Entré Los Escombros Del Imperio

CAPITULO 12

EL DESPOJO DE LOS SÍMBOLOS

Kimberly abandonó el invernadero con el eco de las advertencias de Hilary vibrando en sus oídos, al cruzar el umbral que conectaba la estructura de cristal con el ala trasera de la residencia principal, el ambiente mutó de forma drástica. La humedad cálida y floral fue suplantada por un aire acondicionado demasiado frio, artificial y esterilizado. Cada impacto de sus tacones sobre el mármol pulido del vestíbulo parecía despertar los fantasmas de antiguas cenas silenciosas, reproches velados y correcciones milimétricas de postura.

Evitó la escalinata señorial de la entrada sabía con certeza matemática que su padre no se encontraría en el piso inferior, Arthur Miller no era un hombre de retiradas discretas ni de esperas pasivas sino un depredador que custodiaba su territorio desde las alturas.

Al alcanzar la planta presidencial de la casa, Kimberly se dirigió a sus dependencias. No precisaba una maleta de gran volumen lo único que verdaderamente le importaba de aquel mausoleo cabía en un espacio ridículamente reducido. Sin embargo, al accionar el pomo de la puerta de su dormitorio, se detuvo en seco.

Arthur estaba allí.

No adoptaba una postura de descanso permanecía rígido ante el gran ventanal, con las manos entrelazadas a la espalda, contemplando el Bentley negro de Dante que aguardaba abajo en la rotonda como una mancha de petróleo sobre un lienzo inmaculado. El aroma denso de su tabaco de pipa una fragancia que para Kimberly siempre había operado como el preámbulo de un juicio inminente impregnaba las cortinas de seda gris.

  • Has demorado más de lo previsto -dictaminó Arthur sin dignarse a girar la cabeza. Su voz era una línea plana, desprovista de afecto, calibrada para proyectar una decepción crónica - Supongo que te estabas esmerando en ofrecerle a Hilary una versión romántica e idealizada de tu supuesta inmolación.

Kimberly prescindió de la réplica, avanzó directamente hacia su tocador de madera de cerezo con paso firme. Ignoró las hileras de ropa de diseñador que abarrotaban el vestidor adjunto, indumentaria que ella jamás había escogido y vestidos que solo cumplían la función de exhibir el buen gusto del patriarca y dirigió sus manos hacia un pequeño joyero de madera tallada que había pertenecido a su abuela materna.

  • No se te ocurra tocar las esmeraldas de la familia - advirtió Arthur, volteando finalmente sobre sus talones. Sus ojos eran dos pozos de sospecha - Están inventariadas como activos vinculados al patrimonio de la firma.
  • No tengo el menor interés en tus esmeraldas, Arthur - respondió Kimberly, empleando su nombre de pila con una parsimonia helada que encendió una chispa de furia en la mandíbula de su padre - Solo he venido a reclamar lo que no tuviste el capital necesario para comprar, las alhajas personales de mamá y las fotografías que confiscaste cuando la obligaste a marcharse.

Arthur liberó una risa seca, un chasquido amargo que resonó en las paredes desiertas de la habitación.

  • ¿Fotografías? ¿Esa es la clase de munición que pretendes trasladar al búnker de Storm? ¿Recuerdos obsoletos de una mujer que careció de la estructura necesaria para soportar el peso de este apellido? Eres idéntica a ella, Kimberly. Una sentimental barata disfrazada de insurgente, Dante se hastiará de tu supuesto fuego en menos de una semana, cuando los números de la fusión se estabilicen y te percatarás de que desprovista de mis credenciales y de este techo, no representas más que un error estadístico en su balance trimestral.

Kimberly abrió un compartimento falso en el fondo de un antiguo baúl de viaje. Extrajo una chaqueta de cuero desgastada, la misma prenda que había utilizado para escandalizar a la junta directiva en la gala benéfica de los Miller años atrás. Debajo del cuero, recuperó un fajo de cartas atadas con una cinta descolorida y una cámara Leica analógica. Aquello constituía todo su inventario real, sus únicos asideros con la cordura antes de ser tasada como una divisa corporativa.

  • Me observas como si estuviera cometiendo un error - declaró Kimberly, confinando los objetos en un bolso de mano de lona negra - pero la única identidad robada en este inmueble ha sido la mía. Me despojaste de una infancia para manufacturar una herramienta financiera y ahora me dedicas esa mirada de decepción porque me he cotizado con un mejor postor del que tus limitadas expectativas preveían.

Arthur acortó la distancia entre ambos con pasos lentos y calculados, invadiendo su espacio personal con esa agresividad pasiva que había condicionado la existencia de su hija.

  • Te miro con absoluto desprecio porque sufres la alucinación de haber obtenido una victoria - siseó él, inclinándose ligeramente hasta que Kimberly pudo percibir el olor a tabaco y resentimiento - Crees que Dante Storm ha irrumpido en tu vida en calidad de salvador pero examíname bien, Kimberly. Ese sujeto y yo pertenecemos a la misma estirpe de depredadores. Si te blindó en la sala de juntas de Miller & Co., no fue por un arrebato de heroísmo romántico. Lo hizo porque ahora figuras en sus libros contables como su nueva propiedad y detesta que otros competidores manoseen sus adquisiciones. Has permutado una jaula de plata por una más alta de cristal, nada más. Sigues estando cautiva.

Kimberly cerró la cremallera del bolso con un golpe seco y se lo colgó del hombro. Se irguió por completo, plantándole cara a su padre y sosteniéndole la mirada por primera vez en veinticuatro años sin el lastre del pánico infantil.

  • Quizás tienes toda la razón, papá. Quizás Dante sea un lobo - admitió ella, y una sonrisa afilada le curvó los labios rojos - Pero la diferencia fundamental es que él posee la inteligencia de dejarme morder a su lado. Tú, en cambio, solo codiciabas que me mantuviera estática, dócil y sonriente mientras me desangrabas para salvar tus márgenes de beneficio.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.