Yessica Martínez, alumna del Liceo 1 Javiera Carrera, es una estudiante destacada. Le apasionan las matemáticas, la química y todo lo relacionado con los cálculos. Su mayor sueño es ingresar a la Universidad Católica para convertirse en Ingeniera Informática.
Un día como cualquier otro, de regreso a su hogar, Yessica tomó el metro.
Todo parecía normal... hasta que, antes de entrar, escuchó unos gritos.
—¡Oye, déjalo! —gritó alguien con desesperación
Yessica giró justo a tiempo para ver cómo uno de los chicos lanzaba un golpe directo al rostro del otro.
El impacto fue seco, brutal.
El chico tambaleó y cayó al suelo.
-Aweonao como asi eso lo podí matar- grito uno del grupo.
-Eso le pasa por andar osiconeando- dice el matón, sin inmutarse.
El chico en el suelo intentaba cubrirse, pero apenas podía.
Yessica miró a su alrededor. Nadie hacía nada.
¿Y que podía hacer ella? Una adolescente de 16 años, débil y que no sabia pelear.
—¡Déjalo! —se oyó desde una esquina.
Todos se giraron para mirar a la chica.
—¿No veí que lo que hací es un delito? ¡Lárgate antes de que llame a los pacos!
El matón dudó al escuchar la palabra.
Miró a su alrededor, chasqueó la lengua y dio un paso atrás.
—Ya, vámonos —murmuró.
En segundos, él y su grupo se dispersaron, perdiéndose entre la gente.
Mucho ruido... pero al final, puro susto.
El chico en el suelo miro a Yessica y la admiro por tal acto de valentía que había hecho.
-Te dejaron pa la embarra'- Dice yessica
-Si si esos locos hacen siempre la misma wea- Dice el chico.
-¿Y no te defendí?- exclama Yessica.
-O sea si aunque no quería dejarlos en vergüenza-*ríe*
-Soy fallao- dice yessi -¿Cómo te llamaí?-.
-Jonathan- dice ¿y tu?
-Yessica.
-Mishh- dice Jonathan - Bonito Nombre-.
-También- responde Yessica.
-¿Y eres de por acá?- menciona Jonathan.
-Osea soy de cumming pero estudio en el Liceo 1 ¿y tu?- exclama Yessica.
-A yo soy de Quinta Normal y voy en el INBA- dice Jonathan.
-Buenaaa —dijo Yessica, soltando una pequeña risa.
El ruido del metro llenaba el ambiente: puertas abriéndose, pasos apurados y el aviso por los parlantes.
—Próximo tren en andén dos —se escuchó de fondo.
Ambos guardaron silencio por un momento.
—Oye... gracias —dijo Jonathan, mirándola—. En serio.
—No fue nada —respondió Yessica, aunque sabía que sí lo había sido.
Un viento fuerte anunció la llegada del tren.
—Ese es el mío —dijo ella, ajustándose la mochila.
—El mío también —respondió él, con una pequeña sonrisa.
Las puertas se abrieron.
Entraron entre la multitud, quedando separados por otras personas.
Por un segundo, sus miradas se cruzaron otra vez.
Pero nadie dijo nada.
Las puertas se cerraron.
Y mientras el tren avanzaba por el túnel, Yessica no podía dejar de pensar en lo mismo:
que ese encuentro no había sido casualidad.
Y que, de alguna forma...
esto recién estaba empezando.