Enseñar a Mamá a Quererme

Capítulo 11

 

Después de varias horas investigando con IA, Aime planeó irse. Ya que su papá se había ido al cielo al lado de su mamá, ahora ella tenía que ser valiente y cuidarse a si misma y a su conejito. 

Hasta ese día ella no creía que existiera una persona tan malvada, pero su tío Javier lo era y no quería quedarse a su lado esperando el día en que la enviara a ese internado.  También le daba mucho miedo que intentara lastimar de nuevo a Whiskers.

Aprovechó esas horas que pasó a solas en su habitación para preparar una mochila, guardó un poco de su ropa y el album con fotos de sus padres. 

No guardó ningún juguete ya que para ella lo más importante era llevarse a su conejito con ella. 

Guardó la tablet por si se perdía y necesitaba consultarle algo a IA. 

—Estaremos bien, Whiskers, no te preocupes. Mi papito y mi mamita nos van a estar cuidando desde el cielo —algunas lágrimas se escaparon de sus ojitos y rápido se limpió con el dorso de la mano—. Ya no voy a llorar, no todo está mal ¿Verdad?. Porque al fin sé quien puede ser mi otra mamá y la iremos a buscar, solo tenemos que esperar a que todos estén dormidos para que no nos vean —se quedó mirando las estrellas un momento, al minuto siguiente juntó sus manitos y se puso a rezar—. Diosito, si mi otra mamá no me quería y por eso me dejó en ese orfanato, te pido que por favor me ayudes a ganarme su corazón, no la conozco bien, pero ya la quiero porque es mi mamá. También te pido que nos cuides mucho a Whiskers y a mí para que no nos ocurra nada malo. Y si no es mucho pedir, te quiero pedir que por favor le digas a mi papi y a mi mami que los quiero mucho. Amén.

Lanzó unos besitos al cielo como hacía con Sara cada vez que le pedía algo a Dios y se metió en la cama.

Puso la alarma en su reloj despertador y la configuró para que sonara dentro de tres horas, luego cerró sus ojitos y trató de dormir un poco hasta que fuera hora de irse.

Whiskers se hizo una bolita sobre su pecho, aunque era dificil saber si el conejito dormía o no en ese momento. 

Aime sentía que su conejito la observaba mientras ella dormía y eso le dio un poco de seguridad.

Su papi estaba muerto y su nana se había ido, le dolía el corazón cada vez que pensaba en eso. 

Finalmente se quedó dormida y soñó con su mamá.

Merida, así se llamaba según ese papel.

Para Aime ese era un nombre muy bonito y su mamá lo era más.  

En su sueño, Aime estaba en un campo de flores. Había cientos de mariposas revoloteando por todas partes. Merida estaba ahí, sentada sobre una banca oliendo el perfume de las rosas. Lucía tan bonita con su vestido blanco y la corona de flores sobre su cabellera larga. Corrieron tomadas de la mano por el campo de flores. Todo eran risas y alegría hasta que un gorila enorme y gordo apareció. ¡Era su tío Javier que había llegado para arruinarles la diversión! 

Abrió sus ojitos de golpe. El pitido de la alarma la hizo despertar.

Se frotó los ojos y bostezó. 

—Es la hora.

Salió de la cama de un salto. Whiskers subió sobre la almohada.

Aime se vistió rápidamente con unos baqueros, una camiseta y botines. A su look le agregó una bufanda, un abrigo y una gorro de lana por si le daba frío. Se aseguró de guardar la foto de Merida y la información. Gracias a IA sabía que su dirección quedaba en el centro de la ciudad, así que esperaba no perderse. 

Tomó el dinero de sus ahorros que guardaba en una alcancía en forma de cerdito y los echó al bolsillo de la mochila. 

—Estoy lista, vamonos Whiskers —dijo cargando la mochila, tomó a su amiguito y salió de su habitación. 

El ruido de la musica que venía desde la sala la alarmó. 

¿Por qué había personas en su casa a esa hora?

Había algunas mujeres bailando y hombres bebiendo ese liquido de color extraño que su padre guardaba en su despacho para ofrecerlo a sus invitados.

Javier no parecía estar por ahí. Trató de bajar la escalera sin ser vista. Se ocultó detrás de una mesa. Todos parecían muy concentrados en beber y bailar. 

Estaba nerviosa y temblando. Esperó un poco y entonces cuando todos se pusieron a bailar ella corrió a la puerta. 

Salió corriendo al jardín. Su corazón latía muy rápido y gracias a Dios parecía que nadie la había visto.

Trató de llegar hasta el portón principal. El guardia estaba abriendo la reja para dejar entrar un coche, no era ninguno que ella conociera por lo que no le dio importancia. Esperó su oportunidad y antes de que las rejas volvieran a cerrarse, ella corrió muy lejos de ahí. 

Se detuvo frente a un cruce. Tenía la respiración agitada y su corazón latiéndole a mil por hora. Estaba asustada y no sabía por donde seguir, todo estaba muy oscuro. A esa hora ya ni siquiera había coches en la calle. Siguió avanzando sin rumbo por varios minutos, aferrándose a su fiel amigo Whiskers. 

—No tengo miedo, no tengo miedo... —se dijo así misma, mientras seguía avanzando por las calles solitarias de Londres. 

Después de caminar mucho llegó a un parquecito y corrió a sentarse en una banca. Las ramas de los arboles adyacentes se movían por causa del viento y eso hacía que la escena fuera terrorífica.  




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