Errores Sobre Hielo

Capitulo 11 "El video inesperado"

Felix

Si alguien me hubiera dicho hace un mes que un video mío enseñándole a relajarse a Alina Quin terminaría con millones de vistas… me habría reído en su cara.

Y sin embargo aquí estoy, siendo viral otra vez.

–¡Mira este comentario!– Isaac prácticamente me aventó el teléfono encima mientras desayunábamos en la cafetería– “Ella nunca se ha visto tan feliz”

Le quité el celular con una sonrisa y… si, ahí estaba el video.

Alguien nos había grabado después del entrenamiento de ayer, por suerte desde lejos esta vez.

No había discusiones, ni caídas o gritos, solo eramos… Alina y yo.

Estaba patinando hacia atrás frente a ella mientras intentaba enseñarle a “dejar de pensar tanto”, lo cual, honestamente, sonaba imposible incluso para mí.

–¡Solo sígueme! – se escuchaba mi voz en el video.

–Eso no es una instrucción técnica.

–Claro que sí.

–No, Felix, literalmente no lo es…

En ese momento había girado exageradamente en el hielo como un idiota absoluto y por primera vez desde que nos concimos, Alina soltaba una risa completamente desprevenida.

Real, fuerte… hermosa.

El video terminaba conmigo logrando que hiciera un pequeño giro improvisado y luego ella sonreía… directamente hacia mí.

Mi corazón claramente decidió traicionarme porque dejó de funcionar unos segundos al ver eso, así que me deslicé por los comentarios que iban demasiado rápido.

“ÉL LA HACE SENTIR SEGURA”

“Nunca la había visto relajada”

“Ok, pero él literalmente la mira como si fuera magia”

“La química es INSANA”

“Ella nunca se ha visto tan feliz”

Tragué saliva, porque… si se veía muy feliz y eso me gustó muchísimo más de lo que debería.

–Estás sonriendo raro– dijo Isaac mientras masticaba una dona de chocolate.

–No estoy sonriendo raro– le devolví su telefono.

–Pareces personaje masculino de romcom– el chocolate se le ha embarrado por una mejilla.

Lo ignoré y ese fue un error fatal, porque Isaac sonrió lentamente.

–Oh Dios mío– la dona ha desaparecido.

–No empieces– juego con el borde de mi taza.

–OH DIOS MIO.

–Isaac…

–TE GUSTA ALINA QUIN.

Juro que casi le arrojo el café encima para que se callara.

–No me gusta– miro a nuestro alrededor, un par de personas nos están mirando raro.

–La miras como si fuera la última escena de un drama deportivo.

–Comienza a afectarte ver demasiada televisión– niego lentamente– Eso no significa nada.

–Felix, literalmente dejaste de respirar viendo un TikTok de ella sonriendo– levanta una ceja en mi dirección.

Ok… eso sonaba preocupante, incluso para mi.

Por suerte, me llegó un mensaje del entrenador Ariel que me avisaba sobre un adelanto en el horario del entrenamiento y eso ayudó a que Isaac no pudiera seguir destruyendo mi estabilidad emocional.

⛸️⛸️⛸️

El buen humor que siempre es causado por el hielo, solo me duró exatamente treinta y siete minutos… porque Leo apareció otra vez.

Y eso ya esaba cansándome de él, muchísimo.

Pero no se trataba solo por sus comentarios absurdos ni por la forma en que siempre intentaba provocar a Alina, sino que era… la manera en que la miraba.

Como si estuviera molesto porque ella ya no orbitaba alrededor suyo.

Lo vi observándonos desde la entrada de la pista mientras practicábamos la nueva secuencia y cuando Alina sonrió apenas por algo que dije… Leo tensó la mandíbula.

Eso me irritó más de lo normal.

El entrenamiento terminó cerca de las ocho, asi que agradezco que se adelantara porque así Isaac puede acercarme a mi departamento y no necesito esperar el autobus de casi medianoche.

Siento que un dia de estos, ese autobus quedará atrapado en una dimensión fantasma y yo no quiero ir ahí.

El entrenaodor Ariel salió antes debido a una llamada que recibió. Isaac estaba en las gradas esperando para irnos, mientras yo iba por mi botella de agua junto a él.

Todo parecía normal.

Hasta que escuché la voz de Leo.

–¿Así que ahora sonríes para él?

Mi cuerpo se tensó inmediatamente por el tono que ha usado, giré hacia la salida lateral y ahí estaba.

Alina tenía los brazos cruzados, claramente intentando terminar la conversación lo más rápido posible y Leo estaba demasiado cerca de ella… otra vez.

–Muévete, Leo– dijo ella.




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