En un mundo de hombres

Capítulo 4

—Todo mi día fue aplazado. Cada una de las cosas que planeé para hoy, meetings, diligencias, todo… 

—Lamento mucho que tuvieras que dejar todo eso de lado para ayudar a una mujer. Lamento que lamentes la sororidad.

—Claudia, no me pongas como una egoísta. 

—No lo hago —levanta las palmas de sus manos, limpiándose de toda acusación. Risa duerme plácidamente en el asiento trasero de mi auto, pero yo quedé como copiloto. 

—Esto atrasará toda mi agenda —vuelvo a lamentar.

—Te ayudaré a ponerte al día, si eso es lo que te preocupa —me dice con desdén. 

Mi auto nos protege de la lluvia que Madrid nos suelta, pero aún así me da mucho frío, me congela.

—¿Te has puesto a pensar que quizás mi agenda no esté así porque me da la gana y el placer? ¿No, Claudia?

Claudia solo sigue conduciendo.

—Tengo a la señorita Oh, te tengo a ti ahora, tengo un montón de hombres y mujeres de familia que dependen de su empleo en la empresa, ¿Eso no lo sabías? Tengo tres puestos, Claudia, tengo mi agenda a punto de explotar, no tomo vacaciones o días libres, no solo laboro los días de semana, sino también fin de semanas. Un atraso significa que queda pendiente, lo que queda pendiente no genera, lo que no genera cuesta.

—Te ayudaré a ponerte al día mañana.

—No es eso, es que no estoy diciendo que lamento ir por Risa, ni que no quiero ayudarla, ¡Solo que si no lo habías notado, mis decisiones y mi ausencia no solo me afectan a mí!

—Cleo Gladorne me está dando explicaciones —murmura —, no solo eso, sino que también me está llevando a un punto dónde veo que se preocupa por más que personas que ella misma.

—No solo me preocupo por mí misma, Claudia.

—No, pero es lo que sueles mostrar. Es lo que Greyson me dijo, Ye-ra también.

—A Greyson se lo puede coger una morsa.

—Aún así jamás lo pusiste en tela de juicio cuando pasó lo de Milo. Aunque Milo era su jefe para ese entonces.

—Es un idiota, pero no es un violador. Imbécil, quizás, pero jamás tocaría a una mujer sin su consentimiento. Pero ya te digo yo, esos comentarios son pasarse tres pueblos.

—Es más boca que otra cosa —dice Claudia —, pero no es mal tipo. 

No sigo porque no tiene sentido, en dado caso, tengo pensando a dónde iremos. ¿Un hotel? Quizás, solo sé que no es bueno que Risa se quede en su casa por un tiempo, más o menos necesita tener. ¿Qué pensaría yo que estaría aquí ayer en la mañana? 

En serio, no debí ir a beber a ese bar, Bee no debió hacer que ella se quedará conmigo a “cuidarme”. Se pasó tres pendejos pueblos. 

—Le has dado tu vida a la empresa, ¿No? Te has comido el coco, Cleo.

—No, le he dado mi vida a las personas que dependen de mí.  Existen los que son como Milo o Groove, jefes que se aprovechan, pero también existimos los que usamos nuestro poder para cuidar. No permitiré que sucedan más despidos. Así que sí, tengo derecho a lamentarlo un poco, a retrasarme me refiero, porque es liarla mogollón, mierda.

—Me gustas cada día más, Cleo… —me susurra sin dejar de conducir. Lo hace ágilmente, como si se le hiciera de lo más simple. 

No digo nada… Claudia sonríe. Disfruta callarme.

¿Cómo puede decir las cosas tan directas?

—Sigo pensando que eres un alienígena.

—¿En este mundo? Es muy probable.

—A mí no me gustan las mujeres, Claudia Morales.

—Deja que terminemos con este lío, y ya verás, Cleo Gladorne —me guiña el ojo con una sonrisa coqueta —. Te quitaré todo el estrés.

Se me sale una risilla. Usualmente por esta osadía la mandaría a freír espárragos, pero no tengo ganas de hacerlo, Claudia me divierte mucho. Es como respirar profundo luego de que llueva sobre mojado.

—Gracias por dejarla quedar en tu casa.

Miro por la ventana. Nos ha traído a mi casa. 

—Risa necesita tiempo, cuidado y apoyo, es bueno tenerla cerca ahora mismo.

Y pues, Risa no puede quedarse sola ahora, necesita protección. Está vulnerable, y podré ser toda la Cruela que los de la empresa digan, pero no puedo dejarla sola ahora.

—Tomaré una ducha cuando lleguemos, pueden usar el baño de visitantes. No líen nada, te lo digo a ti, rojita, limpié todo hace nada.

Clau despierta a Risa con cuidado, acaricia su cara, su pelo, incluso sus brazos con cuidado. Los delgados dedos de Claudia la hacen estremecerse algunas veces al verse fríos por alrededor… Me descubro sintiéndome pesada al contemplar todo esto. 

No entiendo ni mis sentimientos, solo sigo caminando mientras la pelirroja trae a la mujer con mucha delicadeza. Me voy primero, llegando casi minutos antes. No tardo mucho, me meto a bañar rápido. 

—Cálmate, Cleo, ¿Qué demonios te estás dejando hacer? —me digo a mí misma, más bien como reprensión antes de dejarme caer el agua encima —¡¿Por qué la maldita agua está que pita de frío?!

Mierda. Que Claudia ha venido a ponerme de patas para arriba, eso lo sé, pero ¿Por qué la estoy dejando? Me tiene hasta las narices, pero igual la estoy dejando quedarse conmigo sin rechistar ni echar rollo. 

Seco mi pelo, acabo de tomar una ducha que debería ser relajante, pero al igual que la que tomé tras despertar con la resaca, me quedé todo el tiempo esperando a ver si Claudia entraba al baño; esa mujer es impredecible y lo sé.

—Tienes una linda casa —me dice tomando una taza de chocolate caliente cuando salgo hasta la sala a buscar mi celular de mi bolsa.

—¿Dónde se supone que vives tú? —le pregunto ya con desdén.

—Soy recién llegada a la ciudad, soy de Toledo —informa —, no he rentado nada aún.

—¿Dónde planeabas dormir anoche, antes de venirte a mi casa?

—De eso hablaba con Bee. En su casa.

—Prepárale la cena, Risa debe tener hambre  —ordeno. Me llega un mensaje al celular de él, ¿Qué quiere ahora? —Vengo en unos minutos, limpien todo lo que se ensucie.




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