La sonrisa de Florencia se congeló al instante. Su rostro pasó de una calidez angelical a una palidez digna de una película de terror. Sus ojos saltones viajaron de mi mano extendida a la cara de Gian Marco, buscando desesperadamente una explicación.
—¿Tu... tu qué? —tartamudeó Florencia, dando un paso hacia atrás—. Gian, ¿de qué está hablando esta mujer? ¿Qué significa eso de que es tu esposa?
Gian Marco cerró los ojos con fuerza y se frotó el puente de la nariz, soltando un suspiro pesado que delataba su frustración. Cuando los abrió, me lanzó una mirada cargada de resentimiento. Sí, definitivamente seguíamos sin llevarnos bien; esa tensión irritable y fría que nos separó hace cuatro años estaba intacta, potenciada por mi maravillosa punzada de drama.
—Florencia, mi amor, déjame explicarte —comenzó Gian Marco, intentando acercarse a ella, pero la rubia le puso una mano en el pecho para frenarlo—. Cristal y yo... bueno, es un asunto legal que estábamos resolviendo justo ahora. Por eso el abogado Contreras la llamó hoy.
—¡Ah, claro! El "asunto legal" —intervine yo, acomodándome las gafas de sol sobre la cabeza para que pudieran apreciar la total falta de arrepentimiento en mis ojos—. Olvidaste mencionar ese pequeñísimo detalle de tu vida, Gian. Qué despistado. Cuatro años separados y se te borró de la memoria que firmamos un papel ante el registro civil.
—¡Deja de hablar, Cristal! —me espetó él, perdiendo por completo la compostura y la paciencia—. No empeores las cosas. Esto no te incumbe a ti.
—¿Que no me incumbe? —solté una carcajada dramática que espantó a un par de gallinas que picoteaban cerca de mi auto—. Querido, soy la que tiene que firmar para que puedas colgarte del brazo de tu reina del festival de la cosecha. Por supuesto que me incumbe.
Florencia miraba la escena alternando la vista entre los dos, con la boca abierta. El aire rústico y pacífico de la hacienda se había transformado en un campo de minas.
—Gian Marco Hander Morris —dijo Florencia con la voz temblorosa, pero llena de furia—. Me dijiste que estabas soltero. Me dijiste que vivías solo y que tu pasado estaba superado. ¡Llevamos un año juntos y nunca tuviste la decencia de decirme que estabas casado!
—¡Estoy en proceso de divorcio, Florencia! —se defendió él, levantando las manos—. Vine a vivir aquí precisamente para alejarme de todo eso. La distancia cuenta como separación. El lunes todo iba a quedar resuelto, te lo juro.
—¡Pues lamento arruinar tu perfecto cronograma de fin de semana! —le grité yo, cruzándome de brazos y cojeando levemente, recordando que mi tacón seguía un poco húmedo—. Pero a mí nadie me despacha por teléfono con un intermediario. Exijo un trato digno, no que me traten como un trámite molesto mientras tú planeas... bueno, tus cositas de campo.
Gian Marco me miró como si quisiera enterrarme en el mismo lodo donde casi pierdo mi zapato. Sabía perfectamente que yo era un torbellino capaz de arruinarle la vida en cinco minutos, y mi inesperada aparición le estaba costando muy cara.
—Florencia, por favor, entremos a la casa y hablemos a solas —le suplicó él, intentando tomarle la mano.
—No, Gian Marco. No voy a hablar contigo ahora —respondió ella, limpiándose una lágrima de rabia con el dorso de la mano—. Me voy a mi casa. No quiero saber nada de ti hasta que esta... esta señora deje de ser tu esposa legalmente.
Florencia caminó a zancadas hacia una camioneta plateada estacionada al otro lado del porche, subió, encendió el motor con furia y salió de la hacienda dejando una enorme nube de polvo detrás de ella.
El silencio que quedó en la entrada de la Hacienda Hander era ensordecedor, roto únicamente por el cacareo distante de los animales. Gian Marco se quedó estático, mirando el camino por donde su novia acababa de huir. Luego, lentamente, giró el cuerpo hacia mí. Si las miradas mataran, yo ya sería abono para sus tierras.
—Felicidades, Cristal —dijo con una voz peligrosamente baja y fría—. Siempre logras destruir todo lo que tocas. ¿Qué demonios haces aquí realmente?
—Ya te lo dije, Gian —respondí, sosteniéndole la mirada con orgullo, aunque por dentro mi torpeza habitual ya me estaba haciendo dudar de si había sido una buena idea—. Vine por mi divorcio. Pero ahora que veo cómo están las cosas... creo que me voy a quedar unos días para asegurarme de que el trato sea realmente justo.
Nota de autora: Uy estos dos no se soportan jajja sera solo rencor y coraje? o habra algo mas....
Nos leemos
JOSSMI
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hombre celoso, hombre de campo mujer de cuida amor, chica divertida
Editado: 05.08.2026