Entre Rejas

Capítulo I. Ángel

Se pasaba el día dándole vueltas siempre a lo mismo, ¡cómo ganar algo más de dinero!, para ello, había intentado poner en práctica multitud de ideas, pero ninguna le había aportado el beneficio esperado.

- ¿Y si pudiera dar un golpe de efecto a su suerte?-pensaba una y otra vez.

Ángel, es un tipo solitario de unos cincuenta años, un poco rarito, que siempre ha querido marcar estilo, y terminó siendo uno más del montón, ordinario, gañán, algo tosco y gafe, muy gafe. Llevaba mucho tiempo solo, ya que había perdido a sus padres muy joven. Había trabajado en muchas cosas pero ahora se encontraba en paro.

Para ganar un dinerillo extra, pensaba como lo podía hacer que no necesitase de mucho tiempo, ni de mucho sacrificio, y que le pudiera reportar ganancias elevadas de una forma rápida y sencilla, dinero fácil, para poder salir de su catastrófico estado financiero y huir así de la carestía de bienes que sufría, ¿pero cómo?

La respuesta la encontró, tras un dudoso golpe de ingenio y audacia, en una serie de televisión, donde un grupo de atracadores se dedicaban a saquear bancos, se repartían el dinero y vivían a cuerpo de rey dando un golpe de vez en cuando. Así lograban tener coches de alta gama, mujeres esculturales y un montón de amigos.

¿Por qué no planear un golpe como ellos? -pensó él.

Pero lo haría él solo, sin tener que repartirse las ganancias con nadie, ni tener que confiarle el plan a otras personas, un lobo solitario.

Hace un tiempo, se compró un pisito discreto, para el que pidió una hipoteca en yenes cuando parecía que era el negocio del siglo, y ahora resultaba, que debía más dinero que cuando lo compró, casi todos los negocios le solían salir mal.

En el plano amoroso, tampoco le había ido mucho mejor. No es un tipo con un cuerpo de gimnasio. No es que sea muy guapo pero tampoco es feo, del montón, eso sí pero tiene un buen corazón y es muy simpático y agradable cuando se lo propone.

Para eludir su soledad y su mala fortuna amorosa, se pasa horas navegando por aplicaciones de ligues en el móvil que no le han dado el resultado esperado y lo único que ha conseguido con ellas, es acabar pagando una suscripción de mierda para poder escribir a supuestas modelos que nunca le responden. 

Para una vez que le respondió una, le salió rana, quedaron en un parque de las afueras y se presentó un travesti a la cita. La cara de Ángel fue todo un poema al verla. No se asemejaba en nada a las atractivas y sexys fotos colgadas en su perfil y tampoco le había advertido de su condición, encima le habló con voz de camionera y un gaznate de pollo de corral y salió de allí como pudo. 

Después de este encontronazo con la realidad, Ángel suplía su falta de conquistas femeninas con una visita de vez en cuando al burdel del pueblo, donde le llaman Sr. Garmendia, echaba un polvo sin complicaciones y se sentía querido y respetado. Siempre que podía, escogía a la misma chica para irse a la piltra, una rubia impresionante de ojos verdes, dientes blancos y voz risueña que se hacía llamar Verónica, Ángel ni siquiera sabía si ese es su nombre real.

-Hola Sr Garmendia, ¿le llamo a Verónica? Hoy está disponible- le dijo la madame al verlo llegar.

Por las tardes, era asiduo a la taberna del centro del pueblo, donde se reunía a ver partidos de fútbol con sus amigos, no hace falta decir que las condiciones de higiene de este bar no eran las más delicadas, sin mencionar el estado del váter de hombres, siempre con el suelo mojado vaya uno a saber de qué, y siempre el aire acondicionado parado. Uno de los amigos de reunión es Tomás, un tipo alto y delgado como un fideo, que se pasaba el rato explicando aventuras, que según él le sucedían con mujeres despampanantes y negocios que tenía entre manos, con los que iba a ganar enormes sumas de dinero sin apenas esfuerzo.

 - Este fin de semana he estado con una tía que flipas tío. - le solía decir Tomás.

-¡Patrañas! - pensaba Ángel. 

Ángel no llegaba a entender cómo lo lograba, si Tomás se pasaba todo el día en el bar y nadie le conocía oficio ni beneficio. Pero no osaba llevarle la contraria y asentía siempre con la cabeza con tal de no discutir con él. Tomás es un hombre con aspecto muy extraño y cara de mala leche. Tiene un genio agrio como el vinagre, es el típico amigo odioso, que sabe de todo y que ha estado en todos los lugares del mundo imaginables. Según él, ganaba muchísimo dinero, pero jamás se le había visto beber algo que no fuera una copa de vino de la casa, ni dar una  propina al tabernero y mucho menos, pagar una ronda a los amigos.



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En el texto hay: carcel, aventura

Editado: 11.07.2018

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