Entré Los Escombros Del Imperio

CAPITULO 35

EL SABOTAJE DE LOS SENTIDOS

El silencio que siguió a la expulsión de Arthur Thorne no era vacío, sino expectante. La Torre Storm parecía haber exhalado un suspiro de alivio tras la gran sacudida. Hilary, todavía procesando su nueva libertad y el peso de su emancipación, necesitaba aire, el terreno bajo sus pies era demasiado nuevo. Kimberly lo sabía, su hermana pequeña había vivido demasiado tiempo entre paredes de cristal, ya fueran las del invernadero o las de la mansión y necesitaba aprender a caminar sobre el suelo firme.

  • Marcus - llamó Kimberly, su voz recuperando ese tono de mando aterciopelado que tanto intrigaba a Dante - Saca a Hilary a dar una vuelta. Nueva York es muy diferente cuando la tierra deja de temblar bajo tus pies y ya no tienes un dueño. Llévala a Central Park, que vea que hay jardines que no necesitan techos blindados y asegúrate de que no regrese antes de medianoche.

Marcus, el director de estrategia legal que se había convertido en la sombra eficiente de la pareja, asintió con una leve sonrisa de complicidad. Sabía leer entre líneas, qabía que Kimberly no solo estaba protegiendo a su hermana de las réplicas del conflicto sino despejando el epicentro para una última maniobra.

  • Considérelo hecho, Señora Storm - respondió Marcus, ofreciéndole el brazo a una Hilary todavía aturdida por la velocidad del impacto administrativo.

Dante los observó marchar desde el ventanal, con una copa de whisky en la mano y la mente todavía repasando los gráficos de la caída y licuación de los activos Arthur Thorne. Ka puerta del ascensor se cerró, se giró hacia Kimberly, esperando hablar de la integración inmediata de Katrina Holdings o de las inminentes llamadas regulatorias de la SEC.

Pero Kimberly ya no estaba en el salón.

  • ¿Kimberly? - llamó, pero solo recibió el eco del violonchelo que fluía por los altavoces ocultos, una melodía densa que parecía hacer vibrar las paredes de cristal.

En el dormitorio principal, Kimberly estaba ejecutando su plan con la precisión de una OPA hostil. Había encendido velas de sándalo y ámbar, creando una penumbra dorada que suavizaba los ángulos rectos del mobiliario minimalista y absorbía la frialdad del ático. Sobre la cama de lino no había documentos, ni tablets, ni rastros de la guerra financiera que acababa de fracturar Wall Street.

Se miró al espejo. Había decidido que, si Dante Storm la quería como su igual, le daría una versión de sí misma que ningún contrato de fusión podría contener. Se despojó del vestido azul medianoche y se envolvió en una pieza de lencería de encaje negro que desafiaba la gravedad y la lógica. Era una red de seda y sombras que acentuaba cada curva, cada centímetro de la piel que él había reclamado aquella primera noche. Sobre ello, solo una bata de seda negra, desatada, que flotaba tras ella como la onda expansiva de un sismo íntimo.

Se soltó el cabello, dejando que las ondas cayeran sobre sus hombros con un desorden fríamente calculado. No era la alta ejecutiva de la junta era la fuerza de la naturaleza en su estado más puro, la falla tectónica dispuesta a deslizarse de nuevo.

Dante entró en el dormitorio minutos después, atraído por la sutil alteración en la presión atmosférica y el magnetismo del cuarto. Se detuvo en el umbral y la copa de whisky casi se le escapa de las manos. Kimberly estaba sentada en el borde de la cama, bañada por la luz trémula de las velas, observándolo con una mirada que prometía una destrucción mucho más placentera que la que acababa de sufrir su padre.

  • Marcus y Hilary estarán fuera un buen rato - dijo ella, su voz una vibración de baja frecuencia que resonó directamente en el pecho de Dante - Y yo he decidido que ya hemos hablado suficiente de acciones, de herencias y de pasados derrumbados.

Dante dejó la copa en la consola de mármol y caminó hacia ella. Sus pasos eran lentos, casi reverentes, midiendo el peligro del terreno. La marca en su cuello, la que ella le había dejado como un recordatorio de su vulnerabilidad, ya era una pequeña sombra pero aún era visible bajo la luz de las velas.

  • ¿Es esto otro sabotaje a mis sistemas, Kimberly? - preguntó él, deteniéndose a escasos centímetros de sus rodillas desnudas - ¿O una nueva cláusula de confidencialidad que olvidé firmar en la junta?
  • Es una rendición incondicional, Dante - respondió ella, poniéndose de pie con una deliberación tortuosa. La bata de seda se deslizó un poco más por sus hombros, revelando el encaje negro y la palidez de su piel - Pero no de la forma en que tú esperas. Me dijiste en el avión que querías una mujer que te obligara a estar a su altura, alguien que moviera tu suelo pues bien... el aire aquí arriba es muy escaso y la vibración es alta. ¿Crees que puedes seguirme el ritmo sin una estructura rígida que te proteja las espaldas?

Ella caminó hacia él con pasos lentos y felinos, deteniéndose cuando la punta de sus pies descalzos rozó el calzado de él. Le puso las manos en el pecho, desabrochando los botones de su camisa con una lentitud exasperante, disfrutando de la fricción y del calor inmediato que emanaba de su piel.

  • Llevo toda mi vida calculando riesgos y construyendo defensas, Kimberly - susurró Dante, atrapando sus muñecas por un segundo antes de dejar que continuaran su descenso - Pero contigo aprendí que el mayor peligro no es perder el control, sino quedarme fuera del epicentro de tu movimiento. No necesito contratos si el precio del impacto eres tú. ¿Crees que un pedazo de papel me haría retroceder ahora que la tierra se está abriendo?
  • Los papeles te dan la ilusión de poseer las cosas, Dante - replicó ella, ladeando la cabeza y mirándolo con esos ojos de obsidiana que desafiaban su legendaria compostura - Pero la energía de un cataclismo no se posee, se absorbe o te derriba. Quiero saber si el gran arquitecto del orden absoluto está listo para desplomarse hasta los cimientos.
  • Pruébame - siseó él, soltando sus muñecas para rodearle la cintura con los brazos y pegarla a su cuerpo con una brusquedad que le arrancó un suspiro ahogado - Llevas todo el día intentando demostrarme la magnitud de tu fuerza. Deja de hablar en metáforas y muéstrame el verdadero sismo.




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