Engañada

5.La deuda y soluciones

Un toque firme en la puerta anuncia la llegada de Alejandro Andrade, Lidia lo invita a pasar con un simple Adelante que suena con la voz de alguien muy diferente a la Lidia que todos acostumbran a escuchar, alegre, contagiosa ese adelante se escuchó cansado vacío de vida, para Alejandro fue el indicio que ella estaba sufriendo mucho y eso para él es como que le clavaran un puñal.

—Buenos días Lidia, Señor Andrés,

—Hola Alejandro, amigo, que bueno que eres tu quien me va ayudar a entender esto de la deuda, no es que no sepa que debo pagar que sabes que soy mujer de palabra y si eso implica que la clínica este en problemas más rápido tratare de solucionar todo no sabes la vergüenza que siento es que si mi papa estuviera vivo habría muerto nuevamente, dios, perdona estoy muy nerviosa y no te he dejado ni sentar, ni hablar, perdona, que pena.

Lidia se pasa las manos por la cabeza por los muslos las estruja, habla atropelladamente y eso a Alejandro le dispara el corazón que ya latía lago desbocado con solo verla ojerosa desaliñada llorosa, con los ojos encendidos y la nariz como tomate.

—Lidia, aunque vengo en representación de la clínica, también vengo buscando soluciones factibles para los dos, te juro que si fuera a mi personalmente quien le hubiera entregado el dinero a ese hombre no tendrías que pagarme nada, pero son los recursos de la clínica y no puedo dejar esto así.

—¡No!, ¡NI PENSARLO!, lo pagaría igual, ¿cómo crees?, aprovecharme yo de tu amistad y del cariño que siempre nos hemos tenido no, eso nunca

Escuchar que él era alguien querido fue agradable, porque sabe que, aunque no sea amor como el que l le profesa es un granito que puede llegar a ser roca si él juega bien sus cartas

—Por favor Lidia no te exaltes no es lo que quise decir, ni de cerca, es que, me duele verte así, pero podemos buscar una solución mira por lo pronto veremos en qué estado económico estas para enfrentar la deuda esa sería el primer paso, asumo que don Andrés tiene una idea de lo que posees de lo que no se haya esfumado en las manos de ese señor.

—En realidad, si, El no pudo acceder a las cuentas personales individuales de Lidia, ni a la herencia de Elías, pero me temo que la firma ha sido desangrada reiteradamente e indiscriminadamente por esos dos.

—¿Pero cómo? si la firma casi no produce, las pocas cosas que hemos vendido no han dejado mucha ganancia era algo que yo hacía con Jonathan por puro placer.

Ambos hombres la miran con estupefacción, Lidia no tenía idea que era dueña de un imperio, la han manipulado por tres años al punto de desconocer su propio valor

—¿Lidia Hija, tu no recibías salario o dividendos de la firma como socia?




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