Entré Los Escombros Del Imperio

CAPITULO 11

EL PRECIO DE LA LIBERTAD.

La mansión de los Thorne en Greenwich, Connecticut, se alzaba como un mausoleo de piedra blanca y hiedra perfectamente recortada. Para el mundo exterior, el edificio era el epítome del éxito y la distinción aristocrática para Kimberly siempre había sido una jaula dorada con los barrotes demasiado estrechos.

Cuando el coche de Dante se detuvo frente a la escalinata principal, ella no bajó de inmediato. Observó la imponente fachada, sintiendo que el aire de la propiedad todavía apestaba a las expectativas asfixiantes de su padre. Dante que había insistido en acompañarla a pesar de sus protestas, estiró el brazo y hm:ñ=ñ&ñle puso una mano firme sobre el hombro.

  • No tienes que hacer esto sola - dijo él, su voz rompia el silencio que se había instalado en el auto - Puedo hacer que mi equipo recoja tus pertenencias y las envíen al ático hoy mismo. No necesitas volver a pisar este lugar si no lo deseas.

Kimberly le dedicó una sonrisa cansada, pero decidida.

  • Tengo que cerrar esta puerta yo misma, ya ha pasado una semana Dante. Además... tengo que ver a Hilary. Si me voy sin decirle adiós, Arthur encontrará la manera de usar mi ausencia para manipularla.

Dante asintió de la misma forma en que acepta un informe de riesgos, respetando su espacio pero midiendo las variables.

  • Estaré aquí fuera. Si tardas más de una hora, entraré a buscarte. Y te aseguro que no seré amable con el servicio.

El aire dentro de la gran cúpula de cristal era pesado, húmedo y saturado del aroma dulce y terroso de las orquídeas exóticas. Entre la densa vegetación de helechos gigantes, Hilary parecía una aparición flotante con su vestido de lino claro, las manos enfundadas en guantes de jardinería y una pequeña tijera de podar de latón en la mano. Al oír las pisadas firmes de Kimberly contra las losetas, Hilary se giró de golpe. Su rostro, habitualmente pálido, se iluminó con una mezcla instantánea de alivio y profunda tristeza. Dejó las tijeras sobre una mesa de madera rústica y corrió hacia ella.

  • Kim... - susurró, envolviendo a su hermana en un abrazo con una fuerza que casi le dejó sin aliento.

Hilary olía a jazmín y a esa inocencia intacta que Kimberly tanto se había esforzado por proteger de la toxicidad de su familia. Al separarse, Kimberly extendió el pulgar con suavidad y le retiró un vestigio de tierra de la mejilla, suavizando el rictus de su rostro por primera vez en todo el día.

  • El contrato ha cambiado, Hil - anunció Kimberly, sosteniéndole la mirada - No habrá boda para ti. Nunca tendrás que dejar tu jardín si no es tu elección.

Hilary bajó la vista, frotando con timidez el pétalo de una orquídea blanca mientras procesaba las palabras.

  • Lo sé. Papá me lo informo hecho una bola gigantesca de rabia, gritando que habías arruinado su seguro de vida pero luego se rio de esa forma horrible que tiene y dijo que, al menos, habías servido para algo por primera vez en tu vida. - Hilary levantó la cabeza y Kimberly notó que sus grandes ojos estaban empañados - Gracias, Kim. Gracias por salvarme de ese hombre. Sé que para ti soy dócil, que crees que me habría roto bajo su presión... y tienes razón. No soy valiente como tú. Si él me hubiera mirado con esos ojos grises de los que todo el mundo habla en Wall Street, me habría congelado. Habría firmado lo que fuera con tal de que me dejara respirar.
  • No eres cobarde por querer una vida tranquila, Hilary - respondió Kimberly, tomándola de las manos - Eres buena y dulce como mamá y este entorno devora a la gente buena si no tiene a alguien que muerda de vuelta por ellos. Tu único deber es seguir pintando y cuidando tus flores. Yo me encargo del resto. No tienes que pedir perdón por no querer convertirte en un tiburón. Alguien en esta familia tiene que recordar cómo se siente ser humano.

De pronto, los dedos de Hilary se apretaron con una fuerza inusual. Una sombra de madurez prematura cruzó sus rasgos juveniles y su expresión se tornó grave.

  • Pero ¿y tú? Papá dice que te has metido voluntariamente en la boca del lobo, dice que es un monstruo despiadado que te va a exprimir como un activo hasta que no quede nada de ti. Me asusta, Kim. Me asusta que por salvarme a mí, te hayas arrojado a la cueva de ese mounstro y nunca consigas salir. Conozco esa mirada en los hombres poderosos, papá la tiene cuando destruye a sus competidores pero dicen que Dante Storm es peor. Dicen que él ni siquiera disfruta la destrucción, que solo calcula los daños. ¿Cómo vas a dormir por las noches sabiendo que compartes la cama con alguien que ve el mundo como una hoja de cálculo?

Kimberly se tensó imperceptiblemente pero sostuvo el agarre con una serenidad implacable.

  • No te preocupes por mí, Hil. Ese hombre es peligroso, sí, pero yo no soy su víctima. Tuve que pagar un precio alto para cambiar los términos pero ahora tengo un asiento en la mesa que siempre nos negaron. Dante Storm no es como papá. Papá necesita gritar y herir para demostrar que está al mando, Dante es como la gravedad, no necesita justificarse para aplastarte pero yo no soy uno de esos activos pasivos que el pyede estar acostumbrado, Hilary. He aprendido a leer sus algoritmos en esta semana. Él cree que ha comprado una pieza de ajedrez predecible pero lo que ha metido en su torre es un doble sismo imprevisto, consecutivo e imposible de detener que fracturará sus cimientos desde la raíz profunda de la tierra.

Hilary desvió la vista, permitiendo que una lágrima solitaria le resbalara por la mejilla.

  • ¿Y si te equivocas? ¿Y si te conviertes en uno de ellos para poder sobrevivirle? A veces te miro y ya no sé dónde terminas tú y dónde empieza la estrategia de la empresa. No quiero que me salves la vida si el precio es que pierdas tu propia alma, Kim. Prefiero que la corporación se hunda a que tú te vuelvas de piedra.
  • Tu sabes que con papá una de las dos hubiera sido sacrificada y el había elegido, tal vez hubieras sobrevivido porque eres una Thorne - declaró Kimberly con firmeza, ignorando la punzada de dolor que las palabras de su hermana le provocaron - Pero habrías dejado de pintar. Y el mundo no puede permitirse el lujo de perder tus colores solo porque un balance de situación necesite cuadrarse. Mi alma está perfectamente intacta, Hil. Solo está... blindada bajo una estructura rígida que resiste impactos críticos. Hay guerras que no se ganan con bondad, se ganan con precisión y te prometo que cuando termine con Thorne & Co., papá no volverá a usar jamás a ninguna de las dos como moneda de cambio.




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