Encuentro inesperado

Sombras tras sus pasos

Esa tarde, cuando salían de clase, una de sus amigas se acercó a Valentina, la tomó del brazo y la apartó un poco para hablarle en voz baja, mirando de reojo a Santiago:
—Ten mucho cuidado con ese chico, ¿me oyes? He escuchado cosas en los pasillos. Dicen que no es quien dice ser, que no viene de la ciudad que cuenta, y que oculta cosas muy graves por las que tuvo que irse de su casa. No te confíes tan fácil.
Las palabras de su amiga se quedaron dándole vueltas en la cabeza a Valentina todo el día. Ya tenía suficientes dudas, y ahora eso sumaba más miedo. Esa misma tarde, cuando quedaron para avanzar en el trabajo, Santiago recibió una llamada y al colgar se puso muy nervioso:
—Tengo que irme ya, no puedo quedarme más. Lo siento, seguimos mañana. Se fue corriendo sin darle tiempo de preguntarle nada, sin decir a dónde iba ni por qué tenía tanta prisa.
Llena de dudas y de una curiosidad que no podía controlar, Valentina decidió seguirlo a distancia. Lo vio caminar rápido, cruzando el campus sin detenerse, hasta salir por la puerta trasera que daba hacia el barrio antiguo. Siguió sus pasos por calles empedradas hasta que lo vio entrar a un edificio viejo de paredes descascaradas y ventanas rotas, que parecía abandonado hacía años. Se quedó esperando escondida detrás de un árbol, mirando la puerta; pasaron los minutos… luego las horas, y él nunca salió por la misma puerta.




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