End Zone - No todo se juega en el campo

Capítulo 2

Al terminar la inducción, por fin Daniela pudo darse un momento para seguir buscando a Elías. No tardó mucho en encontrarlo, charlando con un grupo de chicos.

—Elí, por fin te encuentro —dijo, acercándose con emoción.

Fue recibida con un beso y un fuerte abrazo. Elías se apartó un poco de sus compañeros para saludarla, y a Daniela le encantó sentir el calor que emanaba de él y el fresco perfume que lo caracterizaba. Se acurrucó contra su pecho como de costumbre, aspirando con gusto, hasta que él la separó con suavidad.

—Me recuerdas a un pequeño gatito cada vez que haces eso —le dijo con ternura acariciando su cabello—. Me preguntaba dónde estabas. No pude verte antes de las inducciones; te estuve buscando, pero había demasiada gente.

—Lo sé, yo también te busqué. De hecho, te vi, pero no pude acercarme. Choqué con un imbécil que me hizo perder tiempo.

Por un breve instante, recordó la mirada de aquel muchacho, sintiendo un ligero cosquilleo en el estómago antes de apartar la imagen con una mueca de desagrado.

—Oye —rió Elías—, no deberías llamar así a las personas. Es poco…

—¿Qué? Dilo —respondió ella, sabiendo perfectamente lo que él quería decir. Su mirada retadora y la ligera mueca altiva lo confirmaban.

Elías entornó los ojos con diversión.

—Es poco femenino —terminó, abrazándola de nuevo.

—Por si no te has enterado, amor —contestó ella, alzando el rostro para mirarlo directamente—, no soy exactamente la representación de lo que tú consideras feminidad… y no pienso cambiarlo.

—Lo sé, lo sé. Olvida lo que dije. Ven, quiero presentarte a mis nuevos amigos —dijo, tomándola de la mano y guiándola hacia el grupo, que seguía conversando animadamente.

Elías presentó a Daniela con los chicos, quienes la saludaron sin prestarle demasiada atención antes de continuar con su conversación sobre la inducción y, especialmente, sobre los créditos deportivos.

Daniela prefirió escuchar sin intervenir demasiado. Por su entusiasmo, era evidente que, al igual que su novio, la idea les encantaba.

A diferencia de ella, Elías siempre había destacado en los deportes: desde la secundaria, donde fue capitán del equipo de baloncesto, hasta la preparatoria, donde su interés cambió al fútbol americano. Y, al parecer, seguía siendo así, pues durante la conversación comentó que ese sería el deporte al que se uniría. Solo esperaba a que abrieran las inscripciones, después de las demostraciones para ser el primero en registrarse.

Daniela estaba tan concentrada en lo que él decía que no notó la mirada curiosa de una de las chicas del grupo, quien la observaba con detenimiento, como intentando encontrar qué podía ver alguien como Elías en ella, siendo tan diferentes en actitud y personalidad.

—¿A qué equipo piensas unirte tú, Danny? —preguntó la joven, acercándose.

Daniela, que por fin se había percatado de su presencia, se quedó muda por un instante. Al mirarla, pensó que bien podría tratarse de una de esas influencers de belleza que tanto le gustaba ver a su hermana: su cabello caía como una cascada dorada sobre los hombros, sus grandes ojos miel brillaban con naturalidad y hasta sus labios rosados parecían no necesitar nada para resaltar. Incluso su voz era tan dulce como su apariencia.

—Déjame adivinar… —continuó la chica—, ¿te unirás a las porristas, cierto? Así podrás apoyar a tu novio. Es obvio que la novia de un jugador de americano sea una porrista.

Daniela salió de su estupor, negando rotundamente con la cabeza y las manos.

—Oh, no, no, no… no podría ser porrista. Tengo la coordinación y la habilidad de un caracol.

—Qué divertida —respondió la joven con amabilidad.

—Sí, además las faldas y todo eso —añadió, imitando con las manos unos pompones— no es lo mío. ¿Y tú…?

—Me llamo Bianca —respondió ella, notando de inmediato su duda—. Y sí, espero unirme a las porristas. El año pasado ganamos un campeonato en mi antigua escuela.

—De hecho, nos enseñó videos de su competencia antes de que llegaras. Es bastante buena —intervino Elías, rodeando a Daniela con el brazo.

—Ah… vaya. Bueno, no lo dudo —dijo Daniela—. Tienes toda la pinta de ser una porrista, tan… animada y bonita.

Bianca sonrió, visiblemente complacida por el elogio.

—Gracias. Y tú también eres bastante bonita. Es una lástima que no te interese; me habría encantado estar en el equipo con alguien conocida. Si quieres, puedo enseñarte los videos, quizá te haga cambiar de opinión.

—Me encantaría verlos, aunque dudo que eso pueda convencerme. De verdad, no es para mí.

En ese momento, los parlantes se activaron. Una voz anunció que las exhibiciones deportivas estaban a punto de comenzar.

El grupo comenzó a dirigirse hacia el gimnasio. Bianca tomó del brazo a Daniela y la llevó consigo, claramente interesada en seguir conversando.

Daniela, sin embargo, habría preferido quedarse junto a Elías, quien ahora caminaba unos pasos atrás, observándolas con una sonrisa divertida.

Para él, aquello resultaba refrescante. Sabía que hacer amigos no era fácil para Danny. Desde que la conoció había sido reservada, rara vez iniciaba una conversación y, aunque podía ser muy interesante al conocerla, pocos llegaban a descubrirlo, pues ella tendía a aislarse.




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