Entre acordes rotos

Capítulo 4: Entre líneas

Tomás caminó hacia su casa con la cabeza cabizbaja, pensando en la derrota. Al llegar, dejó la guitarra apoyada contra la pared. No sabía por qué no la había devuelto.

Esa noche, comenzó a ver videos de como enseñar idiomas — ¿Qué estoy haciendo? —murmuró. Su mirada se quedó fija en el techo y suspiró —Supongo que será mejor que me ponga a estudiar.

En otra casa, había un silencio sepulcral. El polvo sobre los muebles daba la impresión de que nadie vivía allí. Solo las luces encendidas lo contradecían.

Ya era tarde cuando Emily recibió un mensaje de su padre:

"No me esperes para cenar"

Lo leyó sin expresión. —No te esperaba.

Bajó las escaleras y fue directo a la cocina. El refrigerador estaba casi vacío, salvo por un poco de jamón. Se preparó algo rápido y se sentó a la mesa. El único sonido era el de ella masticando.

Cuando terminó, subió las escaleras. Su mirada se detuvo unos segundos frente al cuarto de sus padres… pero no entró.

Siguió hasta su habitación. Se dejó caer en la cama y se quedó mirando el techo. Luego abrió un cajón del tocador y sacó una fotografía. La observó en silencio durante unos segundos antes de dejarla sobre la mesa. Luego apagó la luz.

A la mañana siguiente, Emily se despertó sin prisa. Se puso los audífonos y dejó que la música llenara el silencio, mientras su mirada volvía a perderse en el techo.

En otro lado, Tomás se encontraba en su cuarto. Intentaba leer, pero su atención se desviaba hacia la guitarra que había comprado. De repente, sintió un ardor en sus dedos, al verlos, notó que estos aún estaban rojos y con la piel quebrada.

Se levantó para ir a comer. Al bajar, se encontró con su madre, que ya estaba lista para salir. —Ya me voy. Calienta tu comida… y oye —hizo una pausa—, esfuérzate más.

—Lo haré — Tomás se quedó quieto un momento. Después de comer, regresó a su cuarto y se puso a estudiar.

En la noche siguiente, recibió un mensaje del padre de Emily.

"Buenas noches, joven, quería saber si mañana irá a enseñarle a Emily. Espero su respuesta".

Tomás se quedó mirando la pantalla. Había evitado pensar en ese tema, aún debía decirle al padre que su hija, era una persona brillante y él... un inepto incapaz de enseñar.

Sus manos se posaron sobre el teclado, pensó algunos segundos en la respuesta… y comenzó a escribir.

"Lamento no haber informado antes. Emily no requiere aprender, ya que domina el idioma. El examen que realizó lo demuestra. Agradezco la oportunidad, pero no hay motivo para continuar."

La respuesta fue casi inmediata

"Me sorprende que haya avanzado en tan poco tiempo. Sin embargo, desconozco ese examen. Emily no ha mencionado nada. Aun así, me gustaría que fuera a verla. Ella no sale de casa más que para estudiar, y estoy seguro de que con usted ha logrado una conexión, de lo contrario no habría durado tanto como los anteriores. No estoy mucho en casa, por lo que me preocupa su bienestar. Por favor, vaya a verla. Seguro se animará. Estoy dispuesto a pagarle la visita."

Tomás leyó el mensaje y se preguntó durante unos minutos si era pertinente ir a verla. Ella ganó, se molestaría si iba.

Leyó otra vez “seguro se animará”.

—Buf… —Miró hacia el techo. No creo se animé por verme… Pero, esa casa es muy grande para ella sola. Dudo un momento más. Quizás vaya para ver qué siga viva, pensó.

Tomás le escribió:

"Iré, solo para ver cómo está. No espere que le enseñe algo.".

Pasaron varias horas antes de recibir respuesta.

"De acuerdo. La llave de repuesto está bajo la maceta. Gracias."

Era la primera vez que Tomás iría sin la presencia del padre. Aunque, incluso cuando estaba, su ausencia ya se sentía.




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