Entre acordes rotos

Capítulo 12: Motivación

—Je… je veux tocar… no, no… jouer… —Emily frunció el ceño —Je veux jouer la guitare.

Tomás asintió. —Hazlo mejor. Otra vez.

Emily suspiró con fastidio. —Qué idioma tan innecesariamente complicado. Si me enseñas a insultar te prometo mejorar.

—No.

—Entonces no sirve.

Ella ya había mejorado, aunque aún estaba lejos de mantener una conversación real, leer y escribir.

Tomás organizaba cada clase con cuidado. Elegía canciones, estructuraba ejercicios, medía tiempos. Estudiaba por la noche y le enseñaba a Emily en la tarde.

A él le gustaba que Emily hablara en francés, su falta de vocabulario le daban sus pocos momentos de paz.

La habitación, aún sucia, ya se veía más ordenada.

—Cuando no esté cansada lo termino —dijo Emily un día, tirada en la cama —Tal vez en cinco años. —hizo una pausa. —quizá en unos diez.

—Qué compromiso tan admirable.

Esa tarde, la clase terminó como siempre. Francés primero y clases de guitarra después. La habitación cayó en un profundo silencio

Emily finalmente lo rompió. —Mañana… —se detuvo —¿Estás nervioso por tu examen?

Él negó casi de inmediato. —No, me he preparado para eso. — dijo Tomás mientras miraba fijamente a Emily. — ¿Tu no piensas seguir estudiando?

—No hay ninguna carrera que me guste.

—Podrías empezar como payasa —dijo Tomás —Luego das el salto al stand up.

Sonrió apenas. —Soy demasiado graciosa para esos idiotas. —hizo una pausa — Cuando quedes… ¿Qué harás?

—Buscar un cuarto cerca de la universidad.

—¿Cuándo salen los resultados?

—Dos semanas después del examen.

—Entonces me quedan dos semanas para reírme de ti.

—No exactamente… el semestre empieza en agosto... —agachó la cabeza en resignación.

—¿Dos meses y medio? —se incorporó —Perfecto. Tiempo suficiente para que se te caiga el cabello.

Se levantó y suspiró. —Después de lidiar contigo, medicina ya no se siente tan difícil.

La habitación se llenó de silencio. Abrian la boca tratando de decir algo sin éxito. Finalmente, Tomás lo rompió. —Oye… —dijo— ¿Tienes otro instrumento?

Emily pensó unos segundos. —En la cochera hay un bajo. Y en la sala hay un piano. También los sé tocar.

—Entonces ¿porque siempre tocas la guitarra?

—Porque es la que más me gusta.

Tomás agarró su cuaderno para echarse aire. —La próxima vez… podríamos ir a la sala —propuso— Aquí ya parece horno.

—Me gusta mi cuarto.

Él guardo silencio y pensó. —Podríamos usar el piano.

—¿Para qué?

Se quedó callado unos instantes. Intentó imaginar el sonido del piano. Entonces recordó una melodía frenética que había escuchado tiempo atrás. —Podríamos intentar tocar Space Dementia.

Emily miró con expectativa. — Tú no sabes tocar piano.

—No. Pero tú sí. Yo puedo encargarme de la guitarra.

—Yo no quiero tocar el piano. —respondió de inmediato

—Esa canción sin piano no suena igual.

Ella no respondió.

Él suspiró —Solo tenías que decir que no sabes tocar.

Emily frunció el ceño —¿Con quién crees que hablas? Será pan comido.

—Entonces será después de mi examen.

—Lo esperaré con ansias. Vas a ver a una prodigio en acción.

Esa noche, Tomás se sentó frente a sus apuntes. Los abrió, los hojeó. Pasó páginas sin detenerse demasiado. Ya lo sabía todo.

Después de unos minutos, cerró el cuaderno. Su mirada se desvió hacia la guitarra, tomó el teléfono y buscó: “cómo acompañar Space Dementia en guitarra”

Lo reviso una y otra vez. —Va a ser más complicado de lo que pensé… —murmuró.




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