Felix
El edificio de Lucky Snow es exactamente como lo imaginé y, al mismo tiempo…no.
Es más grande y silencioso, mucho más serio.
Las puertas de cristal reflejan mi imagen cuando me acerco: chamarra sencilla de color azul, mochila al hombro con mis patines dentro y manos ligeramente tensas.
Me veo… fuera de lugar.
–Ok– murmuro para mí mismo– Respira.
Entro y el cambio es inmediato.
Todo es limpio, ordenado y profesional. Gente que camina con propósito, voces bajas, miradas que saben exactamente a dónde van.
Yo no, pero estoy aquí.
Y eso ya cuenta.
–¿Felix Lovelace?
Levanto la vista, encontrandome con un hombre que se acerca a mí con paso firme.
Trae puesta ropa cómoda, su credencial colgando de su cuello y conforme avanza, mi mente hace clic al reconocerlo.
Es imposible no saber quien es.
Ariel Dummont.
Entrenador de élite, nombre grande y reputación… mucho más grande.
Trago saliva.
–Si– respondo, un poco más rápido de lo que me gustaría– Soy yo.
Me observa un segundo, como evaluandome y luego asiente con cuidado.
–Ven conmigo.
No hago preguntas y no creo que siquiera pudiera hacerlas porque mi lengua se ha quedado entumida en mi boca, asi que solo lo sigo.
Porque el colmo sería que me quedara congelado en mi lugar… aunque no lo descarto del todo.
Su oficina es sobria y funcional, sin adornos innecesarios.
Dos grandes ventanales en vez de paredes, las que quedan están cubiertas de noticias donde su nombre resalta por los logros en ellas, fotografias con los patinadores que ha representado y algunos trofeos colocados estrategicamente.
Me indica que tome asiento y lo hago.
Él se sienta frente a mí, manteniendo su escritorio como lo único que nos separa, su mirada es atenta mientras me observa y yo me siento como si estuviera a punto de presentar un examen.
–Vi tus videos– dice sin rodeos.
Ok, va directo.
Eso me gusta.
–Gracias por tomarse el tiempo de verlos– respondo.
–Eres bueno… realmente bueno.
El corazón se me acelera un poco pero me niego a sonreír, todavia no es el momento.
–Pero…–añade– Te dejas llevar demasiado.
Asiento con cuidado, es imposible negarlo y tampoco quiero hacerlo.
–Improvisas más de lo que deberías.
–Si.
–Y eso… en este nivel… es un problema.
No es un reproche, sino que parece constatar un hecho más para él que para mi.
–Aun así– continúa– tienes algo que no se puede enseñar– inclina ligeramente la cabeza en mi dirección– Y eso me interesa.
No digo nada, porque mi lengua sigue atrapada en mi boca y porque no encuentro ninguna palabra o comentario que pueda expresar el torbellino de emociones que suceden en mi interior.
–No voy a incorporarte directamente como patinador individual– añade.
Vale, eso lo esperaba… un poco.
–Pero me gustaria un periodo de prueba.
Eso… no lo esperaba para nada.
–¿Un periodo de prueba?–repito, sorprendido.
–Quiero ver cómo trabajas, como te adaptas y de que forma respondes a una estructura real.
Tiene sentido, asi que asiento.
–Claro– no hay espacio para dudas– Acepto.
Una pequeña sonrisa aparece en su rostro.
–Bien– la seriedad llega poco a poco a sus facciones– Entonces hay algo más que debes saber.
Ahora si sonrío un poco.
–Siempre hay algo más.
Pero ese comentario no rompe el hielo que se ha formado en la oficina, no como esperaba.
–No es una prueba individual.
–¿No?
–No– se inclina ligeramente hacia adelante– Vas a entrenar en pareja.
Eso no lo vi venir y creo que mi rostro lo refleja bastante bien, porque él me observa con cuidado mientras sus labios se fruncen en una linea fina.
–¿En pareja?
–Si.
–Pero yo…
–Lo sé– levanta una mano para detenerme– Y precisamente por eso… necesitas aprender control.
Y patinar con alguien más te obliga a tenerlo, eso tiene sentido. No me encanta, porque jamás lo he hecho, pero tiene sentido que esa sea la prueba.
–¿Con quién?– pregunto finalmente.
El entrenador Ariel exhala un poco, como si esa parte fuera… más complicada de abordar.