La habitación permanecía casi a oscuras, iluminada únicamente por la lámpara del tocador. La funda de la guitarra seguía apoyada contra la pared, exactamente donde la había dejado al volver del bar.
Emily terminaba de secarse el cabello cuando su celular vibró sobre la cama.
—¿Ya te sientes mejor? —preguntó Ana apenas contestó Emily.
—Creo que sí.
—Me preocupé cuando te vi salir del bar. Menos mal que Tomás fue contigo.
—Sí… —murmuró.
Por el otro lado de la línea, Ana intentaba encontrar las palabras adecuadas. —Sandra no es mala...
—¿Para qué me llamaste? —interrumpió Emily.
Del otro lado hubo una breve pausa antes de que Ana volviera a hablar. —Quería saber si pensaste en el plan que te propuse.
—¿Plan?
—¿Ya se te olvidó? El que te dije cuando estábamos en el baño. Ya casi es Año Nuevo.
Emily se llevó una mano a la frente. —Se me olvidó por completo.
—Lo imaginé. —respondió Ana. —Por eso te estoy llamando.
Emily se dejó caer sobre la cama. —No entiendo porque es tan importante.
—¿Cuándo has hecho tú algo por él?
Emily desvió la mirada hacia el techo, tratando de recordar. —Le enseñe a tocar, compartí mi pastel, lo lleve a un concierto. Lo fui a consolar a su casa...
—Sí, pero todas esas cosas eran cosas que a ti te gustan o querías compartirle. Dime algo que le guste a él.
Emily abrió la boca, pero no respondió de inmediato. —Pues… le gusta el orden, estudiar, la mala música… leer y eso.
—¿Sabes cuál es su comida favorita? ¿Su color favorito? ¿Qué películas le gustan? ¿Qué suele leer?
Emily guardó silencio. —Nunca se lo pregunté.
—¿Por qué?
—Porque… él nunca habla de eso.
En la otra línea comenzaron a escucharse voces y ruido de fondo.
—Ya me tengo que ir. Piénsalo un poco y nos vemos mañana.
—Pero yo no...
La llamada terminó antes de que pudiera responder. Segundos después llegó un mensaje.
“Mañana a la 1.”
Emily dejo caer el celular a un lado. Miró el techo aun pensando en lo que Ana mencionó. Sin darse cuenta de quedó dormida.
El centro comercial estaba lleno de familias aprovechando las vacaciones de fin de año. Los villancicos sonaban por los altavoces mientras enormes adornos rojos y dorados colgaban del techo. Cerca de la entrada, un árbol de Navidad casi alcanzaba el segundo piso.
Emily apenas llegó, miró a la chica de cabello oscuro con mechones plateados que esperaba junto a Ana.
—¿Y está quién es? —preguntó Emily.
La desconocida sonrió inmediatamente. —Hola, soy Daniela, pero puedes decirme Dani —extendió la mano sin dudar.
Emily recorrió a Daniela con la mirada sin decir nada.
Después de unos segundos, Daniela bajó la mano lentamente. —Publico difícil. —dijo sonriendo.
—Ella —respondió Ana. —Es la hija de la dueña de esta tienda. Nos hará un descuento.
Daniela asintió exageradamente.
—El dinero no es un problema —murmuró Emily.
—¿Acaso eres rica? —preguntó Daniela.
Emily no le respondió, la miró unos segundos antes de volver hacia Ana. —Por eso no creo que sea necesaria.
—¿Por qué eres tan fría conmigo? —exclamó de forma exagerada.
—Ella nos ayudará a encontrar algo que le guste.
—No es necesario.
—¿Por qué? ¿Ya sabes que le gusta?
Emily se quedó callada.
—Oigan no me ignoren. —dijo Daniela.
—Perdónala. No sabe callarse. —Ana soltó un suspiro cansado. —Entremos antes de que huyas. Y tú Daniela, relájate un poco.
Daniela dejó caer los hombros. —Sí, sargento. —respondió con voz más seria.
Sobre la tienda se apilaban los estantes de productos diversos: electrónica, cosméticos, cocina y productos varios sin una función aparente a simple vista.
—La mayoría son cosas chinas, así que escojan bien —comentó Daniela mientras caminaban entre los pasillos.
Emily observó los objetos con desconfianza. —Fantástico, le voy a regalar algo que no funciona.
—Que sea barato no significa que no sirva —respondió Daniela —Solo… quizá sea un poco frágil.
—Mejor no regalo nada.
Ana le dio un ligero golpe en el hombro. —No puedes rendirte tan rápido.
—Claro que puedo.
Daniela tomó unos audífonos de un estante. —¿Le gusta escuchar música?
—Creo.
Daniela levantó la ceja. —¿Crees? ¿Acaso no se conocen desde hace tiempo?
Emily evitó mirarla.
—Verás… Emily nunca le preguntó cosas así. Por eso estamos aquí —explicó Ana.
—Pero necesito algo más que “creo”. —Daniela inclinó la cabeza —Dime algo de él. Su comida favorita, una película, algún hobby...
—A todo lo que intentes pensar, ella no lo sabe. —interrumpió Ana.
—Entonces partimos desde la nada. ¿Entonces por qué quieres darle un regalo si no sabes que le gusta?
—Fue... —murmuró Emily. —idea de Ana.
—Sí, pero tú aceptaste.
—No pensé en ese momento... —entrecerró los ojos mirando el piso. Momentos después los abrió de par a par. —¡Me engañaste!
—No, tu mencionaste que querías hacer algo por él.
—Sí, pero no un regalo.
—Entonces, ¿querías algo más subido de tono?
—¡No! Solo...
—Oigan ya fue suficiente. —dijo Daniela poniéndose en medio. —Está claro que Emily no trató de expresarse de esa forma, no veo necesidad de insinuar eso.
—Solo jugaba con ella. —respondió Ana.
Daniela cruzó los brazos. —No es propio de ti.
Ana no respondió y se hizo a un lado.
—Entonces Emily, a qué te referías a hacer algo por él.
—No sé, a hacer algo. —bajó la cabeza. —Quizás un regalo.
Daniela la miró intentando procesar la respuesta—¿Todo esto para llegar al mismo punto? —murmuró.
—Es que se me hace raro pensar en algo pequeño.
Ana cruzó los brazos. —Porque no es algo pequeño. Un regalo no solo es el objeto.
Emily la miró. —Entonces ¿qué es?
Ana tomó una pequeña caja musical entre sus manos. —Es decirle a alguien, pensé en ti cuando vi esto.