El atardecer se colaba por las ventanas del bar, tiñendo el escenario de un tono anaranjado. Algunas mesas seguían ocupadas por clientes distraídos, mientras la banda anterior terminaba de guardar sus instrumentos.
Se giraron e intercambiaron miradas. —Nunca nos pusimos de acuerdo en quién tocaría qué. —dijo Tomás.
—Cierto… ya ni modo. Ya casi es nuestro turno.
—Pero ¿cómo vamos a tocar con dos guitarras?
—Pues... —se quedó pensando.
—¿Qué tal si tú cantas y yo toco?
Emily hizo una mueca. —No. Yo quiero tocar. —señaló la batería. —¿Aún recuerdas cómo hacerlo?
—No estoy seguro. Además, solo escuché la canción una vez.
—Pues es la única opción.
Siguieron discutiendo en voz baja hasta que la banda anterior bajó del escenario.
—Nuestro turno. —Emily subió sin dudar.
Cada uno tomó su lugar. Emily ajustó el micrófono y acomodó la guitarra contra su cuerpo. Tomás observó la batería intentando recordar el ritmo en su cabeza. Respiró hondo y entonces empezó. El primer golpe salió preciso, pero Emily entró antes y mucho más fuerte.
Su voz llenó el bar de golpe. Grave, áspera y mucho más potente de lo que cualquiera habría esperado.
Varias conversaciones se apagaron. Más de una persona giró la cabeza hacia el escenario.
Tomás perdió el ritmo por un instante y volteó a verla. Ella no lo veía, seguía concentrada tocando. Intentó alcanzarla sin éxito.
Cuando terminaron, no hubo aplausos inmediatos. El público seguía observando a Emily. Ella simplemente bajó del escenario.
Caminaron hacia la mesa sin decir nada.
Antes de sentarse, una mano cayó sobre el hombro de Tomás.
—Oigan, eso estuvo muy bueno.
Ambos voltearon al mismo tiempo, inexpresivos.
—Disculpen. —intervino otro chico acercándose. —Queríamos preguntar si ella podría cantar con nuestra banda. Nuestra vocalista no vino.
—No. —respondió sin siquiera pensarlo.
—Pero estoy seguro de que estarías mejor con alguien que sí sepa tocar. —miró a Tomás. —Sin ofender.
—No, tienes razón. —Tomás suspiró. —Emily… ¿segura que no quieres hacerlo?
Ella no contestó.
—Aunque sea una canción, por favor. Las bandas con vocalista llaman más la atención que las instrumentales.
Emily desvió la mirada hacia Tomás.
—Si quieres... Podrías intentarlo. Solo una. —añadió Tomás. —Pero si no quieres solo dilo.
Ella tardó unos segundos en responder.
—Me da curiosidad. —murmuró. —Pero solo una.
—Perfecto. —sonrió uno de ellos.
Emily lo interrumpió antes de que siguiera hablando. —Pero yo toco la guitarra. —dijo mirando fijamente al guitarrista.
Momentos después, Tomás y el guitarrista compartían mesa mientras el resto preparaba el escenario.
—Hiciste bien en no discutir. —comentó Tomás
—¿Por qué?
—Ella te habría sacado los ojos.
—¿Siempre es así?
Tomás soltó una pequeña risa. —No. Hoy está de buen humor.
Ambos miraron hacia el escenario.
Emily ajustaba el amplificador mientras los demás parecían seguirle el ritmo apenas.
—Esa chica tiene muy buena voz. —comentó él de repente. —Pero ese nivel de control solo se consigue practicando. Sabe exactamente cómo quiere sonar.
Tomás sonrió apenas al escucharlo.
—Aun así… —continuó el guitarrista. —Está tocando adelante y los demás van corriendo detrás.
—¿Y eso es malo?
—Ya tocaste con ella. Seguro lo sentiste.
La canción empezó. El sonido salió rápido, pesado, casi agresivo.
Los miembros de la banda comenzaron a tensarse. El baterista aceleraba para seguirla. El bajista miraba sus manos demasiado seguido.
Emily, en cambio, se veía tranquila. Incluso sonrió mientras miraba a Tomás desde el escenario. Entonces aumentó todavía más la intensidad y nadie logró alcanzarla.
Cuando terminaron, el sonido cayó de golpe.
Emily permaneció quieta un segundo antes de bajar del escenario.
Los miembros se veían agotados. Tardaron un poco más en recuperarse.
—¿Y? —preguntó Emily al volver.
Tomás miró primero a la banda agotada. —Pareció que iban corriendo.
—No era complicado.
—No para ti.
Uno de los músicos se acercó todavía intentando recuperar el aliento.
—Lo siento. —rio nervioso. —No estamos acostumbrados a tocar algo así.
—Entonces no estorben.
El chico bajo la cabeza sin responder.
—Oye. —Tomás hizo un gesto rápido. —No le hables así. Solo no están acostumbrados.
Emily abrió la boca para responder, pero una voz la interrumpió.
—No sabía que tocabas. —dijo una chica detrás suya.
Ambos voltearon y a lo lejos, en la mesa, se figuraba un antiguo compañero de clases.
—No dejas de sorprenderme. —gritó Iván desde lejos. —Primero el concierto y ahora esto.
Tomás abrió la boca, pero no encontró qué decir.
—Supongo que ella es Emily. —añadió Iván. —Nunca la había visto tan de cerca.
Emily los observó sin expresión. —¿Ustedes son?
—Íbamos en el mismo salón que él. —respondió Iván. — No esperábamos encontrarlos aquí. Siéntense un rato.
—No me siento con desconocidos.
La chica soltó una pequeña risa. —Es la primera vez que escucho a alguien tocar algo de St. Vincent aquí.
Emily reaccionó de inmediato. —¿La conoces?
—Por supuesto. Es una de las mejores guitarristas. Hasta hizo sonar interesante a Taylor.
—Sí, la parte de...
La conversación empezó a fluir sola.
Tomás solo pudo mirarlas, sin entender realmente lo que decían.
—Deja que ellas hablen. —dijo Iván. —Toma algo.
—No bebo, gracias.
—Qué pena. —bebió un largo trago. —Entonces ella es tu novia.
—No lo es.
—¿Qué? ¿Y lo del beso?
Tomás dudó antes de responder. —Lo aclaramos.
—¿Y?
—...A ambos nos gustó.
Iván soltó una carcajada. —¿Pero no son novios?
—Nunca... hemos hablado de eso.
—¿Y ella qué piensa?