Enamorate De Mí

05 - Tu oportunidad

Sofía

Decido responder la llamada, para saber lo que quiere. Es extraño que, después de tantos años, Eleonor me esté contactando; ella y yo nunca tuvimos ningún tipo de contacto, incluso en aquel tiempo. Sabía que jamás le iba a gustar escuchar que su hijo y yo tuvimos un noviazgo secreto.

Sé que es ella, porque vi cómo llamó a Damian varias veces estando yo presente.

Llamada.

—¿Sí? —es lo único que respondo.

—Sofía Rick, supongo.

—¿Quién habla?

—Eleanor Watson. La abuela de tu hijo.

Hago una pausa corta.

—¿Qué quiere? —contesto con voz fría.

—Me he enterado de que tienes un hijo. Mi hijo me contó que él quiere conocerlo. Pero tú te estás negando.

—Lucas es mi hijo. Yo decido quién se acerca a él y quién no.

—Qué bonito. Pero también es hijo de Damian. Tiene derecho a conocer a su padre. A su familia. A su apellido.

—Ese derecho lo tiene cuando yo diga que sí. No antes.

—Escúchame bien, jovencita. Si no dejas que vean al niño, que conozca a su familia paterna, que esté con su padre… yo misma me encargaré de mover cielo y tierra para que Damian tenga la custodia total del niño.

—¿Me está amenazando? —mi voz es baja pero firme.

—No es una amenaza. Es una promesa. Damian no sabe qué hacer para acercarse a su propio hijo. Está perdido, confundido. Pero yo sí sé qué hacer. Y lo haré.

Respira hondo, a punto de responder.

—-Escúcheme… —Me interrumpe en un tono cortante.

—No. Habla con Damian. Dile que sí le dejará ver al niño. Dile que sí le permitirá ser padre. Si no lo haces… entonces yo misma me encargaré de quitarte al niño. Y créeme, tengo los recursos, los abogados y la paciencia para hacerlo.

Silencio pesado al otro lado de la línea. Eleanor no espera respuesta.

—Piénsalo bien, Sofía. No tienes idea de con quién estás jugando. Un Watson no puede criarse con una mujer como tú.

Cuelga sin despedirse; tampoco lo esperaba. El pitido resuena en mi odio.

Mis ojos se cristalizan y aprieto los dientes con rabia. ¿Cómo se atreven?

Me tomo mi tiempo para llorar de impotencia. Si Eleonor cumple su palabra, yo no tendré cómo solventar todo. No tengo tanto dinero como ellos.

Después de una ducha, me voy a la habitación de mi hijo para dormir junto a él. El simple hecho de que me lo quieran quitar me aterra.

***

A la mañana siguiente llego a la oficina a las ocho en punto. El corazón me late en la garganta. Damian ya está en su despacho. La puerta está abierta. Me ve entrar y se pone de pie.

—Buenos días, señorita Rick —su voz es fría. Profesional. Pero sus ojos dicen otra cosa.

—Buenos días —respondo sin mirarlo.

Me siento en mi escritorio. Enciendo el ordenador. Finjo revisar correos. Él sale y se para frente a mí.

—Tenemos que hablar.

—No aquí.

—Entonces en mi despacho. Ahora.

No tengo opción. Lo sigo.

Cierra la puerta. El clic suena definitivo.

Se apoya en el borde del escritorio. Cruza los brazos. Su traje gris oscuro resalta el bronceado de su piel y el negro de su pelo.

—Quiero hablar sobre el niño —es lo primero que dice.

Me acerco a él, detallándolo con rabia.

—No voy a entregarte a mi hijo porque tú lo exijas.

—Nuestro hijo —corrige.

Lo miro fijo.

—Nuestro hijo que no sabe quién eres. Que cree que su papá viaja mucho por trabajo. Que me pregunta por qué no lo conoce. ¿Quieres que le diga la verdad? ¿Que su padre es el hombre que destruyó la vida de su abuelo? ¿Que su abuela quiere quitármelo?

Damian aprieta la mandíbula. Sorprendido.

—Mi madre no…

—Tu madre ya me llamó ayer —lo interrumpo—. Me dijo que si no le entrego al niño, usará todo su poder para quitármelo. Que un Watson no puede criarse con una “mujer como yo”.

Sus ojos se oscurecen.

—No va a tocarlo.

—¿Y tú? —pregunto—. ¿Vas a tocarlo? ¿O solo quieres verlo como un trofeo?

Se acerca. Dos pasos. Tres. Ahora está tan cerca que siento el calor de su cuerpo.

—No es un trofeo —dice entre dientes—. Es mi hijo. Y no voy a dejar que crezca sin saber quién es su padre.

—Entonces demuéstralo —replico—. No con amenazas. No con abogados. Demuéstralo siendo alguien que él pueda querer.

Damian respira hondo. Cierra los ojos un segundo. Cuando los abre, hay algo nuevo en su mirada. No irá. Vulnerabilidad.

—Déjame verlo —pide. Su voz baja—. Solo verlo. No diré nada. No le diré quién soy. Solo… quiero verlo.




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