Entre Harina y Orgullo

Capítulo 9: El As bajo la Manga

El campus estaba inmerso en la hora del almuerzo, y la cafetería universitaria era un hervidero de bandejas, risas y rumores. En una de las mesas de la esquina, Alessa, Chloe y Mia se encontraban reunidas en lo que parecía una verdadera cumbre secreta. Alessa jugueteaba con un tenedor, todavía un poco aturdida por la intensa y desesperada confrontación que había tenido con Dimitris en las escaleras de emergencia el día anterior.

—Sigo diciendo que ese griego está al borde del colapso —comentó Mia, dándole un sorbo a su bebida—. El rumor de que Lukas te va a invitar a salir formalmente ya corrió por toda la facultad de derecho gracias a los amigos de Eros.

—No está al borde del colapso, Mia, ya colapsó —corrigió Alessa, suspirando y apoyando las mejillas en sus manos—. Ayer me acorraló en las escaleras. Estaba furioso, respiraba como un toro y me dijo textualmente que no puede dejar de pensar en mí ni un segundo. Pero sigue con esa actitud posesiva y arrogante, reclamándome como si fuera su propiedad.

Chloe sonrió con suficiencia, recostándose en su silla con aire de victoria.

—Eso es porque el veneno de los celos está haciendo su trabajo, Alessa —dijo Chloe, cruzándose de brazos—. Pero ahora viene la mejor parte de nuestra estrategia. Anoche, mientras cenaba con Thanos, me terminó de confirmar el secreto mejor guardado de la facultad de intercambio. ¿Recuerdas que les dije que Lukas tenía un secreto que nos vendría de maravilla?

Alessa y Mia se inclinaron hacia adelante al mismo tiempo, picadas por la curiosidad.

—¿Qué secreto? —preguntó Alessa en un susurro.

—Lukas Weber es gay —soltó Chloe con una sonrisa radiante.

Mia dejó escapar un grito ahogado que tuvo que ahogar de inmediato con su servilleta, mientras que Alessa se quedó con la boca abierta, procesando la información.

—¡¿Lukas es gay?! —repitió Alessa, atónita—. Pero si es superatento conmigo, me acompaña a todas partes, me sonríe...

—Te sonríe porque eres su mejor amiga en este país, Alessa, y porque le pareces una chica brillante y maravillosa —explicó Chloe, riendo suavemente—. Thanos me confesó que Lukas ya se lo había dicho en confianza a un par de chicos del equipo de fútbol la semana pasada. De hecho, Lukas no tiene ningún interés romántico en ti, pero se ha prestado para seguirte la corriente porque se dio cuenta de lo insoportable y cavernícola que es Dimitris contigo, y le pareció divertido ayudarte a darle una lección.

Una sonrisa lenta y llena de picardía empezó a dibujarse en el rostro de Alessa. Todo encajaba a la perfección. La amabilidad de Lukas, su falta de timidez al acercarse a ella y la tranquilidad con la que manejaba los ataques del griego. Lukas no era una amenaza real; era el aliado perfecto.

—Espera, eso significa que Dimitris se está muriendo de los celos y amenazando con cancelarle la visa a un chico que ni siquiera mira a las mujeres —razonó Alessa, estallando en una carcajada limpia por primera vez en días—. ¡Esto es poético!

—Es brillante —corrigió Chloe, guiñándole un ojo—. Y se pone mejor. Lukas me mandó un mensaje esta mañana. Sabe perfectamente que Dimitris lo vigila las veinticuatro horas del día a través de sus amigos. Así que Lukas planeó el golpe final: va a armar una declaración de amor pública, frente a toda la universidad, en el patio central mañana por la tarde.

—¡¿Una declaración pública?! —Mia casi se ahoga con su propia saliva—. ¡Dimitris va a quemar la facultad!

—Exactamente —asintió Chloe, con los ojos brillando de pura maldad estratégica—. Lukas se te va a declarar con flores y todo el teatro en medio del campus. Dimitris no va a aguantar la humillación pública de ver que el "alemán" se queda con la chica que él reclama en secreto. Va a estallar, va a romper su preciado orgullo aristocrático y se verá obligado a actuar frente a todo el mundo. Ese será el momento en que tendrás que arrastrarlo a un salón privado y hacer que confiese todo.

Alessa miró a sus amigas, sintiendo una mezcla de adrenalina y nerviosismo correr por sus venas. El plan era arriesgado, digno de una jugada de ajedrez de alto nivel. Dimitris Angelopoulos, el heredero intocable del Olimpo griego, estaba a punto de caer redondito en la trampa más grande de su vida, y todo por culpa de su propia y ciega obsesión.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.