Entré Los Escombros Del Imperio

CAPITULO 36

EL EPICENTRO DE LA PASIÓN

La noche se transformó en una negociación de piel contra piel, un choque de placas tectónicas donde cada centímetro cedía ante la presión del otro. No hubo protocolos de contención, ni estrategias de mitigación de daños. Kimberly tomó el control, guiándolo a través de un laberinto de sensaciones que ella misma había diseñado cuidadosamente para desarmarlo. Lo sedujo con una ferocidad que no buscaba la seguridad del búnker, sino la liberación absoluta de la energía que se había acumulado dentro de ella durante años.

Cada beso era una reclamación territorial, cada caricia una grieta nueva en su armadura, una firma en un acuerdo que no necesitaba abogados. Dante se encontró, por primera vez en su vida completamente a merced de una fuerza telúrica que no podía comprar con todos sus millones, ni tampoco prever y menos mitigar. Se perdió en ella, aceptando que el desastre Thorne no era una anomalía que hubiera que corregir o reparar, sino un nuevo orden en el que valía la pena consumirse.

  • Me vas a volver loco - susurró él contra su boca, con la respiración entrecortada mientras la llevaba finalmente hacia las sábanas de lino, sintiendo que su control se licuaba - No hay analista en Wall Street que pueda predecir la magnitud de lo que me haces sentir cuando me miras así. Me desarmas, Kimberly. Derribas todas mis defensas.

Ella sonrió ante sus palabras, una sonrisa real desprovista del cinismo que antiguamente la envolvia.

  • Ese es el único trato legítimo que aceptaré de ti, Dante - respondió ella, envolviéndolo con sus piernas y hundiéndole las uñas en los hombros para anclarse a él - Quiero que cuando el sol salga mañana y se disipe el polvo, no recuerdes quién es el arquitecto de esta torre solo quiero que recuerdes que en el epicentro de la sacudida, lo único real somos nosotros. No hay balances, no hay deudas, no hay un maldito apellido que defender. Solo tú y yo reducidos a escombros perfectos.
  • Entonces destrúyeme - siseó él, con los ojos grises fijos en los de ella, encendidos por una posesión salvaje - Cambia el mapa completo. No quiero sobrevivir a este impacto si no es para reconstruir el mundo sobre tus ruinas. Júrame que no vas a volver a huir de este cuarto.
  • No tengo a dónde huir, Dante - murmuró ella, uniendo sus labios en un beso profundo que sabía a rendición y a victoria simultánea - Mi única falla tectónica eres tú.

Mientras Nueva York seguía girando abajo, indiferente a la caída de imperios financieros y al nacimiento de otros, Kimberly y Dante se fusionaron en un caos perfecto. La sorpresa no fue solo la lencería o la atmósfera calculada, fue el descubrimiento de que tras haber provocado el colapso de todo lo que los ataba al pasado, finalmente eran libres para pertenecerse el uno al otro sin condiciones, sin miedos y sin más estructuras que el deseo mutuo flotando sobre los escombros de su antigua realidad.




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