—El ultimate frisbee es un deporte sin contacto y autoarbitrado —explicó Damián mientras abría la maleta y sacaba varios discos.
Samanta, por su parte, colocaba los aros en dos hileras, uno frente al otro.
—Esto quiere decir que nosotros nos autorregulamos. Si hay una falta, ya sea de nuestra parte o del equipo contrario, simplemente se levanta el puño y se marca.
Entregó los discos a una compañera uniformada, indicándole que los repartiera entre los nuevos.
—Eso que tienen en la mano es el disco, o frisbee. Aprenderán a lanzarlo y a hacer los pases correctamente. En un partido no se permite correr con él en la mano. Pueden hacer pases rápidos entre ustedes o detenerse, plantarse bien y usar el pie pivote para apoyarse antes de lanzar. Por ejemplo, —se giró hacia su compañera. —Sam, ven. Hagamos una demostración.
—¡Sí, capitán! —respondió ella con energía, llevándose la mano a la frente en un saludo militar antes de acercarse dando pequeños saltos—. Muy bien, chicos, pongan atención. Damián y yo les mostraremos cómo se ven los pases rápidos.
Ambos se colocaron frente a frente.
—¿Listo? —preguntó Samanta.
Damián asintió. Su mirada era intensa, concentrada, casi felina.
Varias chicas lo observaban sin disimulo, claramente embelesadas por su físico. Daniela, en cambio, intentó centrarse en Samanta.
Con un gesto de cabeza, Sam inició.
Ambos comenzaron a correr, pasándose el disco sin detenerse. Apenas lo atrapaban en el aire, lo lanzaban de nuevo, con una precisión y velocidad que dejó a Daniela impresionada. Reconoció la jugada: era la misma que había visto el día anterior.
Al llegar al otro extremo del campo, Samanta se detuvo, plantando firmemente los pies.
—Ahora les mostraré el tiro básico. Este se llama back.
Gritó para ser escuchada. Damián asintió y comenzó a correr de regreso.
Samanta sujetó el disco con la mano derecha, posicionando el pulgar sobre él.hizo un desplante interno, firme, y, al extender el brazo, lanzó el disco con un movimiento limpio.
El frisbee salió disparado, describiendo una curva que hizo pensar a Daniela que Damián no lo alcanzaría.
Pero él aceleró.
Sin apartar la vista del disco, calculó su trayectoria y, en el momento justo, saltó para atraparlo en el aire, cayendo de pie en el punto inicial.
Un murmullo de asombro recorrió al grupo.
Celeste rodeó los hombros de Daniela con un brazo.
—¿Lo viste? Es impresionante.
Samanta regresó trotando, sonriendo. Al encontrarse con Damián, chocaron las palmas.
Por un instante, una sonrisa genuina apareció en el rostro de él.
—Muy bien, chicos —continuó Sam—. Ahora que ya vieron un poco de lo que aprenderán… ¿quién quiere intentar lanzar el disco?
Todos levantaron la mano, entusiasmados. Daniela dudó un segundo, pero también la alzó tímidamente.
Damián dio un paso al frente, con esa sonrisa burlona que ella había visto el día anterior.
—Bien. Pero antes, hay que calentar. Todos detrás de mí. Daremos dos vueltas al campo.
Sin esperar respuesta, comenzó a trotar. Sus compañeros lo siguieron de inmediato. Entre algunas quejas, los principiantes hicieron lo mismo.
—¡Vamos, chicos! —animó Samanta, adelantándose con palmadas—. Es su primer día, con energía.
Celeste trotaba junto a Daniela. Tenía muy buena condición física; no parecía cansada en lo absoluto. A diferencia de su compañera, que desde los primeros minutos ya se veía forzada, luchando por mantener el ritmo.
Damián volteó hacia Samanta y le indicó tomar la delantera del grupo, ella así lo hizo mientras él reducía la velocidad, acercándose a las chicas.
Celeste intentaba animarla.
—Vamos, Danny, tú puedes.
—Oye, novata, ¿estás bien? —La voz de Damián apareció a su lado. Comenzó a trotar a su ritmo.
Daniela sintió la piel erizarse. Sin mirarlo, aceleró el paso, obligándose a resistir.
—Oye, oye… tranquila —insistió él—. Se nota que no estás acostumbrada. Debes ir más despacio o vas a desmayarte.
Ella negó con la cabeza, apretando los ojos. El esfuerzo le subía desde el estómago hasta la garganta.
—Oye, Danny —dijo Celeste con preocupación—. Deberías hacerle caso al capitán. Te ves muy pálida.
—Estoy bien. En serio. solo necesito— No terminó la frase. Su cuerpo finalmente cedió.
Sintió la bilis subir con fuerza y, sin poder contenerse, se apartó del grupo. Se inclinó, apoyando las manos en las rodillas, y dejó salir todo entre arcadas.
—¡Danny!
—Tranquila. Vuelve con el grupo, yo me encargo —ordenó Damián con calma a Celeste. Ella dudó un segundo, pero volvió con sus compañeros antes de alejarse, mirando a Daniela con preocupación.