—Cinco minutos más… —murmuró Hana, hundiendo la cara en la almohada contra la luz que se colaba por la ventana.
—No —respondió su madre desde la puerta—. Eso nunca son cinco minutos, son veinte.
Hana dejó escapar una risa apagada, todavía medio dormida.
—Tenía que intentarlo.
—Y yo tenía que decir que no.
Hana abrió un ojo. Luego el otro. Se quedó sentada un momento en la cama, con el cabello desordenado, dejando que el mundo terminara de encajar. El cuerpo se sentía pesado, como si el entrenamiento del día anterior se hubiera quedado en algún lugar entre los músculos.
Se puso de pie finalmente, arrastrando un poco los pasos hacia la cocina. El calor la recibió antes que el olor: pan tostado y café recién hecho. Hogar.
—Hoy tienes laboratorio, ¿cierto? —preguntó su madre sin girarse.
—Sí… evaluación de movimiento.
Hana sacó una botella de agua del refrigerador y bebió un trago largo.
—Entonces hoy te toca analizar a todo el mundo —comentó su madre, dejando una taza frente a ella.
—Esa es la idea.
—Incluyéndote a ti misma, supongo.
Hana apoyó la botella en la encimera, mirándola de reojo.
—Siempre lo hago, mamá.
—Sí… pero no siempre con la misma paciencia.
Hana soltó una pequeña risa.
—Eso fue directo al punto.
—Es que te conozco.
—Ese es tu problema.
—Y mi ventaja —su madre asintió—. Come algo. Lo necesitas.
—
El bus iba lleno, como siempre. Hana se sostuvo del pasamanos mientras el vehículo frenaba con esa brusquedad innecesaria de la hora punta. Ajustó el peso sin pensar, el cuerpo reaccionando por puro instinto de equilibrio.
—Esto debería contar como entrenamiento de estabilidad —dijo una voz a su lado.
Hana no necesitó girarse.
—Depende… ¿el objetivo es sobrevivir o llegar peinado?
—Nivel experto en ambas —respondió Lucía, acomodándose entre la gente.
Bajaron juntas un par de minutos después, esquivando el flujo de personas.
—Dormiste poco —sentenció Lucía mientras cruzaban hacia la facultad.
—¿Tan evidente es?
—No por la cara… es otra cosa. Como si estuvieras un poco más… lenta. No de mente, sino de ritmo.
Hana frunció apenas el ceño, procesándolo más como dato que como crítica.
—Puede ser —admitió.
Lucía sonrió de lado.
—Wow. ¿Acabas de admitir una debilidad?
—No te emociones. Es solo una observación técnica.
—
El laboratorio de kinesiología estaba lleno de murmullos y el sonido de pasos repetitivos.
—Otra vez —indicó el profesor al fondo.
Lucía repitió la secuencia de marcha frente a Hana. Paso. Apoyo. Giro. Se detuvo y la miró.
—¿Qué ves, doctora?
Hana cruzó los brazos, observando con atención.
—Cargas más el lado derecho. En el despegue del talón.
Lucía bajó la mirada a sus pies.
—¿En serio?
—Sí. El tobillo está compensando algo.
—Genial… estoy rota.
—No —Hana negó suavemente—. Solo desbalanceada.
Lucía resopló.
—Gracias por el diagnóstico. Ahora te toca a ti.
Hana dudó apenas un instante, casi imperceptible. Luego avanzó por la línea de evaluación.
Paso.
Apoyo.
Giro.
Limpio. Natural. Sin esfuerzo visible.
Pero, en medio del movimiento, sintió algo distinto.
Una sensación mínima, difícil de nombrar. No era dolor, ni molestia… solo un ajuste que no había estado ahí antes.
Como si el movimiento necesitara un pequeño cambio para sentirse correcto.
Por un segundo, el movimiento le resultó familiar.
Como si su cuerpo ya supiera… antes que ella.
—“No pienses tanto. Siente el ritmo.”
La voz apareció sin aviso.
Hana parpadeó.
Y terminó la secuencia.
—
Lucía no dijo nada al principio. Solo la miró.
—No es justo. Lo haces ver como si fuera lo más fácil del mundo.
Hana se encogió de hombros.
—Es costumbre, Lucía. Solo eso.
Lucía asintió… pero no apartó la mirada de inmediato.
—
La tarde en el CAR empezó con la familiaridad de siempre.
El olor.
El sonido del tatami.
Las voces mezcladas.
Hana se vendó las manos con movimientos automáticos.
—¡Atención! —la voz de Vega puso orden—. Hoy quiero continuidad. Movimientos fluidos. Si dudan, el oponente lo sabe antes que ustedes.
—
El entrenamiento comenzó.
Repetición.
Respiración.
Ritmo.
Hana se movía como siempre: precisa, silenciosa.
—Más corto el paso —indicó Vega al pasar.
—Sí.
Ajuste inmediato.