Alina
Despertar y ver 93 notificaciones nunca es buena señal.
Abrí los ojos debido al teléfono vibrando desde hace un rato sobre el buró, suspiro antes de estirar mi brazo y tomarlo.
Mensajes, etiquetas, menciones.
Y todos tenían algo en común: un link.
Mi estómago se hundió antes de siquiera abrirlo.
Me siento en la cama, dejando que mis cobijas se deslicen hasta mis rodillas y que mi cabello, que se ha soltado del moño que hice anoche, roce mis mejillas por el movimiento.
Frunzo el ceño y reproduzco el video.
Dura menos de un minuto.
La calidad es horrible, parece que fue grabado desde lejos por la cantidad de zoom que usaron, probablemente estaban escondidos detrás del cristal superior de la pista.
Pero se entiende perfectamente.
Demasiado perfectamente.
Felix y yo practicando nuestra rutina, después la caída contra el hielo y luego… él riéndose mientras me sostiene.
Cierro los ojos un segundo.
No.
No, no, no.
Otra vez no.
En contra de mi voluntad me deslizo hacia la sección de comentarios, los cuales parecen multiplicarse a una velocidad absurda.
“La patinadora gruñona y su golden retriever humano”
“Él literalmente la atrapó como si fuera una princesa en problemas T.T”
“¿Quién es el chico nuevo?”
“Necesito protegerlo de ella”
“Ok pero… tienen química”
Química, claro.
Porque Internet cree que todo es una comedia romántica.
Sigo bajando. Más comentarios, teorías y gente hablando de mi vida como si fuera una serie semanal que adoran destrozar.
Pero algo empieza a notarse rápido, la mayoria de comentarios… ni siquiera están hablando de mí.
Hablan de él.
“¿¿¿Patines de Spiderman ??? Ya lo amo”
“Se ve TAN feliz patinando”
“Ella da miedo pero él parece un cachorro emocionado”
“No sé quién es Felix Lovelace pero ya soy fan”
Espera… ¿Qué? ¿Fan?
¿Desde cuándo la gente consigue fans por caerse en el hielo?
Mis menciones son distintas, más frías y cortantes, pero tambien son menos, muchísimo menos, entonces entiendo algo horrible: Ariel tenía razón.
La gente no está concentrándose en mi mala reputación, están distraídos con Felix.
El chico nuevo.
Con el desconocido que apareció de la nada sonriendo como si Lucky Snow fuera Disneyland.
Aprieto los labios con fuerza para despues cerrar la aplicación, no quiero seguir leyendo… no lo necesito.
Dejo el telefono nuevamente en el buró para que se siga cargando antes de irme, y después me levanto rápido de la cama.
El departamento está silencioso otra vez, igual que siempre, me dirijo al baño e intento ignorar la sensación rara que crece en mi pecho mientras me lavo la cara.
No debería importarme, he vivido con críticas durante años: comentarios, videos, opiniones no pedidas.
Nada de esto es nuevo, entonces… ¿Por qué esto se siente diferente?
Quizá… porque ahora no solo me están mirando a mí, sino que también lo miran a él.
El reflejo que me devuelve la mirada es la de una chica asustada, con sus ojos oscuros adornados por pequeños semicirculos alrededor, pecas esparcidas en lo ancho de sus mejillas y que cruzan el puente de su nariz.
Una chica que está cansada, y quien egoistamente, se siente aliviada por no tener tanta atención al menos un momento.
No tengo tiempo para esto.
Me cambio rápido para ir a entrenar: leggings negros, sudadera rosada y cabello recogido en una coleta.
Movimientos automáticos que me alejan de pensamientos nuevos, necesito ir a la pista, escuchar el hielo bajo mis cuchillas y ordenar mi cabeza.
El teléfono vibra otra vez justo cuando termino de empacar mi mochila, asi que corro a la habitación para desconectarlo y atender.
Es Ariel.
–¿Qué pasó?
–No vengas hoy.
Frunzo el ceño.
–¿Qué?
–El edificio está cerrado.
Mi cuerpo se tensa.
–¿Por qué?
–El video de ayer fue grabado durante una práctica privada. Seguridad está revisando accesos, cámaras, personal… habrá junta de emergencia todo el día.
Parpadeo perpleja, tanto por el prótocolo como por la terrible noticia de no poder patinar.