—Disponemos de toda la mañana para nosotras, Lucía. He pensado que te apetecería ir de compras. Hay un centro comercial de lujo aquí cerca, con algunas tiendas de diseño maravillosas, y...
Lucía tuvo que hacer un enorme esfuerzo de concentración para atender el discurso de su tía.
Se había ofrecido la noche anterior para enseñarle la ciudad y algunas de sus tiendas. A pesar de lo que pudiera pensar acerca del comportamiento de su abuelo, Lucía no podía evitar que le gustase su tía política, pese a que hubiera sido la primera en hablarle después de que su padrino se hubiera marchado.
—Tu abuelo sabe que debes de estar muy desilusionada por culpa de las restricciones de su médico, que le han impedido venir a verte en persona. Y por eso ha preparado un encuentro con un... amigo de la familia que... es inversor mayoritario en el hotel, para que te acompañe a lo largo del complejo y sea tu guía en la zona. Estoy segura de que te gustará Ramón. Es un hombre encantador y muy educado.
Lucía había tenido que morderse la lengua para no espetar a su tía que sabía perfectamente quién era ese Ramón, ¡gracias a las inocentes revelaciones de Saúl!
Había pasado prácticamente toda la noche en vela, rememorando todo lo acontecido en la playa, preguntándose cómo había sido tan estúpida para permitirlo. Y solo de madrugada había conciliado el sueño. Ahora tenía los ojos hinchados.
La sensación de pesadez junto a la crispación nerviosa que la había mantenido en vilo había terminado por dejarla exhausta y lo último que le apetecía era salir de tiendas. Además, ¿qué pasaría si Adrián intentaba ponerse en contacto con ella? ¿Haría eso o aguardaría que ella lo buscara en la playa y quizá se lanzara a sus brazos con la misma actitud desvergonzada que, según había oído, habían adoptado las otras mujeres? Ese pensamiento le provocó náuseas en la boca del estómago. Pero recordó que su trato consistía en que él fuera tras ella. Y una voz en su interior, teñida de peligro, le susurró que además debía seducirla...
Seducirla. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo y su tía se volvió hacia ella, preocupada por si tenía frío.
—¿Frío? ¿A casi treinta grados? —rió Lucía.
Quizá su tía pudiera recordarle que en el Almería era invierno, pero Lucía estaba en la gloria.
—Tu abuelo confía en restablecerse muy pronto para recibirte —prosiguió su tía—. Está ansioso por que llegue ese momento, Lucía. No deja de preguntarnos si te pareces a tu madre...
Lucía procuró que no la afectaran las amables palabras de su tía.
—Si realmente le hubiera interesado podría haber salido de dudas hace mucho tiempo, cuando mi madre todavía vivía —apuntó, incapaz de perdonar.
Resultaba tentador descubrir a su tía que conocía el verdadero motivo que la había traído hasta allí, pero no deseaba meter en problemas a su primo.
—¿Qué opinas del complejo? —estaba preguntando su tía para cambiar de tema.
Lucía sopesó la idea de soltar una mentirijilla, pero su conciencia no se lo permitió.
—Es deslumbrante —admitió—. Claro que todavía no lo he explorado a fondo. Es casi tan grande como una ciudad. Pero todo lo que he visto...
Sobre todo le había gustado el diseño tradicional de las áreas que conectaban el hotel con el resto de las zonas. Había pequeños patios privados repletos de plantas aromáticas y árboles frutales. La música del agua de las fuentes había recordado a Lucía el estilo mozárabe de las ciudades del sur de España y las imágenes que su madre le había enseñado de los palacios andalusíes.
—Tienes que decírselo a Ramón cuando te enseñe todo esto. Claro que, desafortunadamente, pasarán varios días hasta que tenga tiempo. Esta mañana mandó un mensajero a tu abuelo para decirle que tenía que atender asuntos urgentes relacionados con la Casa Real... Otro proyecto en el que trabaja.
—¿Trabaja? —repitió Lucía, sin ocultar su incredulidad.
A tenor de lo que le había contado su primo, su futuro pretendiente parecía suficientemente rico como para ejercer algo tan mundano.
—¡Sí, ya lo creo! —le aseguró su tía—. Además de ser socio mayoritario del complejo, también lo diseñó. Es un arquitecto muy cualificado y está muy solicitado. Se preparó en Inglaterra. El deseo de su madre era que estudiara allí y, tras su muerte, su padre honró la voluntad de su esposa.
¡Un arquitecto! Lucía frunció el ceño. Pero no quería mostrar el menor interés por un hombre al que ya había decidido despreciar.
—Parece que se trata de un hombre muy ocupado —señaló a su tía—. La verdad es que no hace falta que renuncie a su preciado tiempo para enseñarme el complejo. Puedo recorrerlo sola sin ningún problema.
—No, no debes hacer eso —replicó su tía.
—¿No? Entonces, ¿podría acompañarme Saúl? —preguntó Lucía, burlona.
—¡No! Es mejor que Ramón te acompañe. Al fin y al cabo él diseñó el complejo y podrá responder a todas tus preguntas mejor que nadie.
—¿Y su esposa? —preguntó Lucía con inocencia—. ¿No la molestará que su marido me dedique el tiempo libre?
—No está casado —indicó su tía apresuradamente—. Seguro que te gusta, Lucía. Tenéis mucho en común y...
Se detuvo cuando sonó su teléfono móvil. Se levantó las faldas para buscar el aparato. Mientras Lucía escuchaba cómo su tía conversaba observó la creciente ansiedad reflejada en su rostro.
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Editado: 01.08.2026