En tu Mirada

Capítulo 14

La atmósfera en el despacho de la presidencia era asfixiante. Mauricio miró de Alinne a Catalina, procesando las palabras que acababa de escuchar. El orgullo herido de Alinne y la arrogancia triunfante de Catalina chocaban en el aire como espadas.

—¿Qué haces aquí, Mauricio? —preguntó Catalina, recobrando la compostura y sentándose con elegancia—. Tu "amiga" ha venido a dar un espectáculo de barriada. Justo lo que esperábamos de ella.

—Me acaban de expulsar, Mauricio —dijo Alinne, con la voz temblorosa pero firme—. Tu esposa se encargó de que mi carrera terminara antes de empezar. No solo nos quitó la casa, nos quitó el futuro.

Mauricio sintió un dolor agudo en el pecho. Se volvió hacia Catalina, con los ojos inyectados en sangre.

—Dime que no tuviste nada que ver con la universidad. ¡Dímelo!

—Hice lo que cualquier directora de una Holding haría: informar de una conducta inapropiada que mancha el nombre de la institución —respondió Catalina con frialdad—. Si ella decidió usar sus "encantos" para escalar, es su problema, no el mío.

—¡Mientes! —gritó Mauricio—. Alinne, vete a casa. Te juro que voy a solucionar esto. No voy a permitir que te destruya.

Alinne lo miró con una tristeza infinita.

—Ya me destruyó, Mauricio. Y lo peor es que cada vez que intento alejarme del fuego, tú me atraes de nuevo hacia él.

Sin esperar respuesta, Alinne salió de la oficina. Mauricio intentó seguirla, pero Catalina lo detuvo con una frase que lo dejó helado:

—Si cruzas esa puerta detrás de ella, Mauricio, mañana mismo saldrán a la luz las pruebas del desvío de fondos que *tú* supuestamente autorizaste para su familia. Tú eliges: tu libertad o tu amante.

🍒

Alinne llegó a casa de Soraya con el alma rota. Al entrar, encontró a su madre, Cristina, sentada en la mesa con los ojos rojos de tanto llorar. Soraya estaba a su lado, sosteniéndole la mano.

—Mamá... me expulsaron —sollozó Alinne, cayendo de rodillas ante ella—. Lo perdí todo.

Cristina no la abrazó de inmediato. En su lugar, la miró con una mezcla de horror y lástima.

—Eso no es lo peor, hija. Soraya me ha contado la verdad sobre tu padre. Sobre Aurelio.

Alinne frunció el ceño, confundida.

—¿De qué hablas? Papá murió de un infarto por el estrés de las deudas...

—Murió porque lo mataron lentamente —sentenció Cristina con un odio que Alinne nunca le había conocido—. El hombre que le robó su patente, el que lo estafó y lo dejó en la ruina absoluta, se llamaba Damien Casafer. El padre de ese hombre que tú dices amar.

El silencio que siguió fue sepulcral. Alinne sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. Toda su relación con Mauricio, cada beso, cada promesa en la cabaña, ahora se sentía como una profanación a la memoria de su padre.

—¿Estás segura? —susurró Alinne, mirando a Soraya.

—Aurelio me lo confesó días antes de morir —respondió Soraya con tristeza—. No quería que tú crecieras con odio, por eso lo callamos. Pero los Casafer no solo tienen tu casa, Alinne. Tienen la vida de tu padre en sus manos manchadas de dinero.

🍒

Horas más tarde, Mauricio llegó a la casa de Soraya. No le importaba el tráfico ni las amenazas de Catalina. Necesitaba ver a Alinne. Pero al llegar a la puerta, no fue Alinne quien salió, sino Cristina.

—No se acerque ni un paso más a esta casa —dijo Cristina, su voz era como un látigo.

—Señora Cristina, por favor, necesito hablar con Alinne. Voy a devolverles la casa, voy a limpiar su nombre...

—¿Cómo va a limpiar el nombre de mi esposo? —gritó Cristina, haciendo que Mauricio retrocediera—. ¿Cómo va a devolverle la vida a Aurelio? Su padre lo destruyó, señor Casafer. Usted lleva el apellido de un ladrón y un asesino de sueños. ¡Mi hija no volverá a tocar a alguien que tenga esa sangre!

Mauricio se quedó paralizado. La revelación lo golpeó como un rayo. Él sabía que su padre era un hombre duro, pero ¿un estafador?

—Yo... yo no sabía nada de eso —balbuceó Mauricio.

—La ignorancia no lo hace inocente —dijo Cristina antes de cerrarle la puerta en la cara.

🍒

Mientras tanto, en la penumbra de su oficina, Catalina hablaba por teléfono con un tono siniestro.

—¿Está listo? Bien. Quiero que los archivos de la licitación del gobierno aparezcan en el correo personal de Alinne. Y asegúrate de que la policía reciba la denuncia anónima de espionaje industrial esta misma noche.

Catalina colgó y brindó sola con su copa de cristal. Si Alinne creía que la verdad sobre el pasado la alejaría de Mauricio, Catalina se aseguraría de que la cárcel terminara el trabajo...



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En el texto hay: obsesion, pasion, poder

Editado: 18.09.2026

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