Enamorate De Mí

12 - Ella

Damian

Valeria se acerca a Sofía, extendiendo una mano con uñas perfectamente esculpidas. Sus ojos de periodista escanean a Sofía, registrando su ropa sencilla y su falta de maquillaje. Es como un depredador evaluando a una presa que considera inferior.

—Es un placer conocer por fin a la mujer que... bueno, que mantuvo este secreto tanto tiempo —dice Valeria, su sonrisa sin llegar a sus ojos—. Estoy segura de que nos llevaremos maravillosamente bien. He preparado una pequeña nota para mi columna sobre la "reunificación familiar" de los Watson. La gente adora estas historias de redención.

—No habrá ninguna nota —corto de inmediato—. Te lo advertí, Valeria. Esto es privado.

—Solo un par de fotos de ambiente, Damian —insiste ella, agarrando mi brazo con posesividad—. Por la imagen de la empresa.

Sofía da un paso al frente, ignorando la mano extendida de Valeria. Se coloca entre el fotógrafo y Lucas, bloqueando la vista.

—Si esa cámara se dispara una sola vez —dice Sofía, su voz baja y peligrosa—, me llevo a mi hijo de aquí ahora mismo y no volveran a vernos. No soy un accesorio para tu columna de chismes.

El fotógrafo baja la cámara ante la intensidad de Sofía. Valeria parpadea, sorprendida por la resistencia directa. Nadie suele hablarle así.

—Harrison, lleva a Lucas a su habitación —ordeno para romper el punto muerto—. Sofía, acompáñame. Te mostraré tus aposentos.

—Yo me encargo de Lucas —interviene Eleonor, su voz llena de una autoridad que no admite réplicas—. Quiero ver si tiene los modales que se esperan de un niño de su posición.

—Él tiene los modales que yo le enseñé —responde Sofía, mirando fijamente a mi madre—. No lo dejes solo con ella, Damian.

—Harrison estará presente en todo momento —le aseguro, poniéndole una mano en la espalda a Sofía. Siento cómo se estremece ante mi contacto, un chispazo de electricidad que me recorre el brazo—. Vamos.

Subimos las escaleras en un silencio tenso. Siento los ojos de Valeria clavados en mi nuca. Sé lo que está pensando: está analizando la química que emana de nosotros, el aire que parece consumirse cuando Sofía y yo estamos a menos de un metro de distancia.

Llegamos a la suite que he preparado para ella. Es una habitación enorme, decorada en tonos crema y oro, con un balcón que da a los jardines privados. Hay flores frescas sobre la mesa y ropa de diseñador colgada en el vestidor, algo que sé que la irritará.

Entramos y cierro la puerta. Sofía camina hasta el centro de la alfombra persa y se gira hacia mí, cruzándose de brazos.

—Esto es un error —dice, su voz temblando ligeramente—. Tu madre me odia y esa mujer... esa Valeria es una víbora.

—Valeria es manejable —respondo, acercándome—. Y mi madre solo tiene poder si tú se lo das. Estás aquí por Lucas, recuerda.

—Estoy aquí porque me acorralaste —me corrige—. Pero no creas que voy a ser parte de tu pequeño juego de "familia feliz" frente a tus invitadas.

Estoy a punto de responder cuando la puerta se abre sin llamar. Valeria entra, cerrándola tras de sí. Su fachada de amabilidad ha desaparecido. Sus ojos están fijos en Sofía con un desprecio absoluto.

—Damian, querido, Harrison necesita preguntarte algo sobre el menú —dice, pero no se mueve. Se queda mirando a Sofía—. Vete, necesito un minuto con la... invitada.

—No voy a ninguna parte —digo con frialdad.

—Oh, vamos, Damian. Solo quiero darle la bienvenida de mujer a mujer.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.