Entre acordes rotos

Capítulo 37: Ritmo

La música sonaba entre las mesas mientras los meseros esquivaban a la gente con varias charolas. Cerca del escenario alguien afinaba una guitarra.

Emily giraba distraída su vaso entre las manos.

—Lo pedí sin alcohol. —dijo Iván. —¿Enserio no toman? Son muy raros.

—Lo probamos hace tiempo y sabía horrible —respondió Tomás.

—Ya déjalos. No a todos les gusta. —Ana tomó los vasos y los apartó de ellos antes de que Iván insistiera más.

—Era para celebrar... —murmuró Iván.

—Sí, pero no tienes que forzar a nadie. Para la próxima ya no te cuento nada. —Ana apoyó el codo sobre la mesa y miró a Emily —Entonces… ¿cómo la han pasado?

Emily y Tomás se voltearon a ver. —Normal —respondieron al mismo tiempo.

Ana soltó una pequeña risa.

—Que aburridos. —soltó Iván.

Rápidamente le dio un codazo a Iván. Él se dejó caer dramáticamente sobre la mesa mientras los otros dos lo observaban.

—Perdón, es que es idiota.

Ambos se quedaron callados.

—Los invitamos para pasar el rato —añadió Ana.

Emily recorrió el lugar con la mirada. En unas mesas una pareja discutía en voz baja sin dejar de sonreír para las apariencias. Cerca del escenario, un grupo esperaba con los celulares listos mientras la banda terminaba de afinar. —¿Y esto es lo que hace la gente normalmente?

—Más o menos. —Ana sonrió —Entonces… ¿qué hacen ustedes cuando salen?

Emily y Tomás volvieron a mirarse.

—Hablamos de cosas incómodas —respondió Emily.

—¿Cosas incómodas tipo cómo esconder un cuerpo? —preguntó Iván.

—Depende del día. —contestó ella con calma.

Iván levantó apenas la cabeza. —Pues sí que son raros.

Ana volvió a empujarlo hacia abajo. —Si no vas a aportar nada útil, cállate.

—Ayúdenme… —murmuró él con la voz aplastada contra la mesa.

Tomás soltó una risa seca. Emily también sonrió apenas.

—Espero que Tomás no sea igual de molesto —comentó Ana.

—Creo que es al revés —dijo Tomás.

—No te preocupes. Lo tengo controlado. —Emily respondió sin siquiera mirarlo.

—Tomás, si no huyes ahora, terminarás como yo —añadió Iván antes de que Ana le metiera un trozo de pan en la boca.

Tomás se quedó mirándolo, boquiabierto.

Las chicas intercambiaron una mirada y terminaron riéndose.

La conversación continuó entre bromas absurdas y comentarios sin importancia.

Después de un rato, Tomás se levantó de la mesa. —Voy al baño.

Emily lo siguió con la mirada unos segundos antes de ponerse de pie también. —Ya vuelvo.

—Son raros.

Iván soltó una pequeña risa. —Sí, nunca pensé que personas así existieran.

—El mundo es más grande de lo que crees. —Ana sonrió ligeramente —Pero me gusta que sean así.

Iván asintió despacio. —A mí también.

Ambos compartieron una pequeña sonrisa antes de volver a guardar silencio.

Tomás se detuvo frente al espejo del baño. Se echó agua en la cara y permaneció unos segundos apoyado sobre el lavabo. Instantes después, salió al pasillo y se encontró con Emily apoyada en la pared, esperándolo.

—¿Vienes a esconderte? —preguntó ella.

—No me escondo... solo es mucho que procesar, nunca había hablado tanto con otras personas.

—Sí. Ana me preguntó cuáles son nuestros planes a futuro.

—¿Planes?

—Si, cosas como que haremos después, si pasaremos navidad juntos y esas cosas. —Emily se cruzó de brazos— Apenas sé qué voy a desayunar mañana.

Tomás se recargó junto a ella contra la pared. —Iván dice que voy a terminar como él.

—¿Sometido? —Emily soltó una carcajada seca —No tienes esa suerte. No necesito golpearte para que me hagas caso.

—Ya me imaginaba que estarían conversando. —dijo Ana a la distancia. —¿Te importa si la tomo prestada un momento?

—No —respondió Tomás antes de regresar a la mesa.

Al llegar, Iván lo recibió con una sonrisa. —¿Ya charlaron sobre el sentido de la vida?

Tomás soltó una risa baja y tomó asiento.

Ambos guardaron silencio un momento.

Iván finalmente habló más serio. —Oye… lamento lo que dije sobre Emily cuando nos vimos en la panadería.

Tomás lo miró fijo.

—No la conocía más allá de los rumores. —Iván desvió un poco la mirada— Pero, es una chica graciosa a su manera. Y no creo que sea lo que todos dicen de ella.

—No, no lo es. —respondió firme. —¿Ana lo sabe? Sobre los rumores.

—Sí

—Ya veo.

—Y aun así se lleva bien con ella. —sonrió apenas —Creo que Emily necesitaba hablar con alguien más aparte de ti.

Ambos guardaron silencio.

Iván esbozó una débil sonrisa. —¿Recuerdas la clase de ética? Recordé una frase del profesor.

—¿Cuál?

Iván miró hacia arriba unos segundos. Buscando entre sus pensamientos. —Para desarrollarnos, es importante interactuar con pares. Porque, si no socializamos... no lo lograremos.

Tomás lo miró fijo. —No sabía que ponías atención.

—A veces algo se me queda.

A lo lejos aparecieron Ana y Emily riendo entre ellas.

—¿Algo bueno paso? —preguntó Iván.

Ana y Emily intercambiaron una mirada rápida. —Es cosa de chicas. —respondieron al mismo tiempo antes de reír.

Siguieron hablando durante un largo rato. Entre bromas, comida y comentarios absurdos, Emily comenzó a sonar menos agresiva.

—De verdad son la pareja más rara que conozco. —dijo Iván.

—Tú tampoco eres normal. —respondió Emily.

—Gracias.

La última canción terminó entre aplausos dispersos. Las luces del escenario se encendieron por completo mientras los músicos comenzaban a guardar cables y pedales. Uno de ellos levantó la vista y, al reconocer a Emily, se detuvo.

—Oye... eres la chica de la vez pasada.

—Y ustedes los intentos de músicos.

Toda la mesa quedó en silencio.

—Emily... —exclamó Tomás.

—¿Qué quieren? —prosiguió ella.

El guitarrista se rascó la nuca incomodo. —Queríamos preguntarte si te gustaría volver a tocar con nosotros.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.