Entre Recuerdos Y Armas

“Primer Servicio”

Capítulo 3.

Subimos la escalera en silencio.

Siento las manos de Emma sobre mis hombros, guiándome como si temiera que me desplomara. Raphael camina detrás con esa calma que pretende ser adulta y solo consigue recordarme al chico que conocí.

La misma habitación.

El mismo aire que me vio despertar esposada.

Respiro hondo imaginando la vida que empieza aquí, preguntándome cómo soportaré que otras manos —cualquiera— me toquen.

—Waverly —la voz de Emma pronuncia mi nombre como si lo conociera desde antes—. Toma.

Me entrega una pijama celeste. Se parece demasiado a una que dejé en mi departamento.

—Mañana será un día difícil.

Para las dos, parece decir el silencio.

Dejo la ropa sobre la cama y extiendo las muñecas hacia Raphael.

—¿Me ayudas?

Tarda en entender. Mira a Emma; ella asiente.

El metal cede y el ardor me sube por los brazos. Me froto la piel amoratada. Hago una mueca de dolor bastante predecible y la mujer a mi lado hace el amague de caminar hacia mí pero se abstiene.

Me cambio dándoles la espalda. Oigo a Raphael contener el aliento cuando quedo solo con el sostén, pero no me detengo. Me cubro con la camisa y me vuelvo hacia ellos.

—Ya vieron lo que tienen —digo—. No hace falta vigilar. No hay forma de escapar sin un disparo en la cabeza. En el mejor de los casos.

El sarcasmo me sostiene.

—No les causaré problemas. Entendí lo que me espera.

Se miran entre ellos. Finalmente salen de la habitación y me dejan sola.

El cerrojo gira y mi máscara se derrumba.

Las lágrimas quieren llegar, pero las obligo a quedarse.

Aquí la debilidad se paga caro.

—¿Estás seguro? —pregunté.

—Es la casa de un amigo amor —dijo Rapha, besa mis labios y yo suspiro tratando de controlar mi respiración agitada—. Entramos, tomo lo que me prestó y nos vamos.

Le creí.

Desactivó la alarma con un aparato que nunca había visto. La casa era enorme; olía a madera cara y a silencio.

—Espérame —ordenó subiendo al segundo piso.

Yo asiento y me quedo plantada en mi lugar con la respiración acelerándose por el peligro y la adrenalina que hace palpitar cada vena por la que transita mi sangre.

Luego las bocinas.

El portón cerrándose.

La alarma mordiéndome los oídos.

—¡Rapha, vámonos! —hablo exaltada mientras escucho como las puertas se cierran nuevamente, encerrándonos dentro de la casa, con la alarma del sistema de seguridad paseándose deliberadamente por todo el lugar y por mis tímpanos.

Corrí tras él y lo vi saltar por la ventana con una mochila a la espalda. Me asomé.

No volvió por mí.

La mirada de Luca desde el patio fue lo último que tuve antes de que llegara la policía.

...

—No, no, Luca lo siento, yo no quería entrar. Él me obligó, yo... —murmuro entre dientes antes de percatarme de que estaba soñando mientras me levantaba de un salto de la cama con su nombre en mis labios.

El sudor me pega el pijama al cuerpo y el recuerdo me deja un sabor metálico. Pensé que estaba superado. Verlo otra vez abrió todo recuerdo olvidado una vez más.

...oOo...

Doy vueltas por la cama por enésima vez pero no consigo conciliar el sueño; me encuentro en estado de vigilia constante y no se me es permitido dormir en la brevedad. Mi mente viaja una y otra vez a un territorio que aspiraba al no tener que llegar y al que no llegaba desde hacía años. Mi corazón late y se oprime una y otra vez en mi pecho suplicando que no llegue la mañana, pidiéndole misericordia al cielo, pero probablemente este solo desee para esta pecadora el ponerme en alerta máxima y hacerme probar el dolor puro.

Mis ojos azules viajan por toda la habitación en busca de algo que me aferre al presente, pero mire a donde mire, solo soy llevada al pasado dolorosamente, solo soy llevada a esa escena, a ese tiempo que supuestamente había dejado atrás pero que acaba de llegar a la actualidad abruptamente. Acaba de ser redirigido a mi nueva vida, y ¡vaya nueva vida que me cargo!

Me levanto de la cama con un salto, calzándome las pantuflas celestes, bajo al segundo piso dejando al hombre al que me aferro durmiendo plácidamente en la recamara; al final de la escalera llego a la sala de estar dónde mi viejo piano de cola negra reposa en su total magnificencia. Paso mis manos por la tapa y mi piel siente un fuerte atisbo de paz que no sentía desde que dejé la habitación y durante toda la velada. Mi cuerpo se torna en un estado de completa expectación y mis pensamientos nuevamente vuelven a su flujo normal.

Mi piano, mi hermoso piano, mi único recuerdo de la vida que dejé y que desearía se hubiera quedado atrás. Tomo asiento en el mullido diván negro.

La tapa negra me devuelve un poco de aire. Toco una tecla, luego otra. El sonido me reconoce. Mi piel se eriza nuevamente y yo sonrío, no hay un solo lugar que me lleve al éxtasis, que me ayude a recobrar la cordura que no sea el estar frente a esta hermosa creación de madera.

—Señora Emma —dice Linda a mis espaldas—. Debería estar durmiendo.

Intento sonreír. El mareo me traiciona.

Lo último que recuerdo son sus manos sosteniéndome.

...

Despierto con el corazón desbocado. Luke ya no está en la habitación; doy vueltas en la cama buscando mi celular en la mesa de noche, lo tomo entre mis manos y lo enciendo, prácticamente grito al ver la hora y mi corazón se detiene de golpe en mi pecho.

Cuatro de la tarde.

Es muy tarde.

Waverly ya debe haber prestado ese primer servicio…

—¡Emma! —Exclama Linda al verme pasar por su costado a poco de ser derribada por mi agotado cuerpo—. ¿Qué haces levantada? Estás muy débil, deberías quedarte en cama hasta mañana, Dan fue muy claro ¿no lo recuerdas?



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En el texto hay: abandono, drama, experiencias de vida

Editado: 07.08.2020

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