Entre acordes rotos

Capitulo 2: Segunda batalla

Tomás se miró al espejo, se lavó la cara y respiró hondo. De camino a la casa de Emily, trató de anticipar cómo sería el día. Quizá podría prever los insultos que recibiría.

Al llegar fue recibido por el padre de Emily. Se saludaron y se dispuso a subir las escaleras. De repente, escuchó el sonido de una guitarra proveniente de la habitación. Su mano se detuvo antes de tocar. Acercó su oreja: una melodía lenta y melancólica. No reconoció la melodía, pero estaba cargada de emoción.

¿Quién estará con Emily adentro?... O acaso, ¿Ella sabe tocar?

Tocó la puerta, la melodía continuaba, volvió a tocar y siguió sin respuesta.

Pasaron unos segundos hasta que Tomás decidió abrir. Al entrar, vio a Emily tocando. Sus miradas se cruzaron. Ella se quedó inmóvil, con la boca ligeramente abierta.

Rápidamente devolvió la guitarra a la esquina del cuarto.

—¿Qué tocas?

—Nada. —Su rostro se tornó rojizo, oculto tras un mechón de cabello.

El silencio se extendió unos segundos.

—No pensé que vendrías. Deberías haber tocado.

—Te dije que vendría. Además, toqué la puerta y no me respondiste… Perdón, entré porque, si no, me quedaba afuera toda la sesión y tu padre me regañaría.

—Para la próxima toca.

—¿Para la próxima? —sonrió Tomás.

— Es solo una expresión, y ¿hoy también vienes a hacer nada?

—Hoy quiero retomar el examen de nivel. Toma, lo imprimí y ten… una pluma.

Emily tomó el examen y la pluma, y lo empezó a leer.

Hoy estaba más dispuesta… raro.

Tomás echó un vistazo alrededor. El mismo caos: ropa, papeles, cosas tiradas por todas partes. Pero la esquina donde estaba la guitarra estaba completamente despejada.

Entonces, fijó la mirada hacia Emily, llevaba calcetines, una camiseta de alguna banda y un pijama. Su cabello negro estaba desordenado. Quizá siempre se veía así… o quizá no esperaba que alguien viniera hoy.

— Ya está.

— Esta vez terminaste antes — dijo Tomás mientras tomaba el examen. Varias respuestas estaban mal escritas, otras eran incorrectas… pero algunas preguntas básicas estaban bien.

—Oye — interrumpió Emily —No te pagan solo por leer lo que escribí.

Tomás levantó la mirada. Emily lo observaba fijamente, con el ceño fruncido. Y hemos vuelto a la normalidad, pensó mientras suspiraba. —Lo reviso porque me dará una idea de por dónde empezar. Empezaremos por presentarnos.

—¿Qué? ¿En serio? Eso es demasiado básico — Hizo una pausa y dejó ver una media sonrisa. —Pero si me muestras cómo es… quizá lo haga.

—¿Cómo?

—Ensaya frente al espejo.

Tomás dudó un segundo. —Si con eso te animas, está bien — Se giró hacia el espejo y comenzó —Bonjour, je m'appelle Tomás…

Cuando terminó, volvió a mirarla.

—¿Ya viste? No es tan difícil.

Emily estaba recostada en la cama con los audífonos puestos. —¿Qué dices?

—Te estoy enseñando la pronunciación.

—Ah, cierto — Se quitó un audífono —No te puse atención. Hazlo otra vez… pero esfuérzate más.

—No, ahora te toca a ti — dijo, girando el espejo hacia ella.

Emily frunció el ceño —Ni siquiera me enseñaste cómo era.

—Te acabo de enseñar justo ahora.

—Ah cierto lo olvidaba, lo del espejo… pensaba que te habías quedado loco... ¿Así se presenta la gente en Francia? ¿O solo los profesores aburridos?

Tomás apretó la mandíbula —Así se presentan las personas educadas.

—¿Con el acento horrible? No gracias. Para dar pena mejor me quedo en mi cuarto.

—Voy al baño —Tomás se levantó del piso y salió.

Al salir, se apoyó en el lavabo y se echó agua en la cara.

—No quiero volver —murmuró.

Se quedó ahí un momento, respirando hondo. Luego regresó.

Emily volteó a verlo —Pensé que te habías quedado ido, ya iba a celebrar.

—Unos simples comentarios no me harán desistir. Hoy estoy más preparado que ayer, no podrás conmigo —sonrió, mientras lo decía.

Cuarenta minutos después, la habitación estaba en silencio. Emily, acostada con sus audífonos; Tomás, cabizbajo en el piso, apretando los puños.

—¿Ya te vas? Tengo cosas que hacer.

Tomás permaneció en silencio. Qué le diré a su padre, no he conseguido nada.

—Oye, intento de maestro te estoy hablando, responde cuando te hablo.

Pensé que hoy saldría bien, me puso atención al principio, ¿En qué fallé?

Emily lanzó una almohada a la cara de Tomás — Deja de ignorarme y ya vete, cara de robot.

Tomás levantó la cabeza y le clavó la mirada. La vena en su frente parecía a punto de estallar — Oye, te propongo algo, tres clases. Si en tres clases no logro que te intereses por el francés, yo mismo le diré a tu padre que soy un inepto y renunciaré.

Emily se quitó los audífonos despacio —No voy a aceptar tu reto.

—Está bien... Supongo que no te gusta perder.

—¿Perder contra ti?

—Entonces acepta.

—Si gano, le dices a mi papá que soy brillante, me dejas el examen firmado con un 10 para que mi papá me deje en paz y tú te largas.

—Hecho.

Emily volvió a ponerse los audífonos, pero la sonrisa seguía en su rostro.

Al salir de casa, Tomás se apoyó en la puerta y se frotó la cara — ¿Por qué le propuse eso? Tuve que pedir al menos una semana... Tendré que encontrar una forma de hacer que se interese… ¿Ahora que hago?




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