Entré Los Escombros Del Imperio

CAPITULO 7

LA SINFONÍA DEL CAOS MANSO

El umbral de la cámara principal de Dante Storm no operaba como una simple puerta divisoria, constituía una transición irreversible hacia el plano de lo absoluto. Si el resto del ático se erigía como un monumento al poder público y de representación este espacio configuraba el santuario restrictivo de su voluntad privada. Carecía de artificios ornamentales, la distribución espacial se limitaba a una cama de proporciones arquitectónicas, vestida con lino belga en tono gris carbón y a la imponente muralla de cristal estructural que continuaba proyectando la inmensidad lumínica de Nueva York en formato panorámico.

Kimberly ingresó al perímetro sosteniendo los remanentes de su vestido verde esmeralda con la mano diestra, mientras la siniestra pendía inerte a un costado, con las terminaciones nerviosas todavía vibrando debido a la inducción térmica experimentada en el jardín de invierno. Se percibía a sí misma como una intrusa cometiendo desacato en un templo pagano. Anticipaba que Dante la proyectaría contra el colchón con la premura violenta del operador que acaba de adjudicarse una licitación bélica. Sin embargo, el magnate se desplazaba con una parsimonia que resultaba exasperante, casi litúrgica.

  • El control, Kimberly, no es más que una distorsión cognitiva que la mayoría de los individuos intenta retener con un exceso de tensión - expuso Dante, provocando que el registro de su voz reverberara contra el hormigón desnudo - El verdadero poder radica en identificar el milisegundo exacto en que se deben liberar los frenos para permitir que la gravedad ejecute la totalidad del trabajo por ti.

Él declinó aproximarse al lecho, se detuvo frente a la consola digital de control ambiental y mediante una pulsación imperceptible, redujo la luminiscencia hasta sumergir la estancia en una penumbra de espectro azulado, alimentada exclusivamente por la radiación externa de la metrópoli.

  • Aproxímate - ordenó. No aplicó un tono imperioso de alta frecuencia, sino una invitación de baja intensidad que anulaba cualquier vector de réplica.

Kimberly recortó la distancia. Cada avance de sus pies descalzos sobre la tarima de madera oscura se sentía como una incursión directa hacia el epicentro de una falla tectónica. Al situarse a menos de un palmo de su anatomía, se auto6impuso sostener el pulso de las pupilas.

  • ¿Pretendes prolongar esta sesión con lecciones de filosofía de mercado, Dante? - desafió ella, a pesar de que sus cuerdas vocales registraron un pequeño temblor - ¿O vas a proceder a ejecutar tu derecho fiduciario de propiedad?

Dante extendió el brazo, Kimberly contrajo la musculatura esperando una sujeción restrictiva pero lo que recibió fue el contacto sutil de las yemas de él sobre sus propios nudillos aquellos que mantienen la seda verde presionada contra su esternón. El hombre comenzó a trazar revoluciones invisibles sobre el dorso de su mano, aplicando una lentitud tortuosa que distribuyó oleadas de calor hacia sus terminales axilares.

  • Careces de activos que blindar en este espacio, Kimberly. No olvides que el pliego de condiciones ya fue rubricado con tinta, la escaramuza formal ha concluido. Lo que nos resta administrar ahora es… la auditoría de las ruinas.

Aplicando una suavidad técnica que le confiscó el suministro de oxígeno, Dante comenzó a desentrelazar los dedos de Kimberly del tejido esmeralda, uno a uno. Sin ejercer fuerza bruta, empleando una persuasión física contra la cual ella carecía de protocolos de defensa. Al ceder la última falange, Dante no permitió que la prenda se desplomara por efecto de la gravedad sostuvo la seda él mismo, administrando el descenso del tejido centímetro a centrimetro sobre la epidermis de Kimberly, simulando una caricia líquida que iba exponiendo su anatomía a la refracción de la luz lunar.

  • La simetría es absoluta - murmuró él y por primera vez en la noche, su tono incorporó una frecuencia similar a la reverencia secular - Sin embargo, registras una respuesta de pánico. Aguardas una conducta animal que te proporcione la justificación necesaria para odiarme pero me temo que declinaré concederte ese analgésico táctico.

Él la guio hacia el lecho en una deconstrucción somática implacable pero omitió la maniobra de acostarla de inmediato. La dispuso en el borde del colchón y procedió a arrodillarse entre sus piernas. Aquella postura implicaba una vulnerabilidad geométrica extrema para el hombre pero Dante la habitaba con una seguridad de hierro. Sus manos ascendieron por el relieve de sus muslos, deteniéndose con precisión milimétrica en el sector donde la conductividad dérmica se tornaba más sensible. No ejerció presión mecánica, se limitó a permitir que el peso térmico de sus palmas se asentara en la carne.

  • Tu sistema cardiovascular opera a una frecuencia de riesgo, Kimberly. Puedo identificar la pulsación en el trayecto de tu carótida.
  • Constituye una respuesta a la adrenalina - mintió ella, aunque sus pulmones experimentaban una restricción severa para expandirse de forma adecuada - Es la persistencia del odio.
  • El odio no produce este nivel de conductividad térmica, Kimberly. - Dante se inclinó hacia el frente, asentando su frente contra el abdomen desnudado de ella. Aquello constituyó un impacto de intimidad devastadora, Kimberly registró una ola de pequeñas descargas eléctricas filtrándose por sus poros, una estimulación que la indujo a arquear la columna de forma involuntaria - El odio es una variable fría, seca y estéril. Esto que registramos en este entorno… es hambre pura. Es la urgencia biológica de ser auditada, no bajo la etiqueta del desastre oficial de los Thorne, sino como la mujer que emerge cuando se apagan las pantallas del mercado.

El hombre inició un recorrido de contacto labial sobre su piel. No ejecutaba aproximaciones voraces sino desplazamientos lentos, exploratorios y de alta fidelidad. Cada vez que Kimberly intentaba forzar una fricción más brusca, persiguiendo una respuesta reactiva que pudiera catalogar dentro de sus parámetros conocidos de hostilidad, él neutralizaba el avance mediante un susurro técnico o un cambio en la velocidad de crucero hacia frecuencias aún más sutiles.




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