Entre el Hielo y las Estrellas

Capítulo 3

Owen

❄︎

El amor es algo que dejé de buscar hace muchos años.

Después de que mi ex esposa se marchó con su entrenador del gimnasio, decidí quedarme solo.

En realidad, con mis horarios como capitán de los Pittsburgh Monarchs es complicado tener una relación.

Por algo me engañaron, ¿no? Bueno, eso dijo Liz.

En palabras de mi ex, todo fue mi culpa.

Una parte de mí sabe que no es así, que pudimos hablar, intentar salvar nuestro matrimonio.

Pero otra parte… sabe que ella tiene razón.

Liz y el hockey eran mis grandes amores.

Pasé años amando y adorando a la misma mujer, desde que estábamos en la universidad. Y para mí era la criatura más grácil e inteligente sobre la tierra.

Cuando ella se marchó, me quedó el hockey. Y me enfoqué en ello.

Los analistas deportivos suelen decir, medio en broma y medio en serio, que lo mejor que pudo pasarme fue que me engañaran. Porque mi nombre ahora se encuentra entre las leyendas del hockey.

Algún día moriré y las siguientes generaciones todavía hablarán de mí.

Y eso debería bastar, ¿no?

Hasta hace unos años bastaba. Era suficiente.

Pero ahora, con mi retiro cada vez más cerca, empiezo a descubrir que los aplausos también terminan. Los estadios se vacían. Los compañeros cambian de equipo. Y, cuando todo eso ocurre… la soledad ya no parece tan buena.

El problema es que no quiero volver a enamorarme. Y me siento ridículo pensando eso, ¿no suelen ser los hombres quienes rompen el corazón de las mujeres?

No puedo hablar con nadie de esto.

Es… vergonzoso…

Así que, con mi retiro cada vez más cerca, he decidido encontrar un propósito que exista incluso cuando deje de jugar.

Por eso he abierto este centro educativo, el North Star Youth Center. Un sitio donde los niños pueden descubrir aquello que los hace levantarse con ilusión cada mañana.

Y por eso estoy aquí. En pleno agosto, mi último mes de tranquilidad antes de que el hockey vuelva a devorarlo todo.

Judith Williams, la directora, tiene los currículums apilados sobre su escritorio. Ya ha elegido a los profesores para todas las asignaturas que tendremos en el centro educativo, que van desde deportes como el hockey o el fútbol americano hasta la biología.

Ha hecho un gran trabajo.

Fue mi profesora en la universidad y, cuando decidí que haría esto, supe que la quería a ella al frente para hacerse cargo cuando yo no esté.

Abro un par de carpetas. Reviso los currículums y asiento con aprobación al ver al personal que ha elegido.

Definitivamente sabe lo que hace.

La puerta de la dirección se abre, causándome un sobresalto.

Judith sonríe al verme al lado de su escritorio.

—Buenos días, señor Morrison.

—¿Cómo que «señor Morrison»? —reclamo, cerrando la carpeta que sostengo—. Sólo dime Owen, ¿de acuerdo?

Ella pone los ojos en blanco y cierra la puerta.

—Es mi jefe.

—Fuiste mi profesora —le recuerdo—. Nada de «señor»… Ya sé que soy viejo, pero no tienes que recordármelo cada cinco minutos.

—¿Viejo? —ríe ella—. Tienes treinta y nueve años, por favor.

—Cumplo cuarenta años en diciembre —recuerdo, desanimado—. Y cuarenta suena mucho peor que treinta y nueve.

Judith ríe mientras se acerca a los archiveros del rincón. Abre un cajón y comienza a revisar.

Era mi profesora más estricta, pero también la que me hizo entender que nada justificaba una mala calificación, ni siquiera el hockey.

—Bueno, joven Owen —suelta, con ironía—. Las inscripciones son una locura… ¡Es como si todo Pittsburgh quisiera unirse!

—Eso es bueno —sonrío—. ¿Qué opinas?

Judith cierra el cajón y me mira por arriba de sus gafas.

—Opino que… esto es justo lo que la ciudad necesitaba.

Sonrío, satisfecho. Y escucho los pormenores del proceso de inscripción.

Judith ronda los cincuenta años. Tiene el cabello blanco y es de estatura bajita. Era mi profesora más estricta, pero también la que me hizo entender que nada justificaba una mala calificación, ni siquiera el hockey.

—Y hay algunos reporteros —añade, al final.

Noto su desagrado.

—Lo siento.

Ella encoge los hombros.

—Supongo que es una verdadera noticia que una estrella de la NHL inaugure un campus como éste.

—Luego se les pasa —minimizo—. Al rato publican una fotografía de Poppy y Jase, y entonces ya seremos noticia vieja.

Judith ríe mientras lee el expediente que ha sacado del archivero.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.