Entre acordes rotos

Capítulo 5: Rivalidad

Al llegar a la casa, se quedó unos segundos frente a la puerta. Tomó la llave de repuesto y entró.

Todo estaba igual que la última vez. Subió las escaleras. La puerta de la habitación estaba entreabierta.

Dudó en entrar —¿Qué pensará si me presentó? seguramente se molestaría... no, solo vine a ver si está bien, cuando lo compruebe, me voy.

Tocó la puerta y no recibió respuesta, así que, decidió abrir.

Emily se incorporó al instante, quitándose un audífono. Sus miradas se cruzaron.

El silencio llenó la habitación. Cuando Tomás, salió del trance, trató rápidamente de explicar la situación.

—Tu padre me dio la llave —dijo Tomás desde la puerta. —Dice que no le diste el examen… ¿Te dio miedo que descubriera que eres un genio?

Emily no se movió, pero sus ojos se clavaron en él. —Te dije que si te ibas no volvieras, cara de robot. ¿Eres sordo o solo masoquista?... ¿Qué haces aquí? ¿Vienes a pedirme el examen de vuelta?

—No vine a enseñar.

—Entonces ¿qué haces aquí?

—Tu padre quería asegurarse de que sigues viva… y parece que sí. Aunque tu cuarto sigue siendo un basurero.

Emily esbozó una leve sonrisa. —¿Te duele haber perdido la dignidad aquí?

—Quizá, pero me diste minutos de tu valiosa atención — Tomás sonrió.

Un silencio nuevamente inundó aquel momento.

—Cierra la puerta, que se escapa el calor.

—No es necesario, ya me voy. Ya vi que sigues viva. —Tomás se dio la vuelta.

—Oye, espera… Tomás.

Él se detuvo. —¿Qué?

—Me quedé con ganas de decirte, que tú forma de tocar apesta.

—Lo sé, supongo que una noche no me hará profesional.

—Se necesita mucho más que eso. —Hizo una pausa. —No es para novatos que solo quieren ganar. —Bajó ligeramente la voz, casi en un susurro. —Yo podría enseñarte esa parte…

Tomás frunció el ceño — Perdona, ¿Qué dijiste?

Apartó la mirada—Dije que... Un robot como tú, no podría siquiera alcanzar a una persona como yo. Es mejor que te rindas.

Tomás regresó unos pasos. —Solo me hizo falta tiempo y podría vencerte.

—Ja, ¿de verdad lo crees? Me gustaría verlo.

—No lo verás, lo escucharás. —Tomás dio un paso más hacia ella. — Porque yo sí soy capaz de aprender cosas, no como otras personas que se rinden al aprender un idioma.

—No te sientas superior, si me lo propongo, yo también aprenderé tu insignificante idioma.

—Quisiera verlo.

—Lo verás y lo escucharás.

Ambos avanzaron hasta unos pocos centímetros del otro.

—Te ganaré — Pronunciaron ambos, con una mirada burlona y una sonrisa cínica.

En la noche, Tomás le mandó un mensaje al padre de Emily.

"Buenas noches. Fui a verla. Se encuentra bien y quiere retomar las clases de francés."

La respuesta no tardó.

"Me alegra saberlo. La dejo en tus manos."

Tomás soltó el teléfono y miró al techo. Sonrió levemente.

En otra habitación. Emily se acostó y observó su guitarra. Se levantó y comenzó a tocar con una leve sonrisa en su rostro.




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