Capítulo 5.
Quince minutos después, el silencio del auto fue interrumpido por el teléfono.
La melodía ridícula —parecida a la de un camión de helados— salió del bolsillo del jean que Emma me había dado.
Contesté con un bostezo.
—¿Aló? ¿Emma?
Su voz llegó temblorosa.
—Wavy… lamento molestarte, pero algo muy grave está pasando.
Mi sueño desapareció de inmediato.
—¿Qué ocurre?
—Luke lo descubrió —susurró—. Sabe que escaparon.
El estómago se me contrajo.
—Mi cabeza está en peligro —continuó ella—. No te imaginas el desastre que se armó aquí.
Cerré los ojos un segundo.
—Debes tener cuidado —murmuré.
—Lo tendré. No te preocupes por mí, estoy…
Un estruendo interrumpió la llamada.
Una puerta golpeándose.
Un hombre gritando en francés.
—¿Emma? —me incorporé en el asiento—. ¿Qué está pasando?
No respondió.
En su lugar, escuché un grito.
Un grito femenino desgarrador.
La sangre se me congeló y el pensamiento de que ella había puesto en peligro su propio cuello en peligro por ayudarme, me produjo niveles de culpa que no imaginé que sentiría.
—¡Emma! —grité al teléfono—. ¡Emma!
La llamada se cortó.
Arrojé el móvil al suelo del auto con frustración.
—¿Qué pasa? —murmuró Sarah medio dormida desde el asiento trasero.
Me obligué a sonreír.
—Nada, pequeña. Vuelve a dormir.
Luego miré a Raphael.
—Tenemos que regresar —le dije en un susurro—. ¡Hay que volver! —agregué levantando la voz.
Él ni siquiera volteó.
—¿Por qué?
—No es asunto tuyo, vuelve por donde viniste o lo haré yo —exclamé con la voz afectada mientras retiraba suavemente la cabeza de Sarah de mi hombro y me inclinaba para tomar el volante entre mis manos—. Solo hazlo.
—No.
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
—¡Raphael, da la vuelta!
Bufó.
—¿Estás loca? Medio país debe estar buscándonos.
Sentí las lágrimas resbalar por mis mejillas.
—Por favor.
Raphael frenó el auto bruscamente y se volvió hacia mí con irritación.
—Solo volveremos si me explicas qué demonios está pasando —ordena cruzándose de brazos y trabando las puertas del auto para encerrarnos a todos en el interior.
En ese momento, el teléfono volvió a sonar.
Lo tomé con manos temblorosas.
—¿Emma?
La voz que respondió no era la suya.
Era la de Luke.
—Si no regresan —dijo con frialdad— tomaré medidas drásticas.
El mundo parecía detenerse.
—Emma cometió un error al dejar que sus sentimientos de madre se interpusieran.
Hizo una pausa.
—Y no creo que quieras cargar con la culpa de provocar la muerte de tu propia madre.
El teléfono cayó de mis manos.
El corazón se me detuvo en el pecho y por un momento pensé que iba a desmayarme. Solté el teléfono y sentí como mi respiración se aceleraba a mil y un escalofrío me recorría toda la espalda.
Raphael tomó el teléfono entre sus manos y continúo con la llamada telefónica.
—Emma, ¿qué demonios está pasando allá? —le escuché preguntar.
Desde mi lugar pude escuchar claramente como la llamada había sido cortada y el sonido de la línea telefónica sin emisor colgaba del aire bajo la mirada confundida de Raphael, a punto de explotar en maldiciones también.
Sentí una enorme mano posarse sobre mi hombro y solté un sollozo bastante sonoro.
—¿Qué demonios está pasando? —escupió—. ¿Quién era?
Su pregunta quedó colgando en el aire de la misma manera que la comunicación segundos antes. Me quedé callada, y cuando finalmente abrí la boca para decir algo, mi voz sonó completamente trémula e irreconocible.
—¡Vas a regresar! —Ladré consumida por la rabia, observándola con el rostro inexpresivo, no dando lugar a ninguna clase de negativa, no ahora— ¡en este instante!
—No —contestó firme arrancando nuevamente el auto.
—¡Te dije que regresaras! —le grité aún con las lágrimas brotando de mis ojos.
—Y yo te dije que no podemos hacer eso —volteó a verme un momento y redireccionó la mirada al frente nuevamente—. No sé con quién cojones estabas hablando, pero no voy a arriesgar mi cuello por lo que sea que quieras regresar.
—¡¡Te dije que regresaras!! —grité nuevamente mientras me abalanzaba sobre él y le apartaba las manos del volante violentamente.
—Waverly, suelta el maldito volante, ¡vas a matarnos! —forcejeó conmigo pero yo no cedía.
—¡Suelta el estúpido volante Raphael! —le ordené sin dejar de forcejar con él, apartándole ambas manos del volante como una completa demente.
De un movimiento rápido sacó una pistola de la guantera del vehículo y me apuntó con ella deteniendo el auto con un ruido sordo sobre el pavimento.
—¡Toma asiento Waverly! O no respondo por lo que pueda pasar ahora —Me riñó mirándome colérico—. Ya me generaste bastante problemas y no dudaré ni un segundo en presionar el gatillo.
Retrocedí lentamente y tomé mi lugar levantando ambas manos en un fingido son de paz.
—¡Hazlo! ¡Adelante! Mátanos aquí y ahora —escupí colérica mirándolo de manera inexpresiva—. Siendo sincera, ya no me importa nada de esta mierda.
—Repite eso y realmente harás que lo considere —volvió arrancar el auto sin dejar de apuntar el arma hacia mi dirección.
De un momento a otro empecé a reírme con una incontrolable risa digna de paciente de manicomio, mientras mordía sin detenerme mi labio inferior hasta hacerme sangre. Me levanté rápidamente de mi lugar con una velocidad que desconocía y le arrebaté el arma de las manos.
El joven me miró con sorpresa parpadeando varias veces hacia mi dirección completamente pasmado por el ágil movimiento antes de que el auto nuevamente se detuviera en seco.
—Más respeto a la chica del arma —hablé con seriedad mientras apuntaba las pistola hacia su dirección—. No creerás que olvidé de un día para otro el hecho de que tú me condujeras a toda esta mierda en primer lugar; no creas que voy a olvidar de la nada toda la mierda que me tiraste encima aún cuando yo estaba completamente enamorada y te amaba.