Al llegar, Tomás observó la casa. Sin darse cuenta había traído la guitarra. Antes de entrar la dejó afuera. Luego entró al cuarto. Ella se encontraba sentada, mirando su teléfono.
—Llegaste puntual, se ve que no quieres perder ni un solo minuto de ser humillado.
—No quería que pensarás que habías ganado —dejó la mochila en el piso y suspiró. —Solo necesito que pongas atención y lo intentes en serio.
—¿Y tú? —Emily alzó una ceja—. No es justo que solo yo me esfuerce. Emily pensó unos segundos. —Te daré treinta minutos de mi valiosa atención —continuó—. El resto del tiempo, yo decido qué hacemos.
—Buf, ¿tú? ¿qué planeas hacer en treinta minutos?
—Te haré sufrir.
—Ya eres insufrible, ¿qué cambiaría?
—Que te haré desgastarte las yemas de los dedos con la guitarra, quizá, aprendas una que otra cosa, porque, si sigues tocando así, esa guitarra te va a demandar.
La vena le volvió a latir — Acepto, verás que enseñar no es tan fácil de lo que parece.
Luego de unos segundos que sus miradas se cruzaron, Tomás rompió el silencio — He pensado que nunca aprenderás a menos que te esfuerces, así que, vamos a aprender con música. Pero para eso, necesito que vayamos a la sala.
—¿Para qué?
—Porque vas a aprender pronunciación cantando y necesito la letra.
—No quiero ir a la sala, ¿Qué tal si alguien me ve haciendo el ridículo?
—No creo que nadie venga a verte… excepto las cucarachas.
Emily sacó una carcajada seca —Si tanto quieres cantar, lo haremos en mi cuarto, sobre ese mueble hay una televisión.
Tomás volteó hacia el lugar señalado y era una pila de ropa. Emily se paró y comenzó a quitarla. Apareció una televisión pequeña.
—Cómo ves, mi cuarto está lleno de secretos.
Él no sabía si alegrarse por ver el televisor o entrar en pánico por la forma en que ella lanzaba la ropa al suelo para despejarlo.
—Entonces, ¿qué música vas a cantar?
Tomás conectó su teléfono a la televisión y reprodujo la canción que había elegido —Esta es simple para ti —Se paró delante de la televisión, evitando que Emily leyera el nombre de la canción, primero vas a escucharla. — Entonces, la reprodujo.
Era una canción simple, frases cortas y repetidas, acompañada de guitarra. — ¿Qué entendiste de la canción?
Emily se quedó callada y unos segundos después respondió — No sé, algo de amor y números.
—¿No que ya sabías francés?
—Me distraje por la forma en que tocaba la guitarra, no pude prestar atención.
Tomás se apartó de la televisión y mostró el nombre, la canción se llama Jour 1. — Hoy, vas a cantar esa.
—Uhm... Hazlo tú primero.
Dudó unos segundos, pero terminó aceptando. —Escucha cómo pronuncio. — Se puso delante de la televisión y usó su celular como micrófono, entonces comenzó a cantar...
Unos minutos después terminó. — Ya quedó, ¿Qué te pareció?
—Eso no era francés.
—¿Entonces qué fue?
—Un crimen lingüístico.
—Entonces hazlo tú.
—No, no me enseñaste como se pronuncia, solo cantaste.
Él se dio cuenta de su error, debió haber ido frase por frase, pronunciando despacio para que ella entendiera y bajando el volumen a la canción.
—Lo haré otra vez — Está vez, fue despacio, pausaba la canción para pronunciar despacio.
—¿Ya te sientes en confianza para empezar?
—Aun no, necesito que lo hagas otra vez, aún quedan cucarachas por espantar.
Tomás curvó los labios. La vena volvió a latir en su frente— ¿Qué tal si lo haces y yo te voy corrigiendo?
—No, quiero que sigas practicando, pero hazlo más despacio.
Exhaló — Lo haré una última vez, escucha bien... Esa fue la última vez, ahora te toca.
—No sabes cuantas ganas tenía, pero mira, ya terminaron tus treinta minutos, para la próxima, se más rápido — Y le mostró su teléfono a Tomás con la hora.
Él la miró fijamente y antes de poder decir algo Emily habló.
—Espero que hayas traído tu guitarra, porque la estrella está a punto de enseñarte algo espectacular.
Tomás fue hacia la puerta y tomó la guitarra que había dejado afuera del cuarto.
—¿Te avergüenza la guitarra o porque la escondes?
—En tu habitación solo hay espacio para nosotros y tu basura, si meto algo más, nos ahogaremos.
Emily dio una carcajada seca y se acomodó en su cama. —Muy bien, robot. Hoy aprenderás algo básico.
—Ok, pero primero déjame tomar agua. Yo sí me esforcé hoy
Emily se quedó en silencio, pero aceptó la petición, entonces sacó una botella de agua que estaba al lado de su cama. —Toma, bebe.