Entre el Hielo y las Estrellas

Capítulo 1

Elara

La arena ruge de emoción cuando Grant Walker irrumpe en la pista de hielo portando el uniforme de los Pittsburgh Monarchs.

Yo soy la que más aplaude.

Soy la mujer más orgullosa y enamorada del estadio mientras mis ojos se llenan de lágrimas al verlo sonreír a la arena que lo aclama. Sus ojos verdes brillan con esa energía contagiosa que siempre aparece antes de un partido importante.

—¡Mamá! ¡Mamá! —llama June, a gritos, con los brazos en alto—. ¡Cárgame! ¡Ya viene papá!

Y es justo lo que hago, sin pensarlo siquiera.

June se aferra a mi cuello con un brazo mientras con el otro saluda efusivamente al equipo que empieza a desfilar por delante de nosotros.

Miro hacia mi lado.

Alicia, la esposa de Jon, el portero, me regresa una sonrisa emocionada y luego se concentra en su marido.

Yo hago lo mismo mientras sujeto con fuerza a June.

Nos encontramos en la primera fila con las demás familias de los jugadores del equipo.

Entonces, frente a nosotros, comienzan a detenerse un poco para saludar.

Los jugadores dan pequeños golpes en el cristal como saludo. Hacen corazones con las manos o regalan sonrisas a sus hijos y esposas.

—¡Ahí está papá!

—¡Es verdad, cariño! —chillo, emocionada.

Y, entonces, Grant Walker se detiene frente a nosotros.

Mi esposo.

Mi pecho se infla de orgullo y amor al verlo tan guapo y con esa sonrisa llena de ternura para June.

Acerco a nuestra hija al cristal. Sus manitas se colocan sobre éste mientras Grant hace lo mismo del otro lado.

—Te amo —dice él, moviendo los labios.

—¡Yo te amo más, papá! —grita June.

Grant hace un corazón con las manos que nuestra hija imita a la perfección.

Yo amplio mi sonrisa. Levanto la mano, lista para saludarlo y decirle, aunque sea con un gesto, lo mucho que lo amo y lo orgullosa que estoy por verlo a punto de llegar a los playoffs.

Por un instante, creo que va a mirarme.

Pero…

Grant vuelve a buscar únicamente a June con la mirada. Le guiña un ojo. Golpea una última vez el cristal frente a ella… Y continúa avanzando junto al resto del equipo.

Mi mano permanece suspendida en el aire un segundo más. Poco a poco, mis dedos se aflojan antes de bajarla despacio.

June continúa agitando los brazos, emocionada. Es la más grande admiradora de su padre.

Yo, mientras tanto, miro sin proponérmelo a Alicia cargando a su pequeño hijo de un año frente al cristal mientras Jon, el portero, la contempla con todo el amor del mundo. Luego se inclina, besa el cristal justo a la altura de su hijo y, después, lo hace en el sitio donde está su esposa.

Y no son los únicos.

Uno a uno, los jugadores rezagados se detienen unos segundos frente al cristal para dedicarles una sonrisa, una palabra o un gesto cariñoso a las mujeres con quienes comparten la vida.

Y yo los miro, siempre lo hago.

Me pregunto cómo se sentirá que alguien todavía te busque con la mirada entre miles de personas.

Hace tanto que no me sucede… que ya ni siquiera lo extraño todos los días.

Un ardor incómodo me invade los ojos.

Parpadeo varias veces, empeñada en contener esas lágrimas ridículas que amenazan con salir.

Qué tontería.

Alicia vuelve la vista hacia mí y, apenas nuestras miradas se encuentran, lo entiende.

—Lo siento, Elara…

—No pasa nada —miento, tragándome el nudo que se instala en mi garganta—. Debe estar nervioso por el partido, es todo.

Ella no responde, pero hace falta. Las dos sabemos que esa excusa dejó de ser convincente hace mucho tiempo.

El público vuelve a rugir cuando el capitán de los Pittsburgh Monarchs recorre la pista de hielo.

Owen Morrison.

Patina por delante de la fila donde estamos las familias de los jugadores. Saluda a un niño con un ligero golpe en el cristal, sonríe a una pareja unas filas más adelante y, al acercarse a nosotras, sus ojos pasan primero por June.

Después se desvían hacia mí.

Su expresión cambia apenas un instante, casi imperceptiblemente.

Entonces levanta la mano y golpea una vez el cristal, como si quisiera asegurarse de no dejar a nadie sin un saludo.

Le devuelvo el gesto casi por reflejo.

Él me dedica una sonrisa amable antes de seguir patinando hacia el centro del hielo.

—¡Tío Owen también nos saludó! —celebra June, dando pequeños brincos entre mis brazos.

Una sonrisa cansada termina escapándose de mis labios mientras observo al capitán alejarse.




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