Entre Hilos Y Espinas 1

Capítulo 18: La celda de cristal

​El interrogatorio había durado cuatro horas, pero para Diana se habían sentido como años. La celda era pequeña, con una pared de cemento húmedo y una sola ventana alta que dejaba pasar una luz cenicienta. Diana estaba sentada en el catre, con las manos entrelazadas sobre el regazo. No estaba llorando. No estaba asustada. Estaba calculando.

​El oficial entró, dejando una carpeta sobre la mesa metálica.

​—Tu "madre" ha entregado pruebas contundentes, Diana. Transferencias, correos, facturas. Arturo está destrozado, cree que realmente lo traicionaste. Estás sola.

​Diana levantó la vista. Sus ojos, antes nublados por la duda, ahora tenían la frialdad de un diamante.

​—Victoria cometió un error —dijo ella, con una voz tan tranquila que el oficial retrocedió un paso—. Ella cree que me dejó sin nada. Pero dejó algo detrás que ella misma borró de su lista de "bienes" porque nunca supo valorar el trabajo manual.

​Diana se puso de pie, acercándose a los barrotes.

​—Dígale a mi abogado, o a quien sea que lleve este caso, que revise la última prenda que Victoria se llevó en su maleta. El vestido que yo misma le ajusté hace una semana.

​El oficial frunció el ceño. —¿Un vestido? ¿De qué estás hablando?

​—Ella tiene prisa por huir —continuó Diana, con una sonrisa pequeña y peligrosa—. Y en su prisa, se puso el vestido que yo "ajusté". Dentro del forro, en la costura oculta del bajo, no hay seda. Hay una grabadora digital, minúscula, activada por el movimiento. Cada vez que ella habla, cada vez que planea un nuevo fraude, cada vez que menciona a Arturo... todo se está transmitiendo a un servidor en la nube.

​El oficial se quedó helado.

​—Si usted quiere cerrar este caso hoy mismo, oficial, solo tiene que rastrear esa señal. Victoria está hablando ahora mismo con sus cómplices. Si me deja aquí, se escapará para siempre. Si me deja usar un teléfono, le daré la clave de acceso a la nube.

​Diana lo miró a los ojos, consciente de que lo que estaba haciendo era un juego de póker con su vida.

​—Si gano, ella entra en esta celda y yo salgo libre. Si pierdo... bueno, ya estoy aquí de todos modos. ¿Qué prefiere? ¿Un arresto mediático que hará historia o ser el policía que dejó escapar a la mujer más buscada de la ciudad?

​El oficial dudó un segundo, luego tomó la carpeta y salió de la celda, cerrando con llave. Diana se sentó de nuevo, esperando. El sonido de sus pasos alejándose era la cuenta regresiva.

​Afuera, en algún lugar de la ciudad, Julián estaba escuchando la transmisión en tiempo real, con el equipo que había sacado de su taller, esperando a que Diana diera la orden de "caza".​

La verdadera guerra estaba por comenzar, y esta vez, Diana tenía el control de todos los hilos.




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