End Zone - No todo se juega en el campo

Capítulo 6

La situación había sido confusa para Daniela.

Damián no había dicho nada sobre Bianca. No intentó justificarse ni indagar más sobre lo que ella sabía. Tampoco mostró molestia o vergüenza. La única respuesta que tuvo de él fue un leve destello de tristeza en sus ojos. Tan fugaz que casi pareció imaginado. Lo ocultó enseguida tras una media sonrisa.

—Bueno, novata —dijo después de unos segundos, con un tono pensativo—. Cuando termines ese chocolate y te sientas mejor, vuelve al grupo. Tómate el entrenamiento con calma, es apenas el primer día.

Comenzó a alejarse, pero se detuvo sin girarse.

—Escucha… no te obligaré a que nos llevemos bien. Pero ya que estarás aquí al menos un año, intentaré ser tolerable para ti.

Hizo una breve pausa.

—Sigue mis indicaciones como capitán y aprende lo más que puedas. No quiero que nadie del equipo se sienta incómodo y menos por mi culpa.

Sin añadir nada más, retomó el trote y se unió al grupo.

Durante el resto del entrenamiento, no volvió a dirigirle la mirada.

Dejó que Samanta guiara la sesión y enseñara los tiros básicos. Él seguía presente, corrigiendo posturas y apoyando a los demás, pero algo en su actitud había cambiado. Seguía siendo firme pero distante.

Por momentos, parecía perdido en sus propios pensamientos. Y, sobre todo, no se acercó a Daniela en ningún momento. Le dio espacio.

Al final del entrenamiento, después de despedirse de Celeste, Daniela se acercó para devolverle el disco. Él estaba arrodillado junto a la maleta, acomodando el equipo.

Ella se sentía dudosa de avanzar otro paso, un ligero arrepentimiento quemaba en su pecho.

Recordó a su hermana diciéndole una y otra vez que su sinceridad sin filtros algún día le pasaría factura.

—Oye, Damián, yo…

Él alzó la vista.

Su cabello oscuro, húmedo por el sudor, caía desordenado sobre su frente. El delineador ligeramente corrido le daba un aire más cansado y deprimente.

Daniela tuvo que contener el impulso de llorar. Odiaba ser tan sensible y nerviosa.

Damián esbozó una sonrisa al notar el leve temblor en su boca.

—¿Qué pasa? —preguntó con ligereza—. ¿Te duele algo? ¿El entrenamiento fue demasiado para ti?

—No… es que… yo solo…

Su voz se quebró. Intentó tomar aire peinando su coleta con ansiedad.

—Basta, basta —la interrumpió él, soltando una risa suave—. Me dan miedo tus cambios de ánimo. De torpe, a enojada, a triste, ¿qué sigue?

Se puso de pie, cargando la maleta. Pasó a su lado y señaló con la cabeza hacia la entrada.

—Vete a descansar. Mira, ahí está tu chico, ¿no?

Daniela siguió su mirada.

Elías estaba recargado en la reja, esperándola.

—No lo hagas pensar que soy un mal capitán —añadió Damián, sin mirarla—. Ya tengo suficiente contigo. Prefiero evitar conflictos.

Sin esperar respuesta, se alejó en dirección contraria, hacia los almacenes, donde Samanta lo esperaba.

—¿Segura que estás bien? Has estado muy callada desde que saliste de tu entrenamiento.

La voz de Elías la trajo de vuelta. Llevaba al menos una cuadra oyéndolo sin realmente escucharlo.

—Sí, estoy bien. Solo un poco cansada.

Dudó un segundo.

—Elí… ¿Crees que lo que nos contó Bianca es cierto?

Elías la miró de reojo.

—Bueno, ¿Qué motivo tendría para mentir? ¿Ese chico te dijo algo?

Daniela negó con la cabeza.

—No. De hecho, casi no hablamos, sólo me ayudó cuando vomité. Fue horrible —hizo una mueca—. Odio el ejercicio.

Elías soltó una pequeña risa y la acercó a él en un abrazo.

—Mi pequeña Danny está creciendo, pronto será toda una atleta —dijo en tono burlón.

Ella rodó los ojos, aunque no pudo evitar sonreír un poco.

—Tranquila, amor. Solo son los primeros días, en lo que tomas condición.

Hizo una pausa antes de continuar, con tono más casual. —Cambiando de tema, los chicos del equipo quieren hacer una fiesta de bienvenida para los novatos. Será este fin de semana. ¿Te importa si voy?

Daniela alzó una ceja.

—¿Qué? ¿Una fiesta solo de chicos? —bufó con ligereza—. Pfff… para nada. Adelante, diviértete.

Elías la abrazó con más fuerza, satisfecho.

Poco a poco, la conversación se desvió hacia temas más ligeros.

Risas, planes, comentarios sin importancia.

Y, por un momento, Daniela logró dejar de pensar en lo sucedido con Damián.




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