Durante varios días, pensaron en la canción que tocarían.
—En un open mic no puedes aburrir a la gente —dijo Emily mientras revisaba su playlist —Si no los atrapas en los primeros segundos, te ignoran.
—Yo no puedo tocar cosas tan complicadas. Deberíamos elegir algo más sencillo. —buscaba canciones con los audífonos puestos —¿Qué te parece Shine de Collective Soul?
Ella levantó una ceja—¿Estamos en una boda o qué?... Ya sé, ¿Qué opinas de tocar una de Willow?
—¿Quién?
—La hija de Will Smith. Tiene buenas canciones.
—No sabía que tenía una hija… y que cantaba. ¿Cómo la descubriste?
Volteó a un lado con una ligera sonrisa. — Por un manga en Twitter. Pero eso no es lo importante.
La observó unos segundos. — ¿Cuál quieres tocar?
—Coping Mechanism.
Tomás escuchó la canción. Antes de que pudiera decir algo, Emily se adelantó.
—No es complicada. El problema es la batería. Ninguno de nosotros sabe tocar.
—Podríamos hacerlo sin batería.
—No —cortó ella —Le quita la gracia. —se quedó callada y pensó. —Dudo mucho que me superes en guitarra… ¿Qué tal si te esfuerzas y aprendes batería? Solo esta vez. No será tan difícil. Además, podríamos ampliar repertorio
Tomás suspiró. — ¿No hay otra canción?
—No. Siguiente pregunta.
Se llevó las manos a la cara. —Sé que no cederás… Está bien. Pero solo por esta canción.
Emily sonrió, satisfecha.
Cada vez muestra esa cara más a menudo, pensó Tomás. Tendré que buscar un maestro de batería.
Los días siguientes fueron pesados. Por la mañana, Tomás iba a la escuela. Por la tarde, enseñaba a Emily. Por la noche, aprendía a tocar la batería.
No esperaba que fuera tan demandante. Sus brazos dolían y el ritmo se le escapaba con facilidad. Aun así, la energía de Emily lo arrastraba. No sabía de dónde salía, pero era contagiosa. No hacía mucho, ella apenas salía de su casa.
El día del open mic llegó. El lugar era pequeño. Un chico tocaba una guitarra acústica en el escenario mientras algunas personas lo escuchaban con atención. En una mesa cercana, alguien afinaba su instrumento.
Emily observó alrededor. —Genial —murmuró.
—¿Ya te anotaste? —preguntó Tomás.
Emily rodó los ojos y caminó hacia una pizarra cerca del escenario, donde varios nombres estaban escritos. Tomó un plumón y agregó el suyo. —Listo. Vamos después de ese tipo.
Tomás sintió cómo sus manos comenzaban a temblar, aunque su respiración se mantenía tranquila.
—¿Qué pasa? —preguntó Emily al volver —¿Te esforzaste demasiado?
— La batería es más difícil de lo que pensé.
—Si, me sorprendió que aceptaras. Hay que estar un poco loco para aprender batería en poco tiempo.
Tomás frunció el ceño. — ¿Sabías que esto pasaría?
—¿Tú no? — dijo Emily sonriendo.
El chico del escenario terminó. Un par de aplausos dispersos llenaron el lugar.
Emily tomó su guitarra. —Es nuestro turno.
Subieron. Los primeros segundos fueron torpes. Desincronizados. Trataban de sincronizarse.
Tomás sentía que cada golpe llegaba tarde.
—No pienses tanto —susurró Emily sin mirarlo —Nadie aquí es profesional… pero tampoco son sordos. Sígueme.
Respiró hondo. Y comenzaron.
Al principio, algunas miradas eran escépticas. Había conversaciones. Nada especial.
Cuando Emily cantó, su voz cayó con fuerza, potente y firme. Las conversaciones se detuvieron poco a poco. Alguien levantó la mirada. Otro dejó de hablar.
Emily subía y bajaba el tono con naturalidad, haciendo que los errores de Tomás se fundieran con la canción. Se movía por el escenario como si le perteneciera.
Cuando terminaron de tocar, Tomás miró al público, muchos sonreían o miraban boquiabiertos. Emily bajó del escenario riendo y se sentó.
Tomás dejó de pensar y la siguió.
Cuando terminaron, hubo un breve silencio… y luego algunas reacciones. Alguien asintió. Otro hombre levantó su vaso desde una mesa.
—Nada mal.
Emily bajó del escenario riendo. —Fue mejor de lo que esperaba. Nunca había cantado frente a un público, fue divertido.
—Me alegra. — dijo sonriendo.
Se sentaron en una de las mesas. Luego de reponer aire… y comer unos snacks, hablaron.
—¿Cuándo te dan los resultados de tu examen?
—Mañana.
—Ya veo… Cuando seas un médico famoso, ¿me darás algo para soportar la idiotez de la gente?
—No creo que sea necesario. Ya sabes manejar eso.
Emily se rio. — Si, ya me acostumbré.
Tomás dudó un momento antes de hablar. —Cuando tocaste… tu voz y tu guitarra se robaron el show. ¿Por qué la mía no suena así?
—Porque no tienes mi nivel… y tampoco la afinas.
—No pensé que fuera tan importante.
—Ese día, en la cafetería sonaba horrible. Iba a decírtelo, pero se me olvidó. —dudó antes de hablar. —Podría ir a tu casa y afinar tu guitarra, la pobre guitarra debe estar sufriendo.
—Puedo llevarla a tu casa, para que no camines.
—Si, pero me gustaría ver la habitación de catálogo que tienes. Seguro necesita unos cuantos cambios.
Tomás sonrió. —Está bien. Ven mañana… y de paso ves cómo soy el mejor en los estudios.
—Apuesto a que no entras ni en los primeros cinco. —se levantó. —Ya es hora de irnos. Mañana tengo que inspeccionar tu casa.
Caminaron juntos un buen tramo. Hablaron sobre cuándo volverían a tocar. Mientras más se acercaban hacia el final de su camino juntos fueron guardando silencio.
Emily miraba al frente, con una sonrisa suave. Rompió el silencio. —Me la pase bien… no sabía que cantar si sintiera así. —Giró ligeramente hacia él. —Me alegra haber tocado contigo.
Él la miró. —Tu fuiste quien hizo la mayor parte del trabajo.
—No creo. Pero, aun así, gracias.
Tomás guardó silencio un momento. —Cuando me convierta en médico, espero buenas propinas.
Emily se rio. —Te daré las mejores.
El día terminó con la promesa de afinar la guitarra en casa de Tomás.