Entre Harina y Orgullo

Capítulo 5: El Factor Lukas

El sol de la mañana iluminaba el patio central de la facultad de derecho, pero para Dimitris Angelopoulos, el día estaba completamente nublado. Estaba de pie junto a una de las columnas de mármol, con los brazos cruzados sobre el pecho y una expresión tan sombría que ni Eros ni sus otros amigos se atrevían a hablarle. Thanos, a su lado, solo lo miraba de reojo, divirtiéndose en silencio con la evidente tormenta que su amigo llevaba por dentro.

La razón de su furia estaba a unos pocos metros, justo en las escaleras de la entrada principal.

Ahí estaba Alessa Moretti, vistiendo una falda casual y su libreta de notas en la mano, sonriéndole de una manera brillante y genuina a un chico que acababa de bajarse de un taxi.

El recién llegado era Lukas Weber. El estudiante alemán de intercambio era la definición viviente de la pulcritud y la educación. Tenía el cabello rubio perfectamente peinado, ojos claros y vestía un suéter pulcro que lo hacía ver como el prototipo del estudiante europeo brillante. Llevaba una mochila al hombro y, al ver a Alessa, le tendió la mano con una caballerosidad impecable.

—¿Alessa Moretti? Es un verdadero placer. En el decanato me dijeron que eres la mejor estudiante de la facultad y que serías mi guía —dijo Lukas, hablando un inglés perfecto pero con un encantador y sutil acento alemán—. Soy Lukas Weber. Gracias por recibirme.

—¡Hola, Lukas! Bienvenidísimo —respondió Alessa, estrechando su mano con entusiasmo—. Para mí es un honor. La facultad te va a encantar, y no te preocupes, que yo me encargaré de que te adaptes rapidísimo a las clases y al campus. Vamos, te muestro la biblioteca primero.

Lukas le dedicó una sonrisa sumamente dulce y caminó a su lado. En el momento en que el alemán le sonrió a Alessa de esa manera, el cerebro de Dimitris experimentó un verdadero cortocircuito visual de celos destructivos e impulsivos.

—¿Quién demonios se cree que es ese extranjero? —siseó Dimitris entre dientes, dando un paso al frente de manera casi agresiva.

Thanos estiró el brazo rápidamente y lo tomó del hombro, frenándolo en seco antes de que cometiera una locura frente a toda la universidad.

—Cálmate, fiera —le murmuró Thanos al oído, con tono de advertencia—. Es el estudiante de intercambio de Alemania. El decano se lo encargó a Alessa porque ella tiene el promedio más alto. No vayas a hacer una escena aquí, recuerda que tu apellido "no se puede ver débil".

Dimitris se soltó del agarre de Thanos con un brusco movimiento, pero se obligó a quedarse quieto. Sus ojos oscuros seguían a la pareja mientras caminaba por el pasillo. Vio cómo Lukas inclinaba la cabeza para escuchar con atención lo que Alessa explicaba, y cómo ella se reía de algo que el alemán le decía. Sentía una opresión violenta en el pecho; una rabia posesiva que nunca antes había experimentado. Él se había encargado de espantar a cada chico del campus, pero este alemán venía blindado por el mismísimo decanato.

—No me importa quién lo envíe —respondió Dimitris en voz baja, con una frialdad peligrosa que hizo que Eros diera un paso atrás—. Está tocando lo que es mío. Y en mi territorio, nadie toca lo que le pertenece a un Angelopoulos.

Mientras tanto, Alessa caminaba junto a Lukas sintiéndose extrañamente aliviada. Lukas era educado, amable y, sobre todo, no era Dimitris. Por fin sentía que podía respirar en la universidad sin tener que defenderse de un ataque arrogante.

—Y aquí está el edificio de Derecho Constitucional —explicó Alessa, señalando la gran estructura—. De hecho, tengo una clase aquí en unos minutos. Si quieres, puedes pasar como oyente para que veas la dinámica del profesor.

—Me encantaría, Alessa. Sería magnífico —asintió Lukas con entusiasmo.

Ambos entraron al salón y Alessa se dirigió a su asiento habitual en la parte media. Lukas se sentó justo a su lado, sacando una tableta digital para tomar notas de forma impecable. Alessa le sonrió, sintiéndose cómoda por primera vez en el semestre.

Pero la paz duró un suspiro.

La puerta del salón se abrió de golpe y la imponente figura de Dimitris Angelopoulos entró, rompiendo la calma del lugar. Caminó con paso pesado, arrastrando una energía tan oscura y pesada que varios estudiantes se encogieron en sus asientos. Dimitris ignoró su lugar habitual en el fondo del salón; en su lugar, avanzó directamente hacia la fila donde estaban Alessa y Lukas.

Sin pedir permiso, Dimitris pateó suavemente la pata de la mesa de Lukas, haciendo que el alemán levantara la vista, sorprendido.

—Te equivocaste de asiento, extranjero —soltó Dimitris, mirándolo desde arriba con una prepotencia brutal y una mirada que prometía violencia—. Ese lugar está reservado. Muévete.

Alessa se puso de pie de un salto, con los ojos echando chispas de la pura rabia.

—¡¿Pero qué te pasa, Angelopoulos?! —le gritó, interponiéndose entre él y Lukas—. Lukas es el nuevo estudiante de intercambio y se va a sentar conmigo. Tú vete al fondo con tu grupo de niños mimados. ¡Déjanos en paz!

Dimitris dio un paso más, invadiendo por completo el espacio de Alessa. Su imponente altura la obligó a mirar hacia arriba, pero esta vez, los ojos del griego no tenían esa chispa de diversión burlona de siempre. Estaban inyectados en una furia posesiva total. Estaba tan cerca que Alessa pudo sentir los latidos acelerados de su pecho.

—Te recuerdo, Moretti, que tú y yo tenemos un proyecto de investigación del cincuenta por ciento de la nota —le murmuró Dimitris, con una voz ronca, peligrosa y tan baja que solo ella pudo escucharla—. Así que tu atención, tus mañanas y tus tardes me pertenecen a mí. No voy a dejar que un aparecido te distraiga de lo que tienes que hacer conmigo. Dile a tu amiguito rubio que se busque otra niñera, porque tú ya estás ocupada.

Lukas, midiendo la situación y mostrando una calma admirable, tocó el hombro de Alessa con suavidad.

—Está bien, Alessa. No quiero causar problemas en mi primer día. Puedo sentarme en la fila de atrás —dijo el alemán con tranquilidad, guardando sus cosas de manera pulcra.




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