Entré Los Escombros Del Imperio

CAPITULO 28

DINÁMICA DE LA DESTRUCCIÓN

El ático de la Torre Storm había sido diseñado como una obra maestra de la arquitectura moderna, pero bajo el "Protocolo de Estancia Restringida", se había transformado en una caja de Skinner de mil millones de dólares. Las luces se habían atenuado automáticamente a un tono ámbar sedante. El sistema de sonido filtraba una melodía de violonchelo calculada para reducir el ritmo cardíaco. Dante creía en la ingeniería del comportamiento, asumía que si rodeaba al desastre de orden y opulencia, el desastre terminaría por integrarse en el mobiliario.

Kimberly, sin embargo estaba a punto de darle una lección magistral sobre la termodinámica del caos, estaba decidida a darle una demostración de lo que una falla geológica puede desencadenar cuando la profundidad en que se libera la energía esta muy cerca de la superficie viajando a distancias cortas, esa noche ella era la encarnación de un sismo corticales e iba a golpear con una intensidad extremendamente alta y destructiva.

Salió del dormitorio para la cena, Dante la esperaba a la mesa, vestido con una camisa blanca impecable, pero sin corbata, proyectando una domesticidad artificial que resultaba insultante. Kimberly no se había puesto ninguno de los vestido de sus anteriores duelos corporativos. Llevaba un conjunto de seda negra, lánguido, casi un pijama, pero sus pies estaban descalzos. Sus ojos ya no eran de mármol, eran de obsidiana encendida.

  • Llegas a tiempo - dijo Dante, señalando la silla frente a él - Me alegra ver que decidiste ser razonable.

Kimberly se sentó. No adoptó la rigidez de una prisionera, sino la soltura de quien sabe que el edificio entero está danzando sobre una falla geológica que ella misma controla.

  • La razón es una herramienta utilitaria, Dante -respondió ella. Ignoró los cubiertos de plata y tomó la copa de vino con una mano perfectamente firme - Me sirvió para entender que un doblete sismico con magnitudes superiores a 7, con factores inusuales en su magnitud y nivel de destrucción no necesita puertas para salir de una habitación. Solo necesita que la presión interior sea lo suficientemente alta para que las paredes cedan por sí solas y caigan.

Dante intentó retener el control de la narrativa y empezó a desglosar los beneficios trimestrales, analizó cómo el mercado digería la caída de Arthur Thorne y esbozó planes de viaje futuros, condicionados a que ella se estabilizara.

Kimberly lo dejó hablar pero mientras él edificaba estructuras de poder verbales, ella inició su propio desmantelamiento físico.

Tomó el cuchillo de carne, una pieza de acero damasquino de una nitidez quirúrgica. En lugar de cortar el chateaubriand, apoyó la punta sobre la mesa de cristal y empezó a trazar líneas firmes. El chirrido del metal rasgando el vidrio fue un sonido agudo, insoportable, que rebanó la voz de Dante como una guillotina.

  • ¿Qué estás haciendo? - preguntó él. Su mandíbula se tensó al instante.
  • Mecánica de fluidos, Dante - respondió ella sin mirarlo, continuando el dibujo destructivo - Me encerraste aquí pensando que mi mente se quedaría quieta pero una fuerza de la naturaleza no es un objeto, es un proceso. Y si no tengo un horizonte abierto donde descargar mi energía, la descargaré exactamente en el centro de tu mundo.

Kimberly soltó el cuchillo. Con un movimiento rápido, fluido y deliberado, volcó la copa de vino tinto sobre el mantel de lino inmaculado. La mancha roja se expandió como una hemorragia arterial, devorando los informes financieros impresos que Dante había colocado cerca de su plato.

  • ¡Kimberly! - Dante se puso de pie de golpe. Su paciencia de acero mostró grietas profundas - Este comportamiento es infantil. No vas a conseguir que abra ese ascensor actuando como una rebelde de internado.

Ella se levantó también, pero no para retroceder. Caminó alrededor de la mesa, despacio, acortando la distancia hacia él. Con cada paso descalzo, su presencia pareció devorar los metros cuadrados hasta que el inmenso ático se sintió claustrofóbico.

  • Crees que esto es un berrinche - dijo ella, y su voz bajó a un susurro que vibraba con una amenaza pura - Crees que me conoces porque leíste

mis archivos médicos y me tuviste una noche en tu cama destruida. Pero sigues sin entender la naturaleza del desastre que invitaste a tu casa.

Se detuvo a un palmo de él. Tomó el mando táctico de la pantalla de ochenta pulgadas que dominaba el salón. Con un sutil movimiento de su teléfono, el mismo que él creía haber capado, pero que ella había reconfigurado usando los accesos de su cuenta puente en el extranjero activó una secuencia de alertas que estallaron en simultáneo en el despacho de Dante, en su terminal personal y en el sistema central de la torre.

  • Inicié una orden de venta masiva y en bloque de mis acciones de Thorne & Co. - anunció ella, con una sonrisa que era puro fuego - Una orden programada para ejecutarse automáticamente en la apertura de Tokio, a menos que esté físicamente presente para verificar mi identidad biométrica en una terminal fuera de este edificio.

Dante palideció. El color se le evaporó del rostro.

  • Eso hundiría el precio de la fusión antes del amanecer - dijo él, con la voz repentinamente densa - Perderías miles de millones, Kimberly. Te quedarías sin nada.
  • Yo ya no tengo nada, Dante. Me lo arrebataste todo en la pista del JFK - sentenció ella, dándole un golpe seco con el dedo en el pecho - Así que perder miles de millones me parece un precio ridículamente barato por el absoluto placer de ver cómo tu "adquisición perfecta" se convierte en el agujero negro que devora tu hoja de balances.

Caminó hacia el ventanal. Esta vez no miró la ciudad con la nostalgia de una cautiva. Miró su propio reflejo, consciente de que Dante la observaba con una mezcla de horror y una fascinación oscura que era incapaz de ocultar.

  • Encerrar a una falla geológica nunca fue una estrategia de seguridad, Dante. Es una sentencia de demolición autoinfligida puedes quedarte con mi cuerpo en este ático, puedes bloquear las salidas y vigilar cada uno de mis pasos. Pero cada hora que pase bajo tu techo, voy a encontrar la forma de hacer que tu imperio sangre. Empezaré con tus acciones, seguiré con tu reputación y terminaré con este lugar, habitación por habitación, hasta que solo queden las vigas de acero expuestas.




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