Errores Sobre Hielo

Capitulo 3 "La renuncia"

Felix

El hielo no siempre fue música para mí.

Al principio… era ruido.

Golpes secos contra las tablas, gritos, palos chocando. El sonido áspero de cuchillas cortando rápido, sin elegancia.

Hockey.

Mi familia ama el hockey.

No de forma casual o como un pasatiempo del domingo, sino que lo aman de verdad, ese tipo de amor que se hereda y se enseña antes incluso de aprender a caminar bien.

Mi papá dice que aprendí a patinar antes que a correr.

No sé si es verdad… pero suena a algo que él diría.

Los inviernos en casa eran siempre iguales: el lago congelado, el aire cortante en la cara, mi mamá con un termo de chocolate caliente y mi papá gritando instrucciones desde la orilla.

"¡Más rápido, Felix!"

"¡No mires al hielo, mira al frente!"

"¡Eso es, así se hace!"

Yo lo intentaba, de verdad que lo hacía.

Corría sobre el hielo, giraba, frenaba, caía. Me levantaba rápido, como si doliera menos si nadie lo notaba.

Sonreía cuando metía un punto y reía cuando mis amigos lo hacían.

Era lo suficientemente bueno, pero nunca… se sintió como algo mío.

Había algo que no encajaba, no sabía qué.

Solo sabía que, incluso cuando todo salía bien… algo se sentía vacío.

Y lo entendí a los diecisiete, o bueno… mas o menos.

Fue por una chica.

Siempre es por una chica ¿no?

Se llamaba Emma.

Cabello oscuro, risa melodiosa, patinaba después de clases con un grupo de amigas en la pista del centro y yo la veía de lejos a veces, no por el patinaje… al menos eso pensaba.

Un día me invitó.

⛸️⛸️⛸️

–Deberías venir a vernos– dijo, apoyada contra su locker– No todo es hochey ¿Sabes?

Sonreí.

–Blasfemia.

Rodó los ojos divertida.

–Solo ven.

⛸️⛸️⛸️

Y fui, porque ella me gustaba o eso creía.

La primera vez que vi patinaje artístico de cerca… fue diferente.

No habia gritos ni prisa, en su lugar, había música, movimiento y algo… imposible de explicar.

Ellas no corrían sobre el hielo, lo usaban como si fuera parte de ellas, en vez de luchar contra él estaban bailando junto a él.

Me quedé quieto en la orilla, mirando.

Olvidé a Emma e incluso olvidé por qué estaba ahí, solo… miraba.

Una de sus amigas me preguntó si quería intentarlo y no dudé en aceptar, desde el momento en que mis cuchillas tocaron el hielo… lo supe.

No era la velocidad, tampoco ganar o competir.

Era esto.

La forma en que el cuerpo se movía con la música, la sensación de girar sin tener que derribar a nadie y la libertad de no tener que ser… duro.

Fue la primera vez que el hielo no se sintió como algo que conquistar, sino como algo que entender.

Emma nunca me gustó, no realmente, creo que lo entendí cuando dejó de importarme si me miraba o no, pero nunca se lo dije.

Porque, bueno… se dio cuenta antes que yo.

Decírselo a mi familia sí fue necesario y tenía diecisiete cuando ocurrió.

⛸️⛸️⛸️

–Es una fase– dijo mi papá la primera vez.

–No es una fase.

–Felix…

–No lo es.

Mi mamá intentó suavizarlo, más para calmar a mi padre que por comprender en realidad lo que sentía yo.

–Solo… estás explorando cosas nuevas.

–No, estoy encontrando algo que me gusta.

–El hockey te gusta.

–No como esto.

Mi papá negó con la cabeza, recuerdo bien la decepción en su mirada y como fruncia los labios por mis palabras.

–Esto no es serio.

–Para mi sí.

–No es un deporte para ti.

Eso dolió más de lo que esperaba.

–¿Por qué no?

–Porque no lo es.

⛸️⛸️⛸️

Así de simple y cerrado fue su argumento, pero fue suficientemente fuerte para que las cosas cambiaran, porque existe una versión de mí que prefieren y no era esta.

Seguí patinando de todos modos.

Después de clases, en horarios libres y en cualquier pista que pudiera pagar.




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