Era Aurora

C19: Espejos Para el Futuro

Año 725 d.A.
La nueva forma de ver la historia generó un efecto inesperado: al dejar de ver a sus antepasados como seres superiores, las personas dejaron de sentirse incapaces de cometer errores.
En la colonia de Eos, donde durante generaciones se había prohibido cualquier tipo de jerarquía por miedo a repetir el pasado, empezaron a buscar formas de liderazgo temporal y responsable. En la academia de ciencias, los investigadores dejaron de ocultar sus fallos y empezaron a compartirlos como parte del aprendizaje. Incluso hubo grupos que empezaron a preguntarse: ¿Qué otras etiquetas hemos creado sin darnos cuenta, igual que hicimos con el género siglos atrás?
—Antes pensábamos: “Ellos fueron perfectos, nosotros debemos imitarlos” —dijo un joven filósofo—. Ahora pensamos: “Ellos fueron personas como nosotros. Si pudieron aprender de sus errores, nosotros también podemos”.
Veyra recibió una carta de una niña de la colonia de las Estrellas Gemelas:
“Me enseñaron que los hombres eran incompetentes por naturaleza. Ahora sé que no era así. Entonces, ¿qué otras cosas doy por ciertas sin preguntar? ¿Será que también juzgo a las personas por cómo son físicamente, o por dónde nacen, sin saber lo que pueden hacer?”
Esa fue la mayor lección de la relectura: estudiar la historia no sirve para saber qué hicieron los demás, sino para ver lo que nosotros mismos hacemos, y por qué lo hacemos.




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