Entre Golpes y Silencios

Capítulo 13: Nacional

—Te juro que si vuelvo a escuchar la palabra “biomecánica”, abandono la carrera.

Lucía caminaba arrastrando los pies por el pasillo de la universidad mientras se comía una barra de cereal aplastada.

—Llevas diciendo eso desde primer año —dijo Hana.

—Y sigo aquí. Eso demuestra compromiso.

—O poca capacidad de escapar.

Lucía soltó una risa cansada.

Más atrás, Nicolás venía peleando con la tapa de un café.

—¿Por qué estas cosas nunca abren cuando uno las necesita?

—Porque te odian —respondió Tomás.

—No entiendo por qué somos amigos.

—Porque nadie más te aguanta.

—Durísimo.

Hana negó con la cabeza sonriendo apenas mientras bajaban las escaleras hacia la salida.

El campus estaba distinto esa tarde.

Más liviano.

Como si después de los exámenes todo el mundo hubiera vuelto a respirar.

Había estudiantes tirados sobre el pasto, gente durmiendo sobre mochilas, grupos completos riéndose demasiado fuerte por puro agotamiento acumulado.

—Hoy quiero llegar a mi casa y desaparecer —dijo Lucía.

—Yo quiero comer —respondió Nico.

—Eso no cambia nunca.

—Porque es un objetivo noble.

Tomás iba a responder algo cuando frenó apenas el paso.

—¿Por qué hay tantos autos afuera del CAR?

Los cuatro levantaron la vista.

Y sí.

Había mucho más movimiento de lo normal.

—¿Qué onda? —preguntó Lucía.

Incluso desde afuera se escuchaba ruido.

Más voces.

Más actividad.

Cuando entraron al gimnasio, el ambiente les cayó encima de golpe.

No parecía un entrenamiento normal.

Había alumnos de otros horarios, instructores moviendo petos, gente armando listas, grupos completos hablando al mismo tiempo.

—Ya empezó el caos… —murmuró Nico.

Pero estaba sonriendo.

—¿Qué pasó? —preguntó Lucía a una chica que pasó trotando.

—¿No les dijeron? —respondió ella, sorprendida—. Hoy anuncian lo del nacional.

Los cuatro se quedaron quietos un segundo.

—¿Qué nacional? —preguntó Tomás.

La chica abrió más los ojos.

—¿Vega no les dijo nada?

—No.

—Encuentro nacional universitario. En tres semanas.

Y salió corriendo antes de que pudieran seguir preguntando.

Lucía giró lentamente hacia el resto.

—No puede ser.

Nico soltó una carcajada corta.

—Ah, no. Ya fue.

—¿Qué? —preguntó Hana.

—Hace años que Vega no manda gente al nacional grande.

Eso sí llamó su atención.

Antes de que pudieran seguir hablando, una voz atravesó el gimnasio.

—¡Grupo avanzado al centro, ahora!

Vega.

El ruido bajó apenas mientras todos empezaban a acercarse.

Pero no desapareció.

Seguían las conversaciones cruzadas, las especulaciones, la gente preguntando cosas al fondo.

Mateo estaba cerca de una de las columnas hablando con otro instructor cuando Nico lo vio.

—¡Oye!

Mateo levantó la cabeza.

Y automáticamente cambió la expresión al reconocerlo.

—Míralo… apareció el veterano —dijo Nico acercándose.

—Estoy literalmente aquí todas las semanas.

—Sí, pero vuelves justo cuando anuncian el nacional. Sospechoso.

Mateo soltó una pequeña risa.

—Qué coincidencia.

Tomás se cruzó de brazos.

—¿Tú competiste ahí?

Ahora sí varios cerca escucharon la pregunta.

Mateo dudó apenas.

—Hace tiempo.

—¿Y qué tal era? —preguntó Lucía.

—Pesado.

—¿Eso significa difícil o traumático?

—Ambos.

Nico soltó una risa fuerte.

—Sí, eso suena al nacional.

Vega volvió a levantar la voz desde el centro.

—¡Silencio!

Esta vez sí todos callaron.

Vega miró al grupo completo antes de hablar.

—El CAR va a participar en el nacional universitario este año.

Incluso quienes ya lo sabían reaccionaron.

El ruido volvió de inmediato.

Más fuerte.

—¡¿En serio?!

—¡Con razón estaban armando listas!

—¿Van todos?

—¿Cómo será la selección?

—¡Silencio! —cortó Vega otra vez.

Y el gimnasio volvió a frenarse.

—No va a ir cualquiera.

Directo.

Seco.

Muy Vega.

—Voy a elegir gente que pueda competir de verdad. No me sirve talento si se quiebran a la mitad.

Ahora sí el ambiente cambió.

Porque dejó de ser emoción.

Y empezó a sentirse competencia.

Hana lo notó enseguida.

La forma en que algunos empezaron a mirar alrededor.

Midiendo.

Calculando.

—Las evaluaciones empiezan mañana —continuó Vega—. Quiero puntualidad, resistencia y cabeza. El que venga a improvisar, sobra.

—Qué manera elegante de amenazar gente —murmuró Nico.

—Te escuché.

—Sí, profe.

Algunos se rieron bajo.

Incluso Vega sonrió apenas antes de seguir.

—Y otra cosa.

Esperó un segundo.

—No porque entrenen juntos significa que son amigos cuando entran al tatami.

Eso cayó distinto.

Más pesado.

Tomás bajó apenas la mirada.

Lucía dejó de sonreír.

Nico exhaló lento.

Porque ahora sí parecía real.

Muy real.

🔹 Después

El entrenamiento fue un desastre.

Pero no por malo.

Por ansioso.

Todos querían demostrar algo.




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