído, parecía haber envejecido diez años en una sola noche. Al ver a Mauricio entrar detrás de su hija, el ambiente se cargó de una electricidad gélida.

—Hija... —Cristina abrazó a Alinne, pero su mirada de reproche cayó sobre Mauricio—. ¿Este es el hombre que dice cuidarte mientras su empresa nos deja en la calle?

—Señora Cristina, le juro que yo... —empezó Mauricio, pero fue interrumpido.

—No jure nada —sentenció Soraya desde la cocina—. Mejor váyase. Su presencia aquí solo atrae problemas que esta gente no puede pagar..

Mauricio, dándose cuenta de que no era el momento para explicaciones, le dio un apretón suave en la mano a Alinne y salió de la casa, decidido a enfrentar la raíz del problema.

🍒

Mauricio no fue a la oficina; fue directamente a la mansión Casafer. Sabía que Catalina lo estaría esperando, y no se equivocó. Ella estaba en el gran salón, bebiendo una copa de vino a pesar de la hora, con la mirada fija en el gran retrato familiar.

—Vaya, el hijo pródigo regresa de su cabaña de amor —dijo Catalina sin mirarlo, con una voz que destilaba veneno—. ¿Fue divertido jugar a la casita con la muerta de hambre?

—Basta, Catalina —bramó Mauricio, plantándose frente a ella—. Lo que hiciste con el desalojo fue bajo, incluso para ti. Humillarla en la gala no te bastó, tenías que atacar a una mujer enferma.

Catalina se puso de pie, su rostro transformado por una furia fría.

—¡Ataqué lo que interfiere con mi matrimonio y con la imagen de esta familia! Esa tipa es un parásito, Mauricio. Y tú te estás dejando arrastrar al fango por ella. ¿Qué pretendes? ¿Dejarme por una becaria que no tiene dónde caerse muerta?

—¡No es por su origen, es por quién es ella! —exclamó Mauricio con una seguridad que dejó a Catalina muda por un segundo—. Y sí, ya no hay vuelta atrás. He intentado salvar este matrimonio por compromiso, por la empresa, por las formas... pero se acabó. Estoy enamorado de Alinne, Catalina. No me voy a separar de ella, y no voy a permitir que le sigas haciendo daño.

Catalina soltó una carcajada seca, carente de cualquier pizca de alegría. Sus ojos brillaron con una promesa de destrucción.

—¿Enamorado? Qué palabra tan barata —dijo ella, acercándose a él hasta quedar a pocos centímetros—. ¿De verdad crees que te la voy a dejar así de fácil? Mauricio, si crees que perder una casa fue el fin para esa familia, no tienes idea de lo que soy capaz de hacer. Vas a ver cómo tu "gran amor" se convierte en el motivo de tu ruina. Ella no solo perderá su casa, perderá su futuro, su nombre y, al final, te odiará por haberte conocido. Esto no se va a quedar así. Te lo juro por mi apellido.

Catalina salió del salón con paso firme, dejando a Mauricio con una sensación de vacío en el estómago. Sabía que la guerra apenas comenzaba, y que en el tablero de Catalina, Alinne era la pieza más vulnerable...



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En el texto hay: obsesion, pasion, poder

Editado: 18.09.2026

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