Entre Dos Destinos

LO QUE NO DEBÍA SABERSE

La chica tomó a Daniel del brazo.

—Ven conmigo. Ahora.

Sin esperar respuesta, empezó a correr por un callejón estrecho.

Daniel apenas podía seguirle el paso.

—¿Quién eres? —preguntó él entre respiraciones.

—Después hablamos.

Doblaron otra esquina y entraron a una pequeña tienda abandonada.

La chica cerró la puerta rápidamente y apagó la única lámpara encendida.

Todo quedó oscuro.

Afuera se escuchaban pasos.

Lentos.

Buscando.

Daniel intentó hablar, pero ella le tapó la boca.

—Shh…

Los pasos se detuvieron justo frente a la puerta.

Silencio absoluto.

Daniel podía escuchar su propio corazón.

Pasaron unos segundos eternos.

Luego…

los pasos continuaron alejándose.

La chica soltó lentamente el aire.

—Por poco.

Daniel la miró confundido.

—¿Cómo sabías que venían por mí?

Ella dudó unos segundos.

—Porque ya los he visto antes.

—¿Quiénes son?

La chica bajó la mirada.

—Gente peligrosa.

Daniel recordó las palabras que había escuchado en el restaurante.

Dinero. Problemas. Alguien herido.

—¿Qué esconden?

La chica levantó los ojos lentamente.

—Algo que nunca debiste oír.

Daniel sintió un escalofrío.

—Entonces dime la verdad.

Ella dudó otra vez.

Pero finalmente habló.

—Hace dos meses… una persona desapareció después de investigar a ese grupo.

Daniel tragó saliva.

—¿Desapareció…?

—Y no fue la única.

En ese instante…

se escuchó un golpe fuerte en la puerta.

¡BAM!

Ambos se congelaron.

Otro golpe.

Más fuerte.

¡BAM! ¡BAM!

Y entonces una voz sonó desde afuera.

—Sabemos que están ahí.




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