End Zone - No todo se juega en el campo

Capítulo 4

Fue una de las peores noches para Daniela.

Incapaz de conciliar el sueño, giraba de un lado a otro en la cama, sin poder apartar de su mente la idea de tener que lidiar con Damián durante todo el ciclo escolar.

Ahora que sabía el tipo de persona que era, no le quedaba duda: lo último que deseaba era estar cerca de él y mucho menos convivir dos horas, tres veces por semana.

Su único consuelo era pensar que sus horas libres coincidían, en su mayoría, con las de Elías. Con esa idea intentaba tranquilizarse, obligándose a cerrar los ojos; para su mala suerte, cada vez que lograba conciliar el sueño, estos se llenaban de imágenes de Damián.

La perseguía. Se burlaba de ella. Y, en el peor de todos, lograba convencer a Elías de que lo engañaba con él, haciendo que su relación terminara.

Despertó agitada, justo cuando la alarma comenzó a sonar.

—¿Entonces por eso te ves tan cansada? —preguntó Elías, acariciándole el cabello mientras la acompañaba a su salón.

—Sí… fue espantoso —respondió Daniela, abrazándolo con fuerza—. No me dejarás, ¿verdad?

—¿Por qué habría de hacerlo, tontuela? Fue solo un sueño. Eso te pasa por tomarte tan a pecho lo que hacen los demás. Ese chico no te ha hecho nada malo a ti.

—Pero sí a Bianca.

Él la separó con suavidad, tomando su mano antes de continuar caminando.

—Sí, quizá en eso tienes razón, pero Bianca lo dijo: eso pasó hace años. Ni siquiera la conocías, es más, apenas ayer hablaste con ella. No deberías tomar partido en batallas que no son tuyas.

Hizo una breve pausa antes de detenerse en medio del pasillo.

—Si no te agrada ese chico, simplemente ignóralo durante el entrenamiento y ya. No te arruines el día —se inclinó para darle un beso en la mejilla— ni las noches por algo tan simple, ¿está bien?

Daniela asintió. Intentaría seguir el consejo de Elías.

Aunque en su naturaleza era normal simpatizar o rechazar a alguien por lo que hacía a los demás, sabía que, en este caso, lo estaba llevando demasiado lejos, y eso no era correcto.

Aun así, había algo en Damián que le incomodaba. Pero tenía que asistir a los entrenamientos, así que decidió hacer su mejor esfuerzo. Si iba a estar ahí hasta completar los créditos, al menos intentaría hacerlo lo más llevadero posible.

Dentro de sus planes estaba, por supuesto, mantenerse lo más alejada posible de él.

Su humor mejoró durante el resto del día. Disfrutó sus clases y la hora de almuerzo con Elías, escuchándolo hablar sobre sus profesores y lo agradable que era compartir salón con varios de los compañeros que había conocido en la inducción.

Entre ellos, Bianca, quien se sentaba a su lado.

—De hecho, me preguntó por ti. Quizá más adelante podríamos almorzar los tres juntos, pero hoy te quería solo para mí.

—Me parece una buena idea, aunque sí, también me gustan estos momentos nuestros.

—Y tú, Danny, ¿has hecho amigas por fin?

Daniela negó con la cabeza mientras daba un bocado a su emparedado.

—Lo mío no es fraternizar.

—Deja de decir eso. Deberías mostrarle al mundo lo lista e increíble que eres. Podrías empezar por saludar a alguno de tus compañeros e iniciar una conversación.

Ella se encogió de hombros.

—No me presiones. Iniciar conversaciones no es lo mío, pero si alguien lo intenta, no me cerraré.

Miró su celular de pronto.

—Mierda, se me hizo tarde. Debo irme. ¿Te veo después de tu entrenamiento?

Elías se levantó y la ayudó con la mochila.

—No, recuerda que salgo justo cuando tú entras a entrenar —dijo, besando su mejilla—. Pero puedo esperar para llevarte a casa.

—¡Ah! eres un amor, gracias, cariño.

Besó sus labios antes de dirigirse al edificio de Ciencias Administrativas.

—Nos vemos entonces. Suerte en tu entrenamiento.

—Igual a ti, y, por favor, ¡intenta hacer amigos!

La última clase de Daniela pasó volando. Desde su asiento, junto a la ventana, podía ver el campo de entrenamiento donde se encontraban Elías y Bianca.

Al parecer, los equipos de porristas y fútbol americano fraternizaban bastante bien, pues habían dividido el campo para realizar las pruebas de sus novatos.

Daniela observó cómo el capitán del equipo de fútbol se acercaba a las porristas para comentar sobre las nuevas integrantes, mientras ellas, a su vez, evaluaban a los chicos, lanzando miradas ocasionales hacia el campo.

Al verlas, agradeció no haber hecho caso a Bianca. Esa disciplina definitivamente no era para ella.

En ese momento realizaban un ejercicio de coordinación: una veterana marcaba una secuencia de movimientos y las demás debían replicarla. Daniela se imaginó intentando seguir el ritmo con su nula coordinación y sintió pena ajena solo de pensarlo.

Sin embargo, cuando fue el turno de Bianca, se quedó impresionada.

A diferencia de las demás, ella ejecutó la rutina casi a la perfección. Incluso las líderes y algunos jugadores de americano aplaudieron al verla terminar.

—Oye, disculpa…

Una voz la sacó de sus pensamientos.

Al girarse, vio a una chica de cabello corto, estilo tomboy, que le tocaba el hombro. Su playera de tirantes le daba un aire relajado, ligeramente masculino, pero muy atractivo. Era de esas personas que llamaban la atención sin esfuerzo tanto a hombres como a mujeres.

—¿Tendrás un borrador? Creo que perdí el mío.

—Por… por supuesto —respondió Daniela, apresurándose a sacarlo de su estuche.

—Gracias —dijo la chica, sonriendo al devolvérselo. Su sonrisa era abierta, segura—. ¿Estás viendo a las porristas? No pareces del tipo de chica que estaría ahí.

—No, no es eso. Mi novio está en el equipo de fútbol y… una amiga es porrista. Pero sí, tienes razón, eso no es lo mío.

—Ya veo. ¿En qué deporte estás tú?

—En ultimate frisbee, aunque no es realmente lo que quería. Los deportes, en general, no son lo mío. Pero no tuve opción.




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